Sobre por qué no escribo a tontas y a locas

viernes, octubre 16, 2009 en 8:57 PM
Amiga mía, no es mi gana ni mi tendencia el machismo o el polo opuesto. Mi verdadera mala costumbre más bien tiene que ver con armar polémica, eso lo admito, aunque no porque sí no más. Es mi subcutánea vetita periodística la que me exige de vez en cuando -aun a riesgo de que las personas que aprecio no me lean entre líneas- me consagre a levantar algo de polvo. Lo que me mueve tiene más relación con ver qué pasa cuando siembro la urticaria, que con cosechar la determinación estéril de si los hombres somos mejores o peores que ustedes.


No soy machista. No soy feminista. Me crié entre mujeres, aprendí a escucharlas y creo que entiendo bastantes de sus causas, y algunos de sus efectos. Y aunque no creo en la igualdad, sino en la equivalencia, cedo ante la evidencia elocuente de que es en el calce donde mejor se respira.


No me leas literalmente, no todos los hombres escribimos explícitamente, tú sabes eso mejor que nadie. Y respecto a que me haría bien tener hijas primero que hijos, sé que así será, y lo ansío.


Mi abrazo sincero, saludos a Gustavo.

Oda contra la boca de Raquel Maldonado

martes, julio 28, 2009 en 12:00 AM

Breve arenga para abolir el destape

lunes, julio 27, 2009 en 11:20 PM

¡RECUPEREMOS EL EROTISMO COMPAÑEROS! ¡ABANDONEMOS EL DESTAPE! ¡ESCONDAMOS NUESTROS INSTINTOS MAS ELEMENTALES SIN HABLARLOS YA NUNCA CON NATURALIDAD!

Sólo así, muy vestidos, recobraremos el placer de desvestirnos como en toque de queda: prenda a prenda, beso a beso, miedo a miedo.

17 fotos para antes de morir

sábado, junio 27, 2009 en 12:36 AM

Be generous

miércoles, mayo 13, 2009 en 6:27 AM
Es bastante temprano, pero cuando anoche me recosté sobre mi cama mi madre apagó las luces y todo lo que sonara (estoy nuevamente viviendo en casa de mi familia, por algunos meses). Y me dormí hasta hace poco.


Desperté en medio de un abismante silencio. No sé si he dicho aquí antes que tengo lo que podríamos convenir en llamar silenciofobia. O miedo al silencio, o angustia-frente-al-silencio, o no sé. Supongo que tiene que estar ligado a haber sido parte de una familia tan grande, que bastante se ha contraído y seccionado a lo ancho de estas tres décadas.


Hay gente a la que le gusta. He oído muchas veces el comentario "me gusta pasar momentos solo", pero dicho por personas que, seamos francos, han vivido rodeados de hermanos y de papás y de tíos. Y no es una queja, no esta noche, pero cuando el la soledad es la condición por defecto, el silencio deja de resultar tan grato y uno prefiere despertar a las 5:20 de la madrugada ojalá con algo que a la madre se le haya olvidado apagar.


Así que me levanté y encendí la tele como quien enciende una luz en una cueva. Warner Channel. Creo que llevo un mes y medio siguiendo capítulo por medio de Supernatural, Friends, Two and Half Men, algo de Eleventh Hour y de Fringe, y mi nueva adicción, Smallville. Ahora que no tengo con quién ver Lost decidí esperar que se acabe la temporada y bancármela toda de una vez, casi sólo por respeto porque a estas alturas no tiene más que un cuarto de la gracia verla sin alguien para comentarla. Menciono de paso tres cosas: una, que hasta hace un año y medio la tele me era una especie de anécdota en la casa, casi otro mueble donde apilar cosas, porque siempre he sido más bien un entusiasta consumidor de programas de radio, que de la llamada "caja boba". Dos, que debo admitir que ya no me parece tan boba y tres, que no es que esté echado como vaca de reality show todo el día sin trabajar, sino que precisamente porque trabajo en casa, dejo la tele prendida para que, programa tras programa, algo me indique el paso del tiempo, pues en mis labores de publicista gráfico muchas veces puedo pasar 5 horas puliendo alguna forma o concepto, lo que, sin algo que anule el silencio, termina creando una especie de limbo atemporal a mi alrededor.


La cosa es que hay una serie que nunca he celebrado tanto, por mucho que actúe esa belleza doméstica y cansina de Maura Tierney, y aunque por su elenco haya pasado incluso John Stamos, el querible Tío Jesse de Full House (conocida en español como 3 x 3, y profusamente emitida allá por los alrededores de 1990). Se llama E.R. y se trata de un puñado de médicos, enfermeras y personal paramédico tratando de hacer funcionar una unidad de emergencia en un ajetreado hospital público de Boston. O de donde sea, da igual Boston que Connecticut o Milwaukee, que lo digo a modo de ilustración. Y digo "tratando de hacer funcionar" porque es eso, la serie en el fondo se ocupa de los diversos cachos humanos que envuelven a los protagonistas, que tienen sendas majamamas en sus vidas, todas bastante cuestionables y ninguna demasiado resuelta. Que atiendan a una viejita atropellada o a un niño rapero con pistola no importa tanto como que Abby sea medio alcohólica o que tenga una madre esquizoide igualita a Sally Field, o que el médico nuevo tenga problemas con la suya o que el guardia padezca complicaciones respiratorias producto de haber rescatado gente desde los escombros que dejó el 11 de septiembre gringo.


Por eso es que la jodida unidad de emergencia sólo Dios sabe cómo sigue funcionando. Son más que frecuentes los "I can't do this" y los berrinches y los lloros. Tantos, que me hacen pensar que hasta el hospital donde trabaja House o incluso el de Talca vienen siendo paraísos laborales, pues este de E.R. se cae a pedazos a cada capítulo, lleno de funcionarios casi con más trancas que especialidades.


Pero si un personaje logró captar mi cariño era un pelado que se llamaba Mark. Pelado, y con un tumor cerebral inoperable que le diagnosticó el actor Chris Sarandon hace ya varios días (el mismísimo Príncipe Humperdinck de La Princesa Prometida). Y se murió. Recién. ¡Cómo me hacen ésto, Dios mío! El tipo era uno de los más carismáticos -si no el más-, buenos y empáticos de la cabrona seriecita. Llegan y me lo matan y a mí me recuerda a mi primo Luke Skywalker y para más rematar terminan el capítulo con la bellísima interpretación de Israel Kamakawiwo de Somewhere Over the Rainbow...


Pelado desgraciado. No lo alcancé a ver mucho, pero lloré ahora para su funeral, escondido yo entre sus colegas médicos y su hija Rachel, a quien dijo, una noche antes de morirse, "sé generosa". Y tan bien dicho lo dijo, tan falto de poesía (y por ende tan directo y libre de pretensión) que me dejó pegado a esta silla. "Be generous". Justo cuando tiendo a olvidarme del mundo, cuando la soledad en medio de la noche y el reiterado y abismante silencio comenzaban a dar los retoques finales a mi retrato en versión ermitaño, este pelado me dice que sea generoso.


Voy por un milo, pelado. Créeme que trataré.

En fin

martes, mayo 12, 2009 en 7:31 PM
Hace algo así como dos semanas recibí la mejor noticia de lo que va del año. Realmente de esas noticias durables, de las que sí pueden cambiar la vida, haciéndola más entretenida a la vez que más estable (de partida consideren, friolentos lectores, las raras veces que ambas cosas comulgan). Y digo durable porque hay muchas noticillas al año que logran darnos cierto efímero bienestar, pero que apenas duran lo que un pun.


Y me tenía tenso y electrizado de tan feliz la noticia esa. Hasta hoy. Porque a veces el funcionamiento del universo busca formas un tanto bruscas para compensar sus fuerzas, y no le estaba siendo ya tan armonioso que mi balanza de contentura se inclinara tanto hacia el paroxismo, así que me mandó una mala. Una noticia mala. Casi tan mala como puede ser perder un dedo. Mala mala, un poco pésima. Setenta y cinco por ciento mala.


Así que desde este mediodía ya no estoy "electrizado de tan feliz", sino "bastante feliz". Pero igual. En fin.

Hijo

domingo, abril 12, 2009 en 12:51 AM


Me aburrí / Me cansé / Vuelvo.

¿Alguien me acompaña?

Batinotas

domingo, abril 05, 2009 en 9:32 PM




Me pidió que visitara a una de sus pacientes, pues le resultaba particularmente agradable, a la vez que sentía algo de pena por verla tan joven, ágil de pensamiento, y sutilmente procaz, en los levísimos treinta y cuatro kilos de su juventud. Y verdaderamente Jessica era así: sus respuestas rápidas y cuadrados dientes de castor hacían aun más graciosas sus respuestas rápidas e incisivas, al punto que había que detener la conversación cada tantos minutos para que no se desestabilizara mucho, pues me hacía reír y mi risa se le devolvía a ella y terminaba algo cansada.


Entre conversaciones sobre marsupiales y doctoras y amigas de las doctoras, la muchacha me preguntó si estaba comprometido. Su pálido y delgado dedo inesperadamente en esta llaga me hizo responder con cierta torpeza, evidenciando que no basta tener treinta para tener las cosas claras. Y, siempre sonriente, creo que me retó. Que cómo era posible que a sus (varios) menos años supiera ella con tanta más claridad que el hecho de que dos personas quieran, basta para que puedan.


Pero no sé. Creo que a veces no es tan así la cosa. Así que se me secó un poco la lengua y salí por una lata de Coca-Cola, pensando en las cosas que me había dicho con tanta seguridad, como si no admitiera más conclusiones que las propias (o como si acaso siquiera existieran alternativas). Y pensando además en eso de que Rodrigo era muy lindo, y que su nariz perfecta y todo eso. Pocas cosas son más desagradables que rechazar en la mente el rostro de un amigo.


Así que Baloo me mandó un murciélago. Sí, literalmente un murciélago, justo al centro del pasillo, en medio de los familiares que esperaban afuera por noticias de sus pacientes. Un murciélago bastante grande, desorientado y algo nervioso, seguramente confundido por la penumbra y los sonidos de los monitores cardíacos y los respiradores.


Yo me subí el cuello de la chaqueta, porque es sabido que los murciélagos pueden contagiar la rabia. Me subí el cuello y atravesé el pasillo flotante, siendo interceptado dos o tres veces por su vuelo. Y aunque trataba de sentirme a lo Bruce Wayne, no era una ¿bandada? sino sólo un murciélago el que comenzaba a preocuparme. Y no tanto por la rabia, sino por los guardias que, alertándose unos a otros -y justificadamente preocupados por el riesgo de añadir otra dolencia a los ya enfermos- comenzaban a llegar al lugar.


No lo maten -les pedí-. Pueden ahuyentarlo, porque está perdido, pero si lo matan no acaban con el problema. No lo maten.


- No lo mataremos, sólo lo espantaremos.


Pero conozco bien ese brillo en los ojos humanos. Los mismos humanos que lloran con la tele, pero que no pueden escindirse del antepasado cavernario, del que mata a lo que teme, por no poder matar el miedo.

--

Ciertamente vendría bien un trabajado final aquí. No lo tengo. No quiero saber si murió el animalito (pues porque quisiera pensarlo bien librado) o el futuro de Jessica, o sobre las amigas de las doctoras. Sólo eso. A veces no quiero saber los finales.

Texto Nº 100

lunes, marzo 23, 2009 en 8:53 PM
Un buen día, al estúpido de Galileo Galilei lo llevaron al Tercer Juzgado del Crimen por decir que la tierra se movía alrededor del sol. En esa época era una buena sandez, todos sabían que la tierra era el centro del universo. Las mujeres tenían poleras con la tierra al medio y miles de pelotitas alrededor, y los ejecutivos bancarios y los dueños de inmobiliarias tenían iPhones con el mismo ícono. Era lo máximo. Los niños no jugaban con tierra, era algo así como pecado, o delito, o algo. Si alguien juraba por la tierra había que creerle, de lo contrario era perjurio y se le podía encadenar al Cáucaso para que los delincuentes les hurgaran los bolsillos robándoles las monedas que, oh vida, volvían a nacer una y otra vez.


Lo agarraron, pues, de las pocas mechas que tenía el pobre astrónomo y lo obligaron a decir cuatrocientas cuatro veces ante el fiscal de turno "el sol gira alrededor de la tierra, la cual no se mueve". Tanto le apretaban los huevos bajo el podio que el viejo, que también tenía su humanidad, terminó jurándolo.


Pero no contaban con sus habilidades de ventrílocuo, aprendidas de yapa en la misma escuela donde pagaba no muy caro por su curso de salsa (había que pasar por persona promedio, las pecas en su calva delataban demasiados pensamientos). Sólo de este modo, ya habiendo declarado cuatrocientas tres veces aquello de lo que no tan convencido estaba, preparó su estocada histórica: juntó saliva y articuló pausadamente una última vez "el... sol... gira alrededor... de la tierra..., la cual no se... mueve". Acto seguido y tan rápido como un garabato, anexó con voz de Melame "pero igual se mueve".


Reinó un nanosegundo de silencio. Los ilustrados cabos de guardia se miraron extrañados. El sargento primero miró al sargento segundo, quien dejó de apretarle los huevos a Galilei. Este último, ya con sus ojos nuevamente entre sus órbitas, miró -por disimular- al fiscal, quien luego de corresponderle la mirada (y automáticamente perdido el interés por la conformación del cosmos) miró a Ramírez, quien a su vez clavó los ojos en el cabo de guardia, el cual seguía contemplando absorto el revólver de su colega. Fin.


---


Mi madre. La adoro. Me llama ahora para que baje a tomar once (no onces, la palabra es "once"). Me ve los ojos llorados y recupera su vieja costumbre de hacerme cariño. Yo le digo que en diez minutos bajo a comerme sus selladitos de queso, porque "estás flaco como un pucho". Antes de ello, garrapateo este texto (no todos los blogueros llegan a los 100) y me doy a la siempre desestresante labor de orinar con laxitud.


En el alféizar de la ventana del baño, unas flores amarillas de plástico me saludan con el mismo hola cansino de una aseadora de oficina a punto de terminar el turno mientras escucha a Balmores Fajardo en la radio Pudahuel. Yo no las saludo. No les creo eso de que las flores plásticas hablen. Cómo van a hablar, si son flores de plástico, y ni las flores de verdad hablan. Los poetas hablan por ellas (por lo mismo nadie vive de poeta, pues no merecen jubilación ni Fonasa), pero ellas no. Incluso en Comarca del Jazmín, Juanito era quien daba "vida" a las cosas, pues de lo contrario Oscar Castro, el autor del libro, hubiese sido escritor de realismo mágico, y no de novelas o cuentos costumbristas. Las cosas no tenían vida en sí mismas, era Juanito quien la confería, y Oscar Castro a Juanito.


¿Y habrá sido Dios quien insufló de vida a Oscar Castro? Ultimamente, aunque creo en él, parece estar algo callado. Tal vez se dio cuenta del Error 404 muy tarde, y tuvo que crearme sin pautas, y después, como ya me había hecho, pecho. A vivir, con pifias y todo. Ya sé que todos las tenemos, pero ¿tantas?


Yo una vez tuve un sueño. Como Morpheus, de Matrix, pero más bacán. Soñé que tenía un bosque y que yo dormía ahí y que me llamaba Andros y que había una mina tetona que se llamaba Eva Arcani. Yo dormía mientras este huevón que teclea antes de los selladitos de mi vieja permanecía despierto, haciendo la pega de vivir en la realidad. Pero ahora como que estoy cachando que es realidad sin cursivas, como que en serio es la realidad. La REALIDAD wn. Cool. Y soñé que Arcana se llamaba la mierda esa de mundo. Todo era lindo y apacible, y nadie moría y la puta madre y la cacha de la espada. Cagá de mundo. Me ha llenado la vida de mierda desde que tenía un mes, no sé quién puta lo metió en esta cabeza mía.


Ja. Eva Arcani, hija de puta, mira que creerte yo y quererte yo y buscarte en todas cuando eres una pura disfunción de mis sinapsis. O de mi realidad generada por computadora.


¿Realidad generada por computadora? De qué reputas hablo, si Matrix es una película weón, las películas son para entretenerse o llorar, pero no pasan de eso, si la realidad es ésta, imbécil, mi notebook al frente y los selladitos de mi vieja y mis perras y Canal 13 Cable y esta gelatina de manzana light. TODOS lo saben. No existe Arcana, me la inventé y a lo más es un par de árboles pelaos en mi imaginación desesperada, y no hay luciérnagas ni espadas, sino con suerte un par de piojos y una rama mediocre con la que rascármelos y sacármelos de esta cabeza llena de caca.


Arboles, ja. Mejor festinemos que llegué vivo al texto Nº 100 y que la vida sigue. Mi regalo: MUERTE A ARCANA. Parecía tan fértil y era sólo un vertedero de ratas muertas. La realidad es ésta. Esta silla y esta pulsera ajena y este anillo y mi relativa habilidad en mi trabajo. Lo demás, tollo. Soy un mentiroso y les digo a todas lo mismo, así me las llevo a la cama y les robo mis orgasmos, pobres pendejas, es tan simple como detectar qué les hace falta y dárselos. Todas caen, hasta las más hermosas. Muerte a Arcana, no existe. No existe Andros, mi nombre es Rodrigo Andrés Vives Cruz, nací un veintinueve de septiembre de mil novecientos setenta y ocho y soy un pésimo partido. Beso mal, no sé escuchar y soy capaz de muchas cosas malas. Hacerle cariño a un perro es todo parte del mismo truco. Sexo, sexo y más sexo. Aparte de la plata es casi lo único que hay. Porque TODO EL MUNDO OBVIAMENTE SABE que la realidad es ésta y que no hay Andros ni Eva ni Arcana ni luciérnagas ni bosques apacibles con árboles que tienen copas que tienen ramas que tienen hojas que tienen boca y que con la brisa se mueven. Púdrete Galileo.

Error 404

en 2:37 AM


Es un problema de lenguaje. De programación. Lo que para uno basta con hechos, para otro requiere palabras: vidrio, azúcar, polquita. Y el azúcar, que a uno es dulce y le basta con el dulzor, el otro la entiende como dulce por la palabra, y así la disfruta. Y las palabras pueden llenar páginas y páginas, pero son hojarasca cuando se las deja de leer. Y si tú sigues encontrando esta página que quisieras no encontrar, y estás leyendo estas palabras, tenemos un hecho. Y los hechos más las palabras son los que hacen las grandes historias. Porque hechos sin palabras, la historia no los cuenta. Porque palabras sin hechos, pueden ser cualquier cosa.

Malone

martes, marzo 17, 2009 en 11:25 PM



¡BANG!



El sobresalto del detective resultaría sólo perceptible a un observador atento, cuya mirada descansase en aquél momento exacto en el humo proveniente de la pipa de H. Malone, recién descansado y sinuoso, pero quebrado de súbito en argollitas leves y azulinas. Cualquiera pensaría, por descarte, en él mismo. Cualquiera, menos el propio Malone: desde hace cuatro años, dos meses y tres días, sólo lleva consigo una bala... en el bolsillo de los centavos.


Pero no hay testigos. Al menos no alguno visible desde la penumbra, tenuemente iluminada por la luz del velador. No hay pasos acelerándose escaleras abajo, ni crujideras de tablas, ni distorsiones en el peinado natural de la alfombra. Nada. Origen del disparo: ¿su mente? Maldito brandy, debo dejar de beber. Pero entonces, ¿por qué Rita se echa sobre la cama olvidando su pausado garbo habitual? Curvándose, como cayendo en stop motion, frunce el ceño tan intensamente como nunca antes. Como ni siquiera en los buenos tiempos, cuando Malone quemaba lentamente -en la misma vieja pipa- los minutos restantes para terminar su ronda. Rita lo esperaría sentada en el estar, exhausta, pero siempre dispuesta a florecer para él un rato más.


- Mal chico. Vienes húmedo otra vez.
- Es la niebla, mujer. Ya sabes. Londres.
- Sé. ¿Fumamos?


Ella le quitaría entonces la gorra y los pertrechos de cada noche, disponiendo cuidadosamente la placa al lado de las llaves, y el bastón cerca del revólver, "no tan cerca que me mates antes del amor". Ella frunciría entonces el ceño, susurrando malcriada "¿cuál amor?, reenamóreme esta noche si pretende siquiera un beso".


Good old times. Aunque no siempre había más que pan y algo de vino, tampoco era siempre necesario; bastaba sobrevivir cada día, regresar cada noche. Siempre habría Rita para vivir.


---


- Malone.
- Señor.
- Lo llaman Castel. ¿Ha oído algo de él?
- Sólo lo del matutino, señor. Entiendo que las mata con un lápiz.
- Se ha sabido también de un par de casos con pinceles.
- Pinceles...
- Digitales, sargento. ¿Qué sabe de photoshop?
- No mucho, Señor. ¿Produce alucinaciones?
- Algo así. Imágenes de cosas que no están. Al menos no como se ven.
- Si hace que mi placa luzca como de teniente, tal vez no sea tan malo...
- ¿Me ve sonreir, Malone?
- Ciertamente no, Señor.
- Tiene catorce días, o lucirá como la de un cabo.


---


Catorce. Uno, cuatro. Cero. Cero, uno, cuatro... tan pocos días que parecían eternos. ¿Que diría Rita al ver una estrella distinta, menos brillante? No lo esperaría quizás tan lozana, tan revitalizada al oír el picaporte, tan abundante, tan consuelo. Tal vez no fumarían ya cada noche, antes del amor. Tal vez el revólver...


Así que de quitarle las balas a su arma dependía parte del asunto. La otra parte, de Castel. O lo encontraba primero Malone, o el miedo lo encontraba a él. Y el miedo le era tan pretérito, tan apenas considerado, que la sola posibilidad de volver a sentirlo implicaba ya un resquemor molesto, parecido al miedo en sí. Bah. Lápices. Qué clase de cretino se da tiempo para detalles. Y si se los concede, dejará alguna huella, alguna firma, para eso entre otras cosas sirven los lápices. Quien los haya inventado, con seguridad no habrá pensado sólo en escritores ni en notarios ni en anotar fechas aciagas sobre los souvenirs olvidados de un café en el bulevar.


---


En el bulevar. Doce días. Uno, dos, doce. Doce, dos, uno. Cuatro. La pipa en un bolsillo. Una única bala en el otro, por si acaso, lejos del revólver, comenzábase a impregnar muy lento de sus propias huellas. Los días, a un tiempo eternos y fugaces, Rita esperando en el estar. Doce días, Rita, al fin y al cabo; doce días y ni rastro de Castel. Sólo la ciudad, la niebla húmeda y persistente, la placa de sargento, ¿te acuerdas? estabas tan sonriente, orgullosa, tan sola entre los asistentes, tan florida con tus ojos de luciérnaga. O de neón, como tantos de éstos, todos sobre o al lado de estas vidrieras, tras las cuales tantos hombres conversan sus brandies para capear el frío. Se ven curiosos, casi divertidos, como atrapados en túneles de luz amarilla, inexistentes, como si se vieran ahí, pero no estando. Casi divertidos, si no fuera un poco triste. Hombres alegres que no existen, aunque brinden.


Pero Malone existe. Y sólo le queda un puñado de días para retener a Rita, que también existe pero es tan... tan Rita. Rita tiene alas y los párpados hermosos. Malone, durante o después del amor le dice "vamos", y Rita responde con la misma palabra. "Porque las palabras no sólo son fuente de malos entendidos", se dice Malone, mientras los neones y los hombres y sus túneles siguen moviéndose hacia atrás, como si la ciudad fuera un tren que parte al sur. Malone es el que no se mueve, absorto mientras parece caminar, la bala en un bolsillo, la pipa oprimida en el otro. Tal vez de no haber ido atento al suelo, hubiese visto el rayado en la pared:


"...en todo caso,

había un solo túnel,

oscuro y solitario:

el mío"

Juan Pablo Castel.-



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Si catorce días pueden ser eternos, cuatro años de tregua pueden restaurarlos en parte. Noches en un país sin niebla, noches tibias más bien, sanan muchas heridas. Muchas. El detective H. Malone lo sabe bien. Porque siempre suena mejor H. Malone, Detective Privado, que Cabo Malone, Degradado. Es cierto, es virtual. No se necesita más que una bala, una pipa y un revólver desnudo para ser detective privado. ¿Para qué cargarlo cuando a veces es más tentador ser el blanco? En efecto, cuatro años de tregua sanan muchas heridas, pero así como el asesino siempre vuelve al sitio del crimen, un hombre regresa siempre a su sustancia. Y la sustancia de Malone era buscar. Buscar a Rita.


---


Pero no hay testigos. Al menos no alguno visible desde la penumbra, tenuemente iluminada por la luz del velador. No hay pasos acelerándose escaleras abajo, ni crujideras de tablas, ni distorsiones en el peinado natural de la alfombra. Nada. Sólo Rita sangrando sobre la cama, musitando casi nítidamente:


- Mal chico. No debiste irte. Vienes húmedo otra vez.
- No es la niebla, mujer, no te mueras ahora, ¿quieres?
- Trataré. ¿Fumamos un cigarrillo?


Malone se sienta a su lado. Mete la mano en el bolsillo: una bala. Busca en el otro, pero no hay más que tabaco. Le acaricia la cabeza, las luciérnagas comienzan a apagarse.


- ¿Fumas de mi pipa, Rita?


---

Alone despierta semisentado. Una mano, como si acariciase a alguien de verdad, yace sobre una almohada rojiza. La otra, en actitud de nada, se pierde en el bolsillo vacío de su abrigo. Alone se yergue, le duele mucho el cuello. Ha estado largas horas frente al notebook, que ahora aparece en la escena a punto de resbalar al suelo. Se quita entonces el abrigo y los pertrechos que quedaron pendientes, disponiendo cuidadosamente la cámara al lado de las llaves, y el pendrive cerca del revólver, "no tan cerca que me muera antes de terminar el relato".




Pero frunce entonces el ceño tan intensamente como nunca antes, susurrándose molesto "¿cuál relato?" ¡Cuál relato! A veces sólo son palabras desde las que no puedo salir, como no siempre se puede salir de un túnel, ni de un blues en un taxi ni de un café en el bulevar; como no es real una pantalla ingrata ni cuatro años ni dos semanas, ni Londres ni Concepción ni este pendrive ni este nombre ni esta almohada ni esta bala en este revólver. ¡Porque no es real siquiera esta bala, Alone, mira!

Chichi

viernes, marzo 13, 2009 en 2:59 PM

Yoyito le dice hace días a Pilar, "¿ponme mantequilla en ese pancito que tienes ahí?", y la Pilo responde "no, como estoy apurada le daré la comida a mi Chichi". Yoyito le dice hace segundos a Pilar, "¿hazme cariño como recién a la Chichi?", y la Pilo responde "no".


Tal vez si el Yoyito empieza a mover la cola como la Chichi. Tal vez.

Plan B

martes, marzo 10, 2009 en 1:12 AM
Pobre Pilar. Algo le pasa. Desde hace algunas décadas cuando le pido que me haga cariño se pone nerviosa y no sabe qué hacer. Y la entiendo. Son ciento treinta años cargando esta mochila tan pesada, tan poco anatómica, tan difícil de cargar. De cargar.

Siempre me dolió más su soledad que la mía. Siempre que la vi mirando por la ventana, aunque fuera al patio, se me hacía mierda la guata. A veces literalmente.


[Alerta de Spoiler: A propósito de literalmentes, lo que voy a escribir será bastante literal esta vez, pues sólo una persona está entendiendo mis últimos textos, pero esa persona no puede hacer nada con ello, pues tiene una patita grabada. Marcaré con un asterisco, pues, todo lo que sea absolutamente literal, con lo que me obligaré al menos hoy a no incurrir en metáforas difíciles, pues debo tener tan pocos lectores que pretender que haya un cerebro atento entrellos sería como regatear donde no hay árabes, o como buscar perlas entre cholgas.]


La cosa es que la Sole, ahora que ve a Pilar más acompañada, más con colorcito*, se ha ido empezando a acostar conmigo dos de cada tres noches. O tres de cada cuatro. Y me chupa la muy cochina, baja entre mis sábanas y se va directo ahí, a succionarme la vida, dejándome tan exhausto que no me quedan fuerzas al día siguiente ni para levantarme. Tan fláccido me queda el tronco*, que no logro levantar más la cabeza* sino hasta que he logrado -dos o tres días mediante- recolectar un par de buenos momentos con los que sobrevivir, pero zas, Sole regresa*.


Y la otra cosa es que yo y mi espíritu y mi guata hemos concordado hace unos minutos, en la cocina*, sobre quince aspectos que nos parecieron de relevancia:


01.- Hemos tratado de sociabilizar con otras personas humanas*

02.- No ha resultado mucho, los perros siguen siendo más acogedores*

03.- Los churrascos cocidos emiten un desagradable olor a vaca muerta*

04.- Así que es bueno freírlos un poco después, de todos modos*

05.- Una sonrisa que siempre es sexy siempre es una sonrisa sexy*

06.- Pero cuando se quiere mostrar el corazón, no siempre se da sonreir*

07.- Y un corazón no siempre es sexy*

08.- Las tetas siempre son más sexies*

09.- Bueno, no siempre*

10.- Agustín Benelli hace arte a la fuerza*

11.- No siempre el arte sirve. A veces uno quiere que lo entiendan y ya*

12.- Pero no siempre se puede, y el espíritu se duele con eso*

13.- La guata no se aísla, pero se pone dolorosa también y hay que ir al baño*

14.- Y uno, con dolor de guata y de espíritu, olvida comerse los churrascos*

15.- Y sin saber sociabilizar, ni churrascos, sólo van quedando los cigarros*


¿Y por qué el achaque, si hasta la tarde todo iba tan bien*? Pues porque veníamos llegando de un bosquejo de cita*, esperanzados sobre todo yo y mi espíritu ante la posibilidad de algo de compañía. Hasta mi guata hacía notar su ansiedad rugiendo alegremente "tal vez Sole no viene hoy", pero no. La chica* era artista* y no hubo onda*. Los artistas aman los escenarios y, aunque me parece legítimo, hablar de música más de sesenta minutos de corrido fue evidentemente una excusa* en sus labios. Y está bien. Yo iba bañado de sauces y en Conce* a nadie* le importa mucho cómo huelen las lágrimas de los sauces.


Así que, también en la cocina, comencé a macerar una idea. ¿Qué pasará si me voy*? Es decir, si termino los trabajos pendientes*, le pago a César* su platita ¿y me voy*? Se lo comenté hace un rato a Afrofunk, y le pareció flor. Me dijo que volvería en diez años con más historias, perfumado de más mujeres* (y de menos sauces tal vez) y más entretenido. Yo corregí esto último con "más callado", pero qué puede importar.


No tengo pasaporte, pero de momento puedo perderme en Sudamérica, tal vez necesite sólo este bolso*. Y no es que no haya tratado de ser parte de ustedes, mis contertulios a secas, mis secos contertulios, créanme que lo intenté*. Y no es que esté deprimido, pero -sin ánimo de ofender- vuestra vida me parece tan insulsa, tan carente de sauces, tan al borde del plástico, que acaso sea sensato largarme a mi propia película. Porque yo sé que si este patético diario vivir tuviera cámaras, no sería tan patético.


Con ella tuve parte de la idea alguna vez. Sé que se hubiera mezclado conmigo y con alguna jungla. Pero yo ya cultivaba desde antes una jungla propia, hasta que mis propios helechos no me dejaron salir más, enraizándose a mí, invocando a la Sole, tan parecida ella en sus métodos a eso que nos oprime el pecho cuando estamos medio dormidos, medio despiertos, sin dejarnos mover.


Así que puede que me vaya*. Mal que mal, en realidad no he estado aquí*. No sería tan distinto*. Lo primero es pagarle a César y terminar mis trabajos pendientes, no sea que se me acabe la plata antes de aprender a cazar, y me muera de hambre, porque no estoy deprimido y no quiero morirme. Sólo es que estoy muy aburrido de vivir*.


Pero antes, como corresponde, prepararé un último té.

Soneto XCIII, Neftalí

lunes, marzo 09, 2009 en 2:32 PM



Si alguna vez tu pecho se detiene,
si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,
si tus manos se olvidan de volar y se duermen,

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
para que así también me acompañe en mi muerte.

Me moriré besando tu loca boca fría,
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
y buscando la luz de tus ojos cerrados.

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
iremos confundidos en una sola muerte
a vivir para siempre la eternidad de un beso.

Nex

domingo, marzo 08, 2009 en 2:45 AM
Adapté mi escritorio. El dolor de hombros y del pedazo de cuello que entre ellos sostiene a mi nuca estaba siendo insoportable, así que me puse mi nuevo chaleco rojo con cierre y partí a hacer dedo. Siempre hago dedo al mall, y siempre me vuelvo a dedo. Buscando cazar de rebote alguna buena historia que contar, me ha parecido -desde hace ya más años de la cuenta- que es barato, interactivo y mucho más rápido que tomar una micro desde aquí.

Habiendo recién atravesado la puerta de Paris, sólo faltaron cincuenta y siete segundos para alcanzar la tienda de computación. ¿Tienes algo más barato, Orestes? Porque sólo necesito que tenga puerto USB y teclas de función. Y Orestes tenía este teclado Nex, así que por mis cinco lucas hasta me dio diez pesos de vuelto. Salí del mall muy convencido de que una mujer hubiese tardado diez veces mi tiempo en hacer la misma compra.

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Aunque a estas horas, para ser franco, el dolor sigue igual de intolerable, por lo que empiezo a pensar que pueden ser otras sus causas. Y se me ramifica el muy condenado, hasta que llega incluso a apoderarse de mi ojo derecho, que es el que más uso.

Y dentro de este escritorio redispuesto, dos elementos discuten por mi atención: ¿Me tomo la taza de té antes de que se enfríe, o el vaso de chirimoya alegre antes de que derrita su fresco cubito?

Tregüita

jueves, marzo 05, 2009 en 3:50 AM
Una vez ella me dijo que la gente tiende a escribir cuando tiene pena. Tal vez justo antes de que la pena se convierta en angustia, porque así como no son exactamente la misma cosa las luciérnagas que las mujeres (no exactamente, pero casi) la angustia y la pena son hermanas, mas no clones.

La pena es cuando se tiene pena. Y punto, se puede vivir con ella. Se la conoce, se la respira, se la traga sobre todo, porque no queda más remedio. Hasta se la quiere a veces y hasta se puede crear con ella. O a base de ella. Es como el Aloe Vera de las cosas malas.

La angustia en cambio es cuando no se puede tragar, porque se queda justo en la manzana. Prominente, atascada en el güergüero, como un hipo con ulpo. La angustia friega la tarde, la noche siguiente y la misma noche del año que viene, a veces ininterrumpidamente. La angustia se enlaza con lo que se teme, con lo terrible de lo posible. La pena no. La pena resulta de lo terrible de lo ocurrido.

Por eso no he escrito estos últimos días.

Verano 2009

martes, febrero 24, 2009 en 3:10 AM


Para que vean lo chancho que lo pasamos Finger (mi dedo) y yo este verano 2009. Entre tanta foto ajena mostrando viajes a Pucón, Viña, Villarrica y Reñaca, pues también tuve mi verano, del que quiero compartir algunos entretenidos recuerdos que nunca se borrarán. Para verlo es preciso iniciar sesión en Facebook. Obvio gallos.

Lo digo aquí

jueves, febrero 19, 2009 en 1:10 AM
porque por más que lo digo afuera, nadie nota que me estoy muriendo.

Pajarito

miércoles, febrero 18, 2009 en 12:48 AM

Acabo de fumarme un pall-mall en la ventana. Pasó un pajarito (un ave, en rigor) volando en medio de la negrura, pero sin pajarita. Iba rápido, como cualquier perro atraviesa cualquier calle o plaza de cualquier país. Digo que iba con una dirección muy definida, como todos los pajaritos a esta hora (aves, en rigor). Quizás adónde iba el pajarito ese.

Tortugas

sábado, febrero 14, 2009 en 5:23 AM

Cuando uno está en el colegio, lo de "melancólico" es un rol, una especie de personaje que aparece en cada curso, así como existe el "alma de la fiesta", los nerds, las mijitas ricas y sus feas satélites; matones y oportunistas, pendex varios y músicos. De hecho en mi segundo medio había incluso un cabro que soñaba con conocer a las tortugas ninja (creo que literalmente). Hoy prospera con un negocio de sándwiches, y es un buen papá.

El conjunto es un lindo menjunje florido que a veces llamamos juventud, fauna llena de proyectos y de palabras que muchas veces le quedan grandes, pero que en la mayoría de los casos -parcial o totalmente- se consuman. Y a medida que los compañeros se van llenando de hijos (varios de los cuales tienen hoy la edad que ellos mismos cuando los conocí) la cosa se va enderezando y se van volviendo socialmente competentes, y así como en sus trabajos también en la familia, cobrando la capacidad de tomar decisiones, con billeteras ya no tan omitibles y hasta con voz, que es mucho decir, pues en la media más que hablar, cacareábamos. Y hasta influyen con autoridad en las vidas de sus padres, los mismos viejos que alguna vez vi llevarlos de la mano, o consolarlos, o defenderlos.

Pero habemos quienes no podemos despegarnos del rol. Los que caminábamos solos en los recreos, los que nunca nos emborrachamos con ron a los dieciséis, los que por más que tratábamos de dar con el balón, terminábamos chuteando piedras, incapaces de integrar cualquier colectividad. Habemos quienes, entonces felizmente obligados a ser parte del ramillete, nos vemos ahora con treinta años, pero ahora en un recreo larguísimo, pateando las mismas piedras, suspirando por volver a clase para compartir experiencias comunes. Ja, y tantas veces que pedimos ir al baño para dar una vuelta por los pasillos... ahora me aguantaría todos los meados para volver, con todos esos instantes acumulados en mi vejiga, a ser parte de algo.

Un cigarro más y me duermo.

Woofer

jueves, febrero 12, 2009 en 9:07 PM
y no es que no me gustara. A decir verdad, sí quería estar ahí, entre el vaho sudado y algún olor mezclado entre cerveza y borgoña, entre chicle y cigarro. Resultaba erizante la espera, la sola expectativa generada por la mixtura: ceniceros trizados, vasos olvidados por el copero de turno, adolescentes palpitantes que pululaban entre los autos de sus padres y la pista, y el segundo nivel y la ancha sala VIP y todo. Ancha, como las caderas de la madre tierra, capaz de acoger a mil más de los que ya había.

Pero yo, en mi locuaz mutismo de siempre, sumergido en la guardarropía, pensaba en los misterios de las carteras y chaquetas que se me habían encomendado. Nadie más que yo podía saber que era yo mismo el riesgo.

Era domingo por la tarde. Rockola. Ese émulo de viernes o sábado que se les da a los menores de 18 como premio de consuelo por buscar algo de acción. Los más avezados (o los más suertudos) terminarían en alguna casa ajena, chorreados de birra o de piscola o de yogur. Sí, de yogur, a veces aparece de lo más impensadamente, entre afiches de Smashing Pumpkins y poleras del Ché. Da lo mismo que la gran camada noventera no sepa mucho quiénes son, si se es hábil en la attitude.

Pero la guardarropía y yo. Y un trillón de watts de potencia a mi lado. Y me dejan ahí, a la hora en que la electrónica comienza a dar paso al flamenco-chill. ¿Qué querían que hiciera? Omitir esa percusión cardíaca comenzaba a estar bien lejos de mis capacidades (con dos noches encima resultaba difícil no adormecerse)...

Tum, tum

Tum, tum

Tum, tum

Miro y no hay nadie. Ni cabros ni jefe ni barwoman ni copero ni guardia ni nada. Ni copas ni disco ni parlantes ni guardarropas ni carteras misteriosas ni ninguna pinche cosa. Sólo el olor, el beat y algo que parezco ser yo, tatuado, casi maya. Y árboles donde hasta hace cinco minutos había una pantalla gigante y un montículo donde sólo había culos. Fuck, Cortázar algo me había dicho, pero me obligué a asumirlo como un cuento. A vivir la "realidad" y buscarme esta (esa) pega...

Lo extraño es que no me resulta extraño.

Lo desconcertante es que no desconcierta tanto.

Veamos, mi nombre es...

Android Blues

martes, febrero 10, 2009 en 4:13 AM
Sinceramente quisiera ser capaz de dormir de noche y despertar de día, temprano, a la usanza humana. Me ahorraría estar escuchando esta canción grabada de Buddy Richard que, aunque es alegre -la canción, no él por cierto- no logra acompañarme por el mencionado hecho: es grabada. No hay nadie en mi radio, es puro plástico, metal y pedacitos formados de goma.

Y aunque me acosté temprano (temprano para mí, a las 2am) ya comienzan a pasar de las cuatro y no encuentro más remedio que habitar esta casa de humo y de internet.

Y yo sé que tú estás leyendo, pero tu corazón querido está más lleno de sol que el mío. Y yo soy luno, penumbro y lo más selecto y estepario de la soledad. Lo más anclado, anquilosado, enmohecido de la noche, de esa noche que no se disfruta en las películas, porque el director decide cortarla, para que la crítica especializada no la considere "lenta". Para que no se diga que la acción decae en la mitad, dando ganas de dormirse en el cine, o de irse al bowling, que queda al lado, lleno de humanos y tan habitado de ruidos. Yo soy esa parte, justo la que empieza a latear, justo la que empieza a angustiar cuando el latido del reloj de la muralla -del primer piso- comienza a hacerse evidente, cuando el sonido que intermite el refri comienza a ser una buena compañía... cuando tirar la cadena del water suena como los niños capones de Viena, afligiéndose uno cuando se llena el estanque porque sólo vuelve el silencio putón.

Y este saxo. Este sexo que desaliñado canturrea en cualquier plaza de cualquier ciudad de mi cuerpo, interpretando un Android Blues fúnebre, o en el mejor de los casos, aguardentoso.

Porque disfrutar un blues, o un tango, o una endecha cualquiera es propia de humanos varios, que no de todos, pero vivirla... vivir esta tonada es lo más árido que puede haber, y aún quedan más de dos horas de noche.

Dos horas y un día.

...así que, hola

miércoles, febrero 04, 2009 en 11:21 PM
Desde winamp, Eduardo Gatti me trae un aire plácido que se entremezcla con el olor a cigarro mentolado que me fumé hace algunos minutos. Aún conservo la colilla del que intercambié con él, hace ya hartos años, en el concierto donde tuvo el amable gesto de dedicarme la canción que le pedí. Te saludo buen Eduardo, aunque no me recuerdes, si llegas a leer estas líneas.

Francisco me hace el comentario de lo antiguo que está el texto anterior a éste aquí en mi blog (¿lleva tilde este "éste"?). Les cuento entonces lo que está ocurriendo ahora mismo, y desde el lugar de los hechos:

Está haciendo frío en esta noche de verano. Frío en mis pies piluchos y frío en la ventana. Miro, y se han ido, dejando la casa contigua con tanto silencio que me zumban los oídos. Y yo los quiero tanto, y hace tan poco que yo mismo me fui de donde también hubo calor, sopa, besos, un gato y mucho mucho más... ¿Será que estoy condenado a caminar sin calcetines sobre la Antártica? Porque hace unos días veía una película fome en la que un loro superdotado -intelectualmente- le comentaba a su dueña que el más grande desierto del mundo no era ni el Sahara ni el de Atacama (que dicen que es el más árido, aunque yo conozco que no), sino la Antártica. O Antártida, que le llaman algunos y me gusta más, porque evoca a la Atlántida, esa jodida masa de tierra que nunca sabremos si existió, pero que tan metidos nos tiene. O me tiene, porque yo sí sé lo que es perder a un continente, convertirse en desierto, y más encima con frío en lugar de calor, o que sin aviso un continente entero te deje ir, apátrida, hasta el punto en que la nostalgia de la propia tierra se forja en tus párpados y te los vuelve caídos, como los de Bastián Bodenhöfer o Miguel Bosex, mis alter egos.

Y sin ganas de preguntarme ahora si a ellos les habrán dicho más de una vez "oye te pareces a Andros", lo cierto es que yo ya ni a mí mismo me parezco, Francisco, porque mi país se me nubla entre los recuerdos, ya mezclado con ustedes los humanos, y no logro saber cómo se vuelve, o si quedarme en este lado donde la gente se va de todos modos. Incluido yo, que me fui hace tan poco, arrancando de cuajo mi frío desierto de su tropical vida, de su diurna y querida vida.

Y es que no sé quedarme, ni sé hacer que se queden. Tal vez sea un poco culpa de mis cromosomas, que si miro a quienes me los dieron, ni la una logra permanecerse, y mucho menos el otro.

No me gustan las despedidas, ex vecinos. No me gustan ni me gustarán, Luke Skywalker, hermanos míos y tíos amados, así que, hola. Los quiero más que la misma.

Nina

domingo, diciembre 07, 2008 en 4:55 AM
Recién anoche, con un cigarro de preludio en una mano y mi mujer desnuda entre la otra, caí en cuenta plena de quién es la visita que por estos días se aloja en nuestra casa junto a su esposo don Carlitos. Entremedio de conversaciones sobre Dios versus los masones, o de algún cliente que se cree más inteligente que yo, o sobre la idea de que probablemente la única forma de acceder al conocimiento verdadero sea reiniciarse siempre desde la ignorancia, se me durmió Sara por un rato.


O por algunos años.


Y mientras buceaba ella entre sueños sinuosos yo, acaso inducido por las lentas cadencias del humo azulino, me dejé trasladar más de dos décadas al pequeño patio de Lorenzo Arenas, y la vi. No a Sara, sino a esta otra mujer, un poco más chica y huesuda, fregando con ahínco las camisas de mi abuelo en la vieja batea del tapón de palo de escoba. "Limpiolina", me enseñaba ella -mientras masticaba un fósforo eterno-, no cloro ni clorinda, aunque lo que verdaderamente blanqueaba la ropa no era ni eso ni el jabón Popeye, sino sus manos humildes que la hacían gloriosa, casi mariana, tan grande como son grandes los que nada quieren para sí.


Debe ser esto de trabajar a deshoras, siempre apurado, almorzando contra el tiempo, durmiendo cuando los humanos se levantan y despertando cuando se acuestan, lo que me había hecho recibirla con todo mi amor, sí, pero en una especie de letargo o inercia que no me habían permitido -sino hasta ese cigarro- darme real cuenta de sus huesos, de su olor, o de su corazón de fricandela. Porque tampoco las llamaba hamburguesas, sino fricandelas, y tampoco decía "debe venir en camino", sino "debe venir pegando" cuando yo le preguntaba desde mi metro de estatura si faltaría mucho para que mi mamá volviera del trabajo. Y como a veces mi vieja se demoraba un poco en "venir pegando", estaba esta otra vieja chica, criada en Los Sauces por su tío Segundo, para cuidarme las tardes de mocoso.


Mi padre, por esos años, seguía fiel en su concepto de que donde estuvieran sus zapatos estaría él completo. Aparecía cada ciertos siglos cubierto de misteriosos maletines, con sus bolsillos abundantes de las más variopintas especies: lápices, tornillos, cables; papeles con foráneas anotaciones; billetes de quinientos pesos a veces, que mi madre me entregaba a mí (en realidad sucedáneos de la asignación familiar que no siempre llegaba a tiempo), y que yo consideraba pródigas dádivas con las que más lo quería y lo ansiaba. Pero la Nina también sabía que era poco. Poco el billete con la cara de don Quijote de Valdivia y poco mi padre. Y sabía además que mi abuelo era un gran abuelo (un tremendo abuelo en verdad), pero no el padre. Así que le echaba más amor a la cazuela y yo crecía contento, querido y un poco demasiado protegido en mi personal Comarca del Jazmín. He ahí parte del misterio de mi actual mamonería, y la razón inequívoca de por qué sucumbo por completo frente al cariño. Sara lo sabe bien.


Así mi niñez duró once años y un mes, que no es poco (ahora con tres o cuatro meses más hasta se puede aprender el ciclo femenino). Once años hasta el aciago día en que mi tío, tu hijo, decidió enviarte un pasaje desde Australia, porque le estaba yendo bien. Y ahí todo se encogió: desde las camisas de mi abuelo hasta la familia entera, que de ser docena se convirtió en un par, con el paso de los años. Tantas mujeres, vieja, te sucedieron. Unas se llevaron detergente, otras hasta mis calzoncillos. Te buscábamos en todas, pero cocinaban tan distinto a ti... y no las juzgo pues trabajar por dinero está bien (pastar es legítimo para el buey que trilla), pero nadie más puso nunca su propio corazón cuando no alcanzaba para fricandelas, ni tu cristalino sudor a modo de limpiolina. Y nadie más fue nunca la primera en levantarse y la última en acostarse, separando las lentejas buenas de las malas, rendida por el sueño. Nadie más me vengó nunca de las "vacas pulgas" (aunque no era culpa de ellas, ahora te lo confieso, que nadie me obligaba a pasármela más entre perros callejeros que con los cabros de la esquina). Y nadie jamás igualó la paz que emanaba de tu "chupechupe" cuando me enchufabas con susurros la mamadera, aún dormido yo. Chupe chupe chupe Yoyite, mi Mondongo Chicoco, chupe chupe... y yo chupé feliz hasta que se me acabó el cigarro. Desperté.


Dos décadas después entiendo que once años y un mes no están tan mal para haber suicidado mi infancia en el terminal de buses de Camilo Henríquez, noche en que llegué a casa y, mientras todos los demás te lloraban fui, tomé el abrecartas de mi abuelo, y grabé a fuego y sangre en la mesa de la cocina (la misma en que sólo una vez aceptaste sentarte con nosotros) lo único que pude entender: "hoy, xx de octubre de 1988, se fue la Nina". Lo que no supe vieja sino hasta anoche es que parte de mí se fue de cuajo contigo, y que de alguna manera extraña lo vuelves a traer entre tus regalos australianos. ¿Puedes explicarme también ese misterio, Nina atómica?


Finalmente, creo que ya es tiempo de contarte algo, pues dentro de toda mi nutrida memoria no son palabras que recuerde haberte dicho. Nina, todo lo que he hablado es preámbulo. Nina el mensaje es que te amo.

Comunicación de verdad

viernes, diciembre 05, 2008 en 2:35 AM
Ya me he referido antes a mi querido Luke Skywalker aquí en mi diario, es cosa de hojear. Lo que no recuerdo es si he mencionado que es un primo hermano mío al que quiero más como lo segundo que como primo a secas. Y no es que haya primos a mojadas, oj oj. Bueno, primas mojadas sí hay, pues muchos tenemos algún sonrojado amigo que nos ha presentado a esa que lleva abrazada de la cintura como "no si es mi prima", viejo truco que creeríamos si nos la presentara más bien omitiendo el prefijo "no si...".


Pero no es mi intención meterme en los calzones de nadie, pues lo que haga cada cual a espaldas de sus mujeres -o a pechos de sus primas- es ciertamente cosa de casados, y en eso no hay que meterse, lectores. Ustedes siempre me cambian el tema. Lo que me compete es Luke, mi primo-hermano-hermano: quien tenga anteojos para leer, lea, pues de esta breve conversación por messenger se desprende mucho cariño. La dejo por si les motiva a quererse en esta no siempre malvada cotidianeidad.


---


[01:57am, a pito de nada se abre mi ventana en el computador de Luke]


yo digo:
asociación de palabras

yo digo:
teta

él dice:
apriete

yo digo:
caca

él dice:
basura

yo digo:
pichí

él dice:
alivio

yo digo:
popeye

él dice:
legumbre

yo digo:
herrumbe

él dice:
proceso

él dice:
¿pueden ser dos palabras?

él dice:
proceso creativo

yo digo:
guañaño

él dice:
wongongo

yo digo:
wikigongo

él dice:
¿esto conduce a algo?

yo digo:
no

yo digo:
es puro cariño

él dice:
jajajaj está bien

yo digo:
recuerdo ese aviso de los dos viejos campesinos que pasaban todo el día sentados en un banquito rural viendo pasar las cosas

yo digo:
sin hablarse

yo digo:
llegado el anochecer uno se paraba y decía

yo digo:
"bueh, será hasta mañana pues mi amigo"

yo digo:
y luego el slogan: CTC, comunicación de verdad

él dice:
gracias por recordármelo

él dice:
era bueno

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[02:07am, reparo en el gran subtexto de este coloquio, y lo inmortalizo aquí. Fin]

Es...

miércoles, noviembre 19, 2008 en 3:10 AM
...como si tuviera sueño,
pero sin sueño;
como si hubiera matado a alguien,
pero sin haber matado;
como si en lugar de fumarme este pucho
me fumara él a mí, sin humo;
como si todo todo fuese a veces tan inconsistente...
...así es esta noche mucre.

En qué está el viejo Andros, Nº 2

miércoles, noviembre 12, 2008 en 2:11 AM

1.- Me encontré con Julio en Barros Arana. Me confesó que me había sacado del messenger porque como nunca le hablaba pensó que estaba molesto con él por algo, así que le expliqué lo mismo que ya he dicho a varios de ustedes: cuando estoy conectado es porque estoy trabajando y suelo estar concentrado (al contrario de la raza humana en general, que se conecta en sus ratos libres, pues yo entro para no aburrirme tanto ya que trabajo solo, y sin ver al menos sus enanitos verdes mi pega sería una lata). Aprovecho a disculparme con todos los julios del orbe. Es la vida, el mundo "real". Pum.


2.- La Isis quiere que vaya a fumarme un puchito con ella, pero yo creo que si me siento a su lado me voy a quedar dormido, porque estoy hecho un párpado caído y antes tengo que terminar la pega de la Dani y los bioingenieros que la retaron por culpa de mi demora.


3.- El gato Pascual nos mordisqueó todos los panes y nos quedamos sin once.


4.- Pero la Isis se rajó y, aunque estaba lona después de su clase de Flamenco, me cocinó unos tallarines que engulliré con el bistec que compré en el Mercado Municipal cuando invité a almorzar a mi mamá este mediodía. Me da pena porque siempre paga ella, así que cambiamos esta vez. Y en el Mercado los almuerzos son baratos y abundantes, y las cocineras tienen tan buena mano que a veces las dejan en el plato y uno dice caramba, ¿de qué rayos es esta carnecita? porque a veces la mano viene con anillo y todo.


5.- La Pati G. me escribió diciendo que mis micromensajes en Conce.net han estado algo cansinos y desmotivados (y desmotivantes tal vez, aunque no lo explicitó), así que le hice caso: aunque muchos chilenos estemos en crisis me guardaré la mía para mí y publicaré sólo las cosas choras, como lo del gato Pascual y lo de la mano de la cocinera, aunque el anillo que me tragué no era ni de oro siquiera, tan jodido está todo últimamente.


6.- Ya tengo mi estudio fotográfico casi listo, así que pueden escribirme o derechamente llamarme para fijar una hora y dejarse retratar por mi maravillosa cámara. Por entre 25 y 30 lucas les entregaré una foto en blanco y negro, esencial (esto es, ustedes, con fondo claro u oscuro, sin florcitas ni pajarillos ni banquitos ni cosas raras, sólo lo más minimalista e íntimo de sus expresiones, de las que obtendremos una versión muy "tú", muy identificatoria). Va con marco, en tamaño semipóster, e incluye una versión para messenger y un fondo de pantalla.


7.- Por 100 lucas se llevan la misma foto, además de otra versión gigante de 1 metro x 1 metro 33 centímetros, en PVC o papel. Llámenme ya.


8.- Compré -ayer- tres pasteles de chocolate en la ex Pastelería Concepción, que más que pasteles son pequeños clímax culinarios en formato cubo. Feliz me volvía a casa con ellos cuando me encontré con mi tío Zeta, quien me convidó una gloriosa sopaipilla. Pucha, y cómo no iba entonces yo a darle uno de los dos pasteles que me correspondían (el otro era para la Isis, que me esperaba aquí con tanto amor, pues yo como por dos). La cosa es que al final el viejo zorro fue el único que los probó, pues soy tan pastel que se me quedaron los ídems en el colectivo. Pardiez, todavía tengo dos huecos en mi guata con las dimensiones exactas de los jodidos cubos, ojalá que la tía Carmen se acuerde de nuestro negocio. Y por si no se acuerda, tía, me debe usted y sus rulos una rica torta de panqueques, dispuestos a modo de biscochos (la cobertura de chocolate es opcional). Me levanto cada tarde pensando en ello.


9.- Cuando le dije al profe Cuello que se parecía a Vicentico me dijo "ojalá cantara como él, pero no con su cara". ¿Qué me diría Luciano Cruz Coke si le dijera que si engorda también se parecerá a Vicentico?


10.- Y esta mujer me sigue llamando por lo del puchoco, así que voy, vuelvo, y mato lo de los bioingenieros. Igual la quiero tía Carmen.

En qué está el viejo Andros, Nº 1

sábado, noviembre 01, 2008 en 4:11 AM
Hola querida familia y buenos (y malos) amigos, espero que estén rebién.


Ya muchos de ustedes saben que estoy tapado de pega tratando de -como se dice ahora- "surgir". Y que por lo mismo me he perdido muchos cafecitos, asados, una que otra cerveza, varios cumpleaños y hasta tres matrimonios, y que esto de "ser tu propio jefe" me tiene hasta la tusa, pero me animo porque junto con la Isis sí vemos la salida del túnel, esto es, creo que el equilibrio economía familiar v/s tiempo para respirar y ver tele sí llegará dentro de un par de meses. Me corto uno si no.


La cosa es que cada cierto tiempo les enviaré un mail como el que están leyendo, onda pa que no me pierdan tanto de vista, de modo que cuando nos encontremos en la calle me pregunten cómo me ha ido en tal o cual cosa que esté armando en ese momento, así sentiré que no estoy tan fuera de este mundo. Yo a ustedes les preguntaré por la familia, el trabajo y cosas así, generales, pues no me cabe más información en la cabeza y seguramente me habré olvidado de todo lo demás.


Dicho sea de paso, copiaré estos mails a mi Diario para que los vuelvan a leer si les quedan gustando. La dirección es http://www.andros.in/ (aunque sigo eternamente tentado con que tenga una nacional, pero no se me ocurre cuál).


Así que les pido que no sean pesados conmigo marcándome como spam o diciéndome "por favor no me mandes web-adas". Simplemente, si no quieren saber noticias mías me lo piden de buena forma, los quito de la lista y tan amiguis como siempre. O las borran y ya, se demoran menos en eso que en enojarse y putearme.


Así pues, les cuento 10 cosas:



1.- Agarré a la Isis, al gato Pascual, a nuestra perra Colombina, cientos de libros, docenas de huevos y decenas de cajas y nos fuimos del departamento. Algunos saben que el de abajo se había incendiado, y no estábamos ni ahí con vivir en una paila.



2.- Lo penca es que -como he dicho- soy mi propio gerente, secretario, suche, asalariado y todo, así que ese par de días de mudanza mandó mi ritmo laboral al carajo (cuando me desconcentro es fatal).



3.- Y mi celular se rebeló. Como me atrasé con varios clientes cada vez que lo enciendo ahora aparece alguno apurándome con lo que debía estar para ayer. Y tienen razón, pero trabajo 37 horas diarias y aun así no me alcanza el tiempo, así que mi flamante Motorola lleva varios días apagado.



4.- Lo bueno es que esta casa es más amplia y segura, y que tiene más forma de lo mismo, es decir de casa. Eso igual da ánimo. Aparte de que mi taller quedó rechoro. Vengan a tomarse un café conmigo. Uno chico, siempre estoy estresado ahora.



5.- Descubrimos que el Pascual así como tiene corazón también tiene cerebro. Y que la Colombi está tan viejita que le duele su esqueletito querido cuando duerme directo sobre el suelo (el otro día estaba acomodándose sobre mis pantuflas la pobre).



6.- Sí. Uso pantuflas.



7.- Me hice un wallpaper interactivo, pero no creo que eso le interese a alguien.



8.- Litigué varias veces con la Isis sobre si soy o no soy machista, pero al final no ganó nadie y quedamos todos felices, incluidos el Pascual y la Colombi. Además que considero que discutir con mujeres es perder el tiempo, mejor que cocinen.



Relax, es casi 100% broma.



9.- Y bueno, que he pasado ya varios días (meses) pensando en cómo hacerme rico sin morir en el intento, pero reboto contra esta jodida falta de tiempo, carencia que ciertamente limita cualquier otro intento por capitalizar la vida en otro negocio, al menos en el corto plazo. Y fue el Rumpy quien, en una brillante entrevista de otrora, me enseñó a "creer en los medianos plazos".



La Isis sabe que quiero hacerme rico no de materialista, sino precisamente por lo contrario: para comprar el tiempo que necesito para "volver" al arte. No me crucifiquen que el dinero en sí mismo no es malo, puro metal y papel.



10.- Pero vi la luz, y aprovecho a pasar el dato:



Ya saben algunos que tengo una cierta veta fotográfica que da favorables resultados al momento de retratar a las personas, así que me di a la tarea de habilitar un espacio de mi taller como estudio para explotarla con quienes quieran sentirse por fin cómodos con cómo aparecen ante el lente.



Lo mío no será eso de salir con florcitas o sombreros antiguos, sino algo más bien minimalista: sólo lo que podríamos llamar esencia de la persona, sobre fondo blanco o negro. Listo. Menos es más. ¿Y a cuánto? 25 lucas la sesión normal, con la gracia adicional de que aparte de entregar la foto en sí, anexaré algunos regalitos ad-hoc bastante interesantes, pero que no detallaré aquí. Los que tengan mis números pregúntenme, o bien llámenme al celular de Conce.net, que es el 09.79513161



¿Pueden pasar el dato? No sólo yo conozco mi capacidad de trabajo y mi autoexigencia, así que en un año sé que esto prenderá, pero si me echan una manito todo pasará más rápido y podré volver a tener algo de tiempo libre para volver a compartir esos cafecitos, caminatas, vinitos añejos y cumpleaños que fui postergando...



...hasta que ellos mismos me olvidaron.



Besos.

Chá

jueves, octubre 23, 2008 en 3:25 AM
Desde la última vez que me cogotearon, hará acaso más de diez años, dejé de andar de madrugada por Carrera, Prat o Avenida Collao. Y me volví uno de mis únicos amigos (también soy amigo mío, a veces) invicto desde el cambio de milenio... esta noche me pregunto si llegaré en iguales condiciones al próximo cambio de década.

Aquella noche de juerga me robaron un lápiz, un Zippo y la billetera con una luca toda huacha. Lo bizarro vino cuando, transacción hecha y sin mediar despedida, comenzamos a proseguir camino -los malandrines y yo- cada uno para su caza: al escanear mentalmente el contenido de mi billetera reparé en que tenía puros papeles inútiles.

Me detuve.

Me devolví.

Los llamé:

Hey, hey, necesito mi billetera, si gustan pueden revisarla, no tiene nada de valor.

Simpre he creído en la capacidad de diálogo (no sólo entre humanos y humanoides, sino también entre humanoides y gorriones, y hasta hormigas, pero no viene al caso hablar de eso ahora, no me interrumpan). O al menos en la capacidad de negociar, como en este caso, pues cuando el más cabro de ellos vino a devolverme mi arrugada y archirevisada billetera de cuero de imitación genuina yo, con cierto orgullito oculto -tipo Benjamin Linus- les entregué a cambio la verdad de que hasta ellos pueden conversar las cosas.

Axioma reafirmado cuando el mocoso y yo nos estiramos, respectivamente, la billetera y mi mano: al ver mi dedo con anillo alargó los suyos para quedárselo y le dije

Eso no. Es regalo de mi mamá.

Y se fue.

Carta abierta a Cristián Galaz y Andrea Ugalde

sábado, octubre 11, 2008 en 3:03 AM
Cristián soy Andros, quien te llamó hace algo parecido a una hora. Reitero mis cariñosas felicitaciones por una película que me tendrá feliz por no menos de media semana, tan fina, tan bien lograda, que nos dejó simplemente felices a mi madre, dos amigas suyas y en especial a mí y a mi mujer, actriz, que siempre crítica no pudo sino olvidar su constante ojo de águila para dedicarse sólo a gozarla, pues tú y tu equipo actoral y técnico no le dejaron opción.

Ni a mí.

El acertado uso de las cámaras, los diálogos no geniales sino poderosamente humanos y por lo mismo asequibles (con lo que lo de no geniales es aquí un halago y no una crucifixión), un nítido concepto y un casting que, a mi entender, actuó un 20% y se representó a sí mismo el otro 80, nos regalaron una mediatarde tan llena de endorfinas como de aplausos al terminar. Sí, te lo cuento para que no se diluya entre butacas: aplaudimos tu película acá en Conce, nosotros cinco y toda la gente de la sala.

Me gustó tu Delfina Guzmán apetecible como una sandía (de qué Megan Fox me hablan), la llevaste al paroxismo de la minez y estuvo a la altura con toda propiedad; cómo Gloria Munchmayer y su femineidad perenne empapaban la sala de esa lujuriosa inocencia, toda una selva virgen, américa precolombina, un cosmitos inexplorado y alegre. El silencio autodevorante de Noguera, tan herido y por lo mismo tan rescatable, impacta desde el primer avistamiento. Jaime Vadell está espléndido en su masculina camaradería, no olvidaré su rostro de amigo-amigo entonando cumpleaños feliz como si fuera una cruz de mayo y él un chiquillo pueblero. De Julio Jung soy fan desde los tiempos de MedioMundo (y bueno, de Andrés Rillón también, justicia sea hecha): su voz y particulares facciones en una pantalla grande ya constituyen placer por sí mismos, pero verlo en el pellejo de Tito lo multiplica. Y Nelson Villagra, hombre, que no se ve que esté actuando. Lo vi en el Chacal de Nahueltoro -ya compartiendo cámara con Héctor- y tiendo a no creerme que es el mismo señor. Que su chacal y su Francisco hablen diferente es un talento, pero que caminen y hasta respiren distinto es un don.

Se vio la mano femenina, hablo de Andrea. Se vio la simbiosis entre lo concreto y lo carnoso, entre lo tuyo y lo della. Bien. Sí, muy bien Andrea. Gracias por darnos a comer esta barrita de sabiduría, que en treinta años (cuando cumpla 60) recordaré que "la vida no es sólo trabajo" y que hay muchas estrellas que, aunque ya no estén, nos siguen iluminando por arte de mag... digo, por arte de Dios.

Bendiciones. Voy a abrirle la puerta al gato Pascual porque está maullando y capaz que se haga, así aprovecho a darle comida a la Colombi, que al final eso es lo que queda: lo mucho que quisimos, y lo que supimos ser queridos.

Un abrazo desde Conce.

Off

domingo, septiembre 21, 2008 en 4:16 AM
/ Sensi / Dermo... duermo / Exo sexo, extro-entro-extro esso / Saxo / Sensa. Plot, drop, fluuuhhh. Tsssaaassshhh. Gota / Go-Ta / En el inicio fumar era un verbo, y el verbo era con vos, y fumar era dos / Sí, bebé, claro que recuerdo a Chet Baker y My Funny Valentine, pero take it slowly que me duele, ¿eh?... hace demasiado tiempo que no fumamos, así, en un suburbio tan under, tan oxidado (parece mentira que aún haya xaxis que traigan hasta aquí).


¿Bradbury, dices, así sin más ni más? Hummm, puede ser. Admite al menos que una novela sci-fi no suena de buenas a primeras como "sexual". Al menos no propiamente, los hay más para quienes será inquietante, o al menos interesante (doh!). Chet Baker es más obvio, aunque no lo sea tanto que nos brote desde celdas biomecánicas. Je. Pero suena bien, y excita, bebé, lo dije. Fuma y mejor no digas nada tú que no es necesario, mira.


¿Entrar ahí? Ná, ¿para qué?. El sexo (incluso nuestro sexo) se va cuando Morfeo llega. Mejor quédate un rato más conmigo "aquí". ¿Las comillas? Tú sabes por qué, no me hagas pensar hoy. Y no leas, bebé, please. Haz como si te hablara, como que oímos, como cuando no te conocía a ti ni a este mojado callejón tan jodidamente perfecto, tan... ¿personalizado dices? zado dices? dices? Pues eso, tan personalizado. Haz como que estamos aquí.


¿Deckard? Dicen que sí, que era. No quisiera hablar de él ahora, nena. Aunque yo creo que, rebelde y todo, lo intuía. Tú sabes, Edward James Olmos, el unicornio y todo eso. nio y todo eso. nio y todo eso. Metido. Mentido. Muérdemela.


Y claro que los verbos son los que complican todo. Sí, también hacen que todo funcione, aciertas de nuevo. uevo. evo. Fúmame. ¿Dices que 24 horas desde que dije "fúmame"? ¿Y qué hiciste mientras tanto tiempo? Mala, me miraste estos ojos inertes como si hubiera muerto... y tanto rato, bebé, como si me amaras. Como si no me amaras. Si no fuera casi gracioso sería casi macabro.


O.K., entremos ahí. Tú ganas, yo no me quejo. Pero, ahora te lo digo, sólo nos quedan treinta minutos, desprogramé las cargas de ambos (nos desactivaremos, calculo, en pleno orgasmo). O puedes tú partir ahora mismo, acaso llegues a tiempo a la base. Yo me quedo, es una linda noche para terminar toda esta nostalgia. Porque la nostalgia sólo debiera ser cosa de humanos.


Y es que yo sabía que volver a fumar contigo, aquí, me haría daño. ¿Entonces?

Septiembre

domingo, agosto 31, 2008 en 11:57 PM
Tres para la medianoche. Hola tú.


Es imposible no emocionarme con Alegría, de Cirque du Soleil, cantada por esa maravillosa y rasposa voz que ineludiblemente recuerda a Edith Piaff, pero mojada de mi Arcana indestructible. Imposible, ahora que acaba de empezar septiembre (tardé más de dos minutos en estas pocas palabras) evitar sentirme algo extraño porque es este único septiembre en la vida en el que yo cumplo treinta, dejando de vivirme un joven para caminar en los pantalones largos de un adulto. De un hombre.


Admito no sin algo de candoroso orgullo que, ya sintiéndome cumpleañero, pienso en tus treinta, cuando empezaste el trabajo que condicionó la vida de nosotros tantos, para bien, para mal, para los que queremos olerte y para los que más quisieran desaparecerte... Pienso en tus treinta, en ti, luego en tus treintaitrés; en ella-yo, en ella-ella, en él y en este gatito y esta perrita y en nosotros vosotros ellos. Y en las piedras pienso, Señor, y en las alucinaciones y en las palabras y en estas teclas y en todo este todo y en esta nada también pienso, y hasta tiendo a evaporarme de tanto pensar(los)te, pero vuelvo y luego me vuelvo a evaporar, como en un personal Soplo de Brahma. No te ofendas, es una simple ilustración, sólo tú eres el que es.


Es eso. Sólo quise entrar a este round contigo. Sigo trabajando ahora en mis menesteres. No nos olvides entre los tuyos.

Oxímoron

viernes, agosto 29, 2008 en 12:00 PM
y de pronto sucede que me canso de estar cansado y amanezco súbitamente feliz, celebrando esta mañana nubosa en que parezco haber tirado, al menos por un rato, todas mis preocupaciones a la mierda, y no me falta ni plata ni mina ni té, ni casa ni auto ni gata para el gato que, pasmado ante la brutal realidad de estar viviendo su primer agosto no hace más que llorar, comer y reciclar.

Hoy estoy contento y despreocupado.
Aunque esto mismo es lo que me preocupa,
sospechosamente mucho a un mes de cumplir 30.

Qué descaro, mosquearse conmigo por tan suyo detalle

jueves, junio 12, 2008 en 3:23 AM
Tal vez no debiera contar estas cosas, pues así como escribo este diario, también está en internet mi web de trabajo, lo que pudiera ser poco protocolar.

Pero desde chico me gusta la verdad, más allá de los clichés y de las caras de circunstancia y de las fruncidas sublimes de ceño. Es como que me acostumbré, al punto que si la verdad fuera que Dios no existe, viviría acorde a ello, y me quedaría con los vueltos, y les sacaría dos paquetes de pañuelos desechables a los ciegos habiendo pagado uno (si el ciego en cuestión me cayera un poco pésimo, claro), o simplemente dejaría de pelear tanto con Rodrigo Vives en cuestiones que a los que se dicen agnósticos o los "soy cristiano a mi manera" no les son tan elementales. Por cierto, si la verdad fuera que Dios no existe -y yo lograra loguearme en ella de algún modo- me daría lo mismo que mis clientes me dijeran que no necesitan boleta: vendería más rápido a costa de ese guiño de pícara complicidad como diciendo ¡viejo, también me cae mal papá (fisco), vamos por una chela! Y claramente no se hubiese molestado conmigo Jay-P cuando me pidió que le hiciera la factura a nombre del negocio de su papá y le dije que no estaba bien.
Qué descaro, mosquearse conmigo por tan suyo detalle.
La cosa es que, como el buen Webmaster está ahí -por sobre nuestras conjeturas a su respecto- es esa misma "veritofilia" tan hija suya la que me empuja a escribir sobre tu pantalla que ando más cansado que las reputas, que necesito urgente cinco horitas más en la cama en lugar de cada despertar, así todo chascón, con todas las ganas de diseñar aunque resignadamente consciente de que con sueño no se puede idear una solución gráfica para cada cliente, con una demanda constante de tres clientes por día.
Claro que es mejor quejarse de cansado que de cesante.
Y es que soy uno de los pocos en Conce que puede decir como un modesto titán "yo vivo de la gráfica". Y claro, vivo, pero parece que también vivo para la gráfica y no era tan la idea. Siempre dije que no transaría mi cuota de tiempo libre por el bienestar económico, pero creo que la última vez que me relajé de verdad, al punto de despertar sólo para seguir durmiendo con la dulce placidez de un feto fue allá por 1789. Era una soleada tarde de luna y los gatos afuera ladraban acompasadamente.
La cosa, lector, es que te prometo que un día viviré de mis rentas y me dedicaré a mis fotos y mis textos y a entrevistar a cuanto humano se me cruce en el camino. Hola señora, cuénteme de su vida. Y vamos sacándole fotos mierda y grabando la conversa, donde sea y cuando la vida lo disponga, para que la pobre vieja sea conocida por todos cual si fuera la Marlen Olivari en sus tiempos de gloria. O la Gloria Trevi cuando la gozábamos más que a la Marlen. O que a su esposo, tan raro ese muchacho.
Y es que te prometo que un día los mecenas sabrán que estoy aquí y me dirán, como a Hank, escríbete algo Andros que yo te financio la vida y me llevo la mitad de los créditos (estoy dispuesto a negociar qué tan mitad). (Bueno, es feo pegar dos paréntesis, pero especificado quede que estoy dispuesto a negociar, a secas.)
Me gusta mi trabajo. Mucho. A veces me gusta más mi trabajo que mis volátiles ratos de ocio, pero me carga no saber cómo viene la mano el mes siguiente. Y putas que hay que ir a todos lados para que venga equilibrado: esto no es sinónimo de decente, sino más bien de predecible, tal que permita saber qué es comprable y qué no. Cuántos domingos traerá y cuántos serán comodines de lunes.
Me gusta mi trabajo, no me deprimo, mis clientes me invitan algún que otro café en el Cantabria, que viene siendo ya como una oficina mientras que llega la definitiva, esa con sillas ergonométricas y un bergère y cositas de acero y un cuadro en blanco como el que tan mal aprovechó Yasmina Reza en el texto de su obra Art. Y llave, claroquesí, una hermosa y eficiente llave de titanio. Me gusta conversar con gente de rubros y vivencias distintas, a veces personas buenas, a veces no tanto; a veces empresarios engrupidos con billetera de ABC1 y pegajoso y rítmico léxico C3, otras veces cabros casi como yo, llenos de ideas pero de tiro corto (yo no soy de tiro corto con mis proyectos, los anoto hasta que llegue el apocalíptico minuto en que tenga un mes libre por delante). Me gustan particularmente los gerentes con cara de malo, pero que si indagas un poco te dejan entrever que son más puros que mi gato, y eso que mi gato (nuestro gato, mejor me evito rasguños) es bastante puro porque no es rencoroso ni egoísta ni despectivo como otros gatos que he visto en otras vidas. O como los dos clientes al año que me encuentran todo feo para reivindicarse delante de sus secretarias, porque claramente la redacción de mis cotizaciones o mi uso de palabras "enredadas" como hosting o isotipo los complica generosamente.
Generosamente como ha sido generoso mi desquite, el mismito cuyas causas la citada rasguñadora no siempre dimensiona, porque en tal caso daría como lo mismo que dejara, ponte tú, la puerta del baño abierta o los huevos revueltos no tan sequitos. Lo dije.

(Soy) un loser muy winner

lunes, mayo 19, 2008 en 4:50 AM
Zaeta dice:
vo tení una suerte...


Zaeta dice:
...siempre lo decimos con Tec:


Zaeta dice:
"Andros es un ejemplo para la Comunidad Ñoña:


Zaeta dice:
mamón, computín, canuto ¡y con la mansa mina que es además artista!"


Zaeta dice:
Yo que tú me pego con un cerro en el pecho.

...bajo el vano de la puerta

sábado, mayo 17, 2008 en 4:30 AM
Enciendo mi lámpara. Hojeo el diario.

Respiro.

Son las 4.30 de la madrugada y, como siempre, estoy despierto en lo que en inglés podría llamarse void. Lo siento, obnubilados lectores, pero decidí no ha mucho escribir como necesito, aunque los deje un tanto afuera (los que sean mis coterráneos debieran ser capaces de descifrar algo entre estas líneas). No puedo ya estar siempre transcribiendo a castellano lo que nació de Arcana para que lo lea el pueblo, pues, aunque se suele en esta realidad buscar índices de lectoría, yo debo buscar a mis hermanos. No sé aún por qué, son cosas que nacen de la intuición. Y he pensado harto a su respecto en estos días, en los que he reparado en un valor que anteriormente no le había concedido: es por la intuición que el científico más riguroso, por ateo que se autonombre, conoce que hay algo en su ultramar personal. O en la ultramar universal, en este gigantesco bache negro dentro (o fuera) del cual vivimos, y nos movemos, y somos. No me molestan los ateos, sólo me escuecen los que bajo tal recubrimiento más bien encubren lo que bajo cuerdas claramente se debiera leer en letras pingües y luengas como antiteísmo. O antideísmo, si lo prefieren, no me pidan tanto a esta hora hipnogógica. Pues de todos los credos de ateos que he conocido no respeto más que a uno, conciudadano mío en este cuadrante de la Matrix, llamado Hugo Montesino, quien dijo un lúcido día que si se enterara de que Dios existe "empezaría a predicar, pues". Todos los demás ateos que he conocido tienen alguna herida emotiva cuya implosión viaja directo al epicentro de sus conclusiones y cátedras. Bueno, casi todos, pero tengo sueño (mentira) y no considero que sea el mejor momento para molestarme a mí mismo refiriéndome a los que se llaman ateos por pose. Porque vaya que los hay. Como Depro Rivas que era ateo "porque no me puedes negar que es válido que la mayoría de los hombres inteligentes del mundo lo son". Bueno, ciertamente no es omitible, pero como argumento no faculta mucho al que lo esgrime.

La cosa es que, con todo, hasta a mí y mi fe nos resulta ineludible bucear medio perdidos en esta noche aciaga y callada, en la que me tirita en la retina ver a mi madre despidiéndose de mí agazapando sus emociones bajo el vano de la puerta, luego de una tarde en que comí de su mesa, me abrigué de su chaleco y me pesé de su báscula. Como si su casa siguiera siendo nuestra casa, y yo fuera todavía "el hijo de", así, mantenido y dependiente, y no fuera ya lo que llaman adulto joven, con responsabilidades y cuentas y arriendos y cosas que Eva y yo tratamos en lo íntimo más bien como implantes de memoria y realidades generadas por algo parecido a una computadora a unos cuantos kilómetros de algo semejante a Zion.

Ok, ok, asumo que mi texto más que coherente parece un desvarío de dibujante de comics con síndrome bipolar, pero quería darme el gustito de estamparlo esta noche. Mal que mal, me importa tanto como un "soy ateo porque Nietzche lo era" la posibilidad de que un productor de eventos me descarte por loco. No estoy loco, es sólo que a veces tiendo a despertar.

Felices dos décadas hermana

viernes, mayo 16, 2008 en 12:50 AM
Veinte. Me acuerdo del mío. Bueno, vagamente, pero me acuerdo. Te conocí cuando tenías un cero menos. O sea dos años, y no esperaba entonces que te convirtieras en una mujer tan abacanada, tan de armas tomar. Me causó gracia, esa tarde, en esa ¿camioneta roja? tu parka de astronauta, y me extrañó que salieras morena, cuando yo era una pantruca, te lo confieso ahora que estás grande. Grande y potente, como en el fondo querías ser. Grande, potente y sutilmente solitaria, acaso lo llevamos en la sangre. Claro que tú eres más Vives y yo más Cruz, así que para ti eso de la soledad es más opción y para mí más carga.

Ahora que ya eres grande de verdad, disfruta morena que la cosa se pone entrete. Los diez años que comienzan hoy vienen llenos de metamorfosis. No te acostumbrarás a una sensación cuando aparecerá otra igual de power.

Recibe un beso del hermano que te tocó.

A veces soy invisible

martes, mayo 13, 2008 en 8:50 PM
Como hoy. Lo más choro es que nuestro departamento también es invisible de noche, no se ve si no se hace cierto esfuerzo con la mirada. Yo tampoco me noto mucho (aunque me pese) cuando camino hoy por el centro, llegando atrasado a reunirme con un cliente, que al igual que yo, tiene el celular apagado. Y es que hoy ando tan invisible que hasta yo mismo me he perdido de vista en varios momentos, desde que desperté a tu lado hasta esta hora friolenta en que trato de concentrarme en la web de Mey -motivo por el que, por cierto, apagué mi celular- siendo que no he podido crear nada decente desde que la Leti se fue desencantada de mi trabajo hará ya trece días, más o menos. Y si considero que hoy estamos a trece, le atribuyo a esa tarde anual (una vez al año mi trabajo disgusta, prometo que más no) mi debacle creativa que me tiene este mes con el bolsillo expectante. Te amo.

Paz, cuál

miércoles, mayo 07, 2008 en 11:17 PM
Flotar es caer. Es caminar por el Boulevard Barros Arana y recordar el artículo de la Conozca Más acerca de la locura, que en realidad no es tan cool para los locos, como no fue muy graciosa para Kurt Cobain ni para algún que otro Sábato, Santomé, Depardieu u orates varios de adentro o de afuera, o de cualquiera de las seis caras del espejo (usualmente consideramos sólo dos, pero casi cualquier espejo tiene seis). Es harto linda para rendir homenajes a sus íconos, pero huele a mierda cuando te embadurna el aire.

La foto no tiene nada que ver. Nunca he conocido nada más cuerdo que al Pascual. Sobre todo cuando se nos queda puertas afuera y tenemos que ir a buscarlo a la escalera esa. Puchas que es cuerdo el Pascual.

Compañeros, la vida nos fuma

miércoles, abril 30, 2008 en 1:15 AM
Querido Javier, y todos mis compañeros en ti:

Siempre añoro los momentos que nos reportó haber compartido tantos buenos años como curso, casi como manada, o como cestas silvestres de besos en luenga gestación: era hermoso ver nacer la sensualidad entre un séptimo básico y los delantales tironeados de un furtivo "paco libre", que, todos lo sabemos, no era más que florido pretexto para perseguir con perfecta coartada a las compañeras del deseo. Recuerdo siempre, entremezclado con sueños, el olor de las cáscaras de naranja en un llovido gimnasio viejo, fundido con el perfume del aserrín mojado, las ganas de salir a lloverse, a imaginar el futurista abrigo de varias de las parejas que hoy nos entibian los desvelos. Querido Javier, y todos mis compañeros en ti, cómo no voy a sentir el corazón acezante frente a ustedes, parloteando en un acto cívico sobre cosas de las que poco sabía (o tal vez de las que sabía más que hoy, a medio año de ser el último en volverme "adulto")... Cómo no sentir -sí, más sinuosas incluso- las expectativas que despertaban en nuestros poros la sola palabra gira. Cómo no valorar los abrazos de aliento, cómo no entender que de verdad nacimos juntos, cuando nos aconsejábamos en patota, o cuando peleamos alguna vez con tal o cual. Querido Javier, artífice de nuestra revolución juvenil, del término de nuestra infancia, cómo pretender siquiera que no me importan, cuando recuerdo cosas de cada uno que ciertamente ustedes mismos han olvidado, porque has de reconocer que -si bien para jugar a la pelota nunca fui más que mal agüero- para las memorias tengo mucho que contar.

Querido Javier, se me enredan en la piel y en las pestañas tantas cosas, tantos despertares con olor a zapato lustrado, tantos fonzies y tantos traga-traga, tantos hologramas de batman, tantos igualillos y boletines, tantas señoritas glorias, cariñositos y pedreros, túneles y escondirijos, una que otra invocación a charlyecocincoecocharlyhotel, muchas a los ángeles y a nuestra férrea creencia en ellos, tantas canciones de Roxette y Poison (...give me something to believe in...), tantos chocolates de la María y manzanas de Chule, barquitos de Nelson y pololos de la Melissa, que la sola pretensión de no formar parte de ustedes, y ustedes parte de mí, está agotada por inepta.

No, Javier, los tengo siempre en mí, sueño con ustedes muchas veces (aunque sinceramente no tantas como las varias que he intentado entrar a nuestra sala, acaso en un afán de quedarme a morir, si no tuviera ya otro regazo para hacerlo). Olvidarlos sería negar mi propia historia, y hasta el origen de mi humor inglés (o fome), culpa de David, Yamil y sus secuaces. No los olvido, soy ustedes un poco.

Entonces, ¿a qué sentarme lamentando los quiebres que nos trajo una que otra cerveza de más, cuando ya éramos grandes? Si era buena cuando implicaba ritual, allá por tercero o cuarto, no lo fue más desde que la asumimos como invitada de piedra, y dejamos de medir nuestras lealtades y sus dosis. Y no tengo ganas de aparecerme para abrazar sólo a algunos, menos si dejaré de verlos nítidos después de unos pocos vasos, o ustedes a mí (que es más probable que lo primero).

Querido Javier, y todos mis compañeros en ti, no los olvido. A ninguno. Por lo mismo prefiero imaginarlos cuando éramos impredecibles. Cuando fui alguna vez "el loco Vives", ese que ahora yace insoportablemente responsable y trabajólico y muerto.

Los quiero compañeros, pero no creo que vaya. Salud.

Jacqueline Van Rysselberghe, Alcaldesa de Concepción

sábado, abril 19, 2008 en 4:45 AM
Es fundamental, Concepcionenses, que tengan presente que la entrevista que están a punto de leer fue efectuada a fines del 2005, por lo que algunos detalles aparecerán claramente caducos: Ricardo Lagos figura como Presidente en ejercicio; la trasandina del momento no era Rocío Marengo, sino Luciana Salazar y Luli no era nuestra chilena cantadita, sino la misma obsoleta argentina. Finalmente, la mismísima doña Jacque sale diciendo que nunca ha pensado en la presidencia. Caduco. Ya, lean. Una vez que terminen revisen su biografía en Wikipedia.

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Yo no conocía al periodista Miguel Sepúlveda, pero resultaba muy afable al teléfono. Con no muchas esperanzas, había llamado a la Municipalidad esperando uno de los normales "llame más tarde" que pocas veces pretenden que uno realmente llame más tarde, así que no tenía mucha ilusión de que la voz del otro lado fuera accesible. Pero lo era. Aproveché entonces para contarle acerca de Conce.net, y como me dijo que estaba frente a Internet le hablé hasta de nuestro fotolog del año pasado. Cuando vio ahí la foto de la alcaldesa dijo "bah, si esa foto la tomé yo". Mentalmente sólo respondí "ups".

Aproximadamente a las 4:20 PM de un jueves 6 de octubre 2006, gracias a su buena disposición, un señor le lleva una taza de café a nuestra edil, y a mí, como siempre, un té. El problema es que nunca dijo nada acerca de la ubicación del azucarero (tampoco quiso saber si me gustaba con canelita o clavos de olor, lo cual era esperable). Bebo un sorbito. Está amargo, así que digo:

¿Al hueso?
Al hueso.

Su nombre completo
Jacqueline Van Rysselberghe Herrera.

¿Por qué no tiene segundo nombre?
Porque mi mamá me quería poner Gislaine, que es de origen europeo, pero mi papá, cuando me fue a inscribir al Registro Civil, no supo cómo se escribía.

¿Su edad real?
40 años.

¿Y su edad mental?
¡40 años! (ríe) Gracias a Dios no tengo conflicto.

Me dijeron que tiene hartos admiradores, ¿es verdad que le envían cartas a la Muni y todo?
Hay de todo, hay de todo.

¿Hay decisiones con exceso de estrógeno que influyan en todos los Concepcionenses?
No lo creo.

Pero usted ha acentuado el embellecimiento de la Ciudad
Pero eso tiene que ver con que soy una convencida de que la calidad de vida no pasa sólo por la vivienda o los pavimentos, sino también por un entorno digno, por la calidad del esparcimiento... calidad de vida es poder disfrutar de ella, lo cual es más que mera infraestructura.

Lo que piensa en la mañana cuando se levanta
Doy gracias a Dios.

¿Cómo le cae Jesús?
Me cae bien, si no, no trataría de portarme como él dice (risas).

¿Su principal defecto?
Creo que ser un poco obsesiva, pero considero que también es mi principal virtud, porque yo diría que genera perseverancia en las cosas, fortaleza para superar las dificultades, a la vez que en algunas circunstancias puede ocasionar malos ratos, o hacerte dejar de lado otras cosas que también son importantes por estar persiguiendo cosas que en ese minuto te llenan la mente y el corazón.

¿Y lo obsesivo no tiene relación en psiquiatría con defectos o rasgos patológicos?
Yo no creo que haya defectos en sí mismos, sino características, que dependiendo de las circunstancias pueden ser bien o mal usadas.

¿Se arrepiente de haber invertido demasiado tiempo en algo que al final no dio fruto?
Mira, yo creo que uno tiene que poner el mejor esfuerzo para que las cosas resulten. Si aun de ese modo, no funcionan, será, de alguna manera, porque Dios así lo quiso.

¿Alguien por quien sienta rechazo?
A mí me genera mucha incomodidad la gente desleal y la gente arribista.

¿Entendiendo por arribista...?
A las personas que se acomodan al poder, o a la situación social, o que quieren de alguna manera congraciarse con el poder o la situación social, cediendo muchas veces sus propios valores y creencias.

Lo que más le gusta hacer los domingos
¡Ah! ¡Quedarme en la casita con mis hijos y mi marido!

¿Durmiendo hasta tarde?
No, no tanto. No duermo hasta tan tarde. Más bien regaloneando.

¿Perros o gatos?
Perros.

Lo que piensa acerca del matrimonio

Que es (dice con solemnidad) entre un hombre y una mujer, en primer lugar; que es para toda la vida, y que es la institución generada para poder formar una familia y para tener hijos.

Más que un papel
Mucho más que un papel. Es el hogar de los niños.

Un mensaje para el Presidente Lagos
Que en Chile (dice enérgicamente) vivimos once millones de chilenos fuera de Santiago.

Un mensaje para el Papa
Que me llama mucho la atención la convocatoria que tiene en los jóvenes, cuando se supone que estamos en un mundo que es cada vez más hedonista y menos apegado a los valores, que es lo que se transmite por televisión.

Un mensaje para el Concepcionense C2
Que hay que dar gracias a Dios por la ciudad que tenemos (responde, luego de sonreír con mis leseras); ciudad que te permite una calidad de vida buena, que te permite ir a almorzar a la casa, tener un campo laboral con proyecciones; una ciudad que está en crecimiento y que, a la vez, presenta una serie de virtudes que te permiten llevar una vida familiar de calidad.

¿La han asaltado alguna vez?
Sí. Adentro de un negocio.

¿Qué se siente?
Lo que me tienes que preguntar es qué sintió el ladrón (ríe un par de carcajadas. Me voy dando cuenta de que es dada a reír bastante, lo que hace la entrevista bien agradable)... Estaba en un café, embarazada, en el tiempo que era concejal, y me robaron la cartera. De repente veo al ladrón, salí persiguiéndolo, grité como una enajenada; la gente empezó a hacerle zancadillas, el tipo se cayó, lo agarraron los carabineros que llegaron con mi grito y lo tomaron detenido... La pregunta es qué debió sentir él, con haberse equivocado de víctima.

¿Sufrió usted algún rasguño?
Yo no. Tal vez él sí.

¿Hay algo en particular que le inspire ternura?
Los niños. Los niños chicos.

Los siquiatras en Concepción ¿tendrán más trabajo en cinco años más?
Yo creo que sí. Creo que en la medida que las personas van perdiendo el sentido de trascendencia se van llenando las salas de los siquiatras.

¿Se está olvidando de Dios la gente?
Exactamente. Es bastante angustiante tener una vida finita, que a veces no tiene mucho sentido, y que termina ahí no más.

¿Se ha hecho alguna vez una prueba para conocer su CI?
No.

¿Aún siendo siquiatra? ¿De verdad de verdad?
De verdad verdad verdad. Ni me lo haría. Nooo, (y vamos riendo) ¿para que después no salga todo lo bueno que yo esperaba?

Y, a vuelo de pájaro, ¿qué puntaje cree usted que tiene?
Yo creo que soy una persona normal, capaz de entender las cosas que me dicen a la primera, y, por lo tanto, que cuando no entiendo algo, asumo que no me lo han explicado bien.

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(Como no soy periodista, eso de mantener mis apreciaciones al margen me tiene sin demasiado cuidado. La alcaldesa dice creer ser una persona intelectualmente "normal", pero no lo creo. A la gente inteligente la destreza suele notársele tanto en los ojos como en la forma de hablar, y esta mujer mira claramente, arrojando palabras con una relajada firmeza propia de quienes, o bien piensan más rápido, o mejor, o las dos cosas juntas.)
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La rama del arte que más le gusta
Me gusta la música (resuelve, luego de dudar un momento). En general, toda.

¿Ochentas?
Sí, sí.

¿Laura Branigan?
Sí, sí.

Lo último que la hizo reír a carcajadas
Hace un momento, comentando acerca de la película Psicosis, yo decía que eso ¡es para gente muy antigua! ¡rara!

Pero Psicosis fue...
¡Fue poh!

Y lo último que la hizo llorar a mares
No lloro mucho, la verdad. No he tenido muchas cosas por las cuales llorar, gracias a Dios.

Usted se ríe harto, me he dado cuenta
Es que creo que en la medida que uno es capaz de mantener el sano humor, reírse de uno mismo, se mantiene la capacidad de disfrutar la vida y, además... nada es tan grave.

¿Alguna persona que debiera ser abofeteada a poto pelao en la Plaza?
Pienso en varias, pero no las voy a decir.

¿Qué siente por su papá?
Un amor inmenso y una gratitud enorme. Tanto por mi papá como por mi mamá: Soy lo que soy gracias a ellos, gracias a la enseñanza que me dieron, a los valores que imprimieron en nosotros, en nuestra crianza. El me enseñó el valor del trabajo, de la solidaridad, de la amistad, de la familia. Mucha gratitud y amor, nada más.

¿Qué piensa cuando oye eso de "todos los políticos son unos ladrones"?
Lo encuentro un poco injusto, porque en todas las ramas donde hay seres humanos los hay buenos y otros que no se portan bien.

¿Algún deporte?
Fui campeona nacional de atletismo. Cuatrocientos metros planos. Se requiere rapidez y resistencia al mismo tiempo. Dos virtudes necesarias para la política.

Una página web
Las que normalmente visito son las de noticias, como Emol.com

Lo que le gusta del cuerpo masculino
Los ojos y las manos. Son cosas que demuestran la personalidad de la persona.

¿Y como actitud?
El buen sentido del humor.

¿Qué de un hombre hace que pierda el encanto?
Que sea egoísta.

¿Y que deje la tapa del WC arriba?
(Grave) Todos los hombres hacen eso.

Yo creo que el problema es que todas las mujeres la dejan abajo. (Risas, pero sólo mías, así que me siento algo tonto) ¿Le gusta algún restaurante de Conce?
No (me responde), porque cuando como rápido traigo comida acá.

¿Cómo mantiene esa sonrisa? ¿Colgate Whitening?
Lo que te decía. Las cosas buenas pasan porque Dios las permite y las malas también.

En realidad me refería a lo blanquita de su sonrisa
¡Ah! ¡Me lavo los dientes! (Risas, risas, risas).

¿Cuánto calza?
37.

¿Su tema de conversación más detestado?
El pelambre.

¿Una película?
Duro de Matar.

¿Cuál?
Las tres.

¡Excelente! ¡Bruce Willis es lo máximo!
Sí, es muy entretenido.

Es que si le pegan le duele, siempre queda lleno de sangre. ¿Algún sentido de identificación con el título?
Nooo.

¿Un libro?
En general me gusta leer novelas, no libros muy profundos. Ahora estaba leyendo "El Zorro", de Isabel Allende (punto para Doña Jacque: El Zorro es mi superhéroe preferido. Mil patadas para Hulk y los 4 Fantásticos). También la serie de Los Reyes Malditos, que es la historia de los reyes de Francia.

Una canción
Color Esperanza, de Diego Torres.

Un escritor
John Graham.

Un olor
Membrillos.

Una fruta
Melón.

¿Calameño o...
Calameño.

Un plato
Bistec a lo pobre.

Feriado favorito
Todos los fines de semana largos.

Una flor
Las rosas.

¿Rojas? ¿Blancas? ¿Té?
Té.

Una frase
"Dios siempre sale al encuentro de los que lo buscan."

Un chiste corto
¡Se me olvidó!Me sabía uno de los gallegos que me mandaron ayer por mail, pero se me olvidó.

¿Y uno de emergencia?
Te digo al tiro...

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(Se vuelve hacia su computador, y REALMENTE busca el chiste, pero su pantalla aparece llena de iconos, así que dice:)
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No me acuerdo de ningún chiste. Soy súper mala para los chistes.

¿Qué le gusta beber?
Whisky Sour.

Lo que menos le gusta de su vida y lo que más.
A mí mi vida me gusta completa. Uno es como el día y la noche.No se puede disfrutar del día sin conocer la noche.

¿Y recuerda alguna noche de su vida en particular?
En general no podría decir que tengo días oscuros.

Cantante, actor, actriz o modelo de quien le gustaría ser amiga, o tomarse un Whisky Sour con él
Me gustaría conocer a Carolina Arregui. Me parece muy simpática, muy dije.

(En ese momento recibe una llamada telefónica, que contesta con tono firme:
"No, ¡por-ningún-motivo van a instalar ropa en la Plaza de Armas! ¡Cómo van a colgar un tendedero en la Plaza de Armas! ¡Eso jamás ha sido...! ¡Diles que si quieren lo pongan, pero que NO VAN A CONTAR CON MI AUTORIZACION! ¿Me puedes decir qué tiene de estético andar colgando calzones en la Plaza de Armas?" Yo le comento que tal vez el proyecto se llama CalzoneArte, ahora que cualquier tontera termina así. Ella se ríe, saliendo un poco de su molestia. Reanudamos:)
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¿Cómo le gustaría morir?
En paz.

¿Alguna muerte específica?
De viejita. Dormidita en mi cama.

Lo más lindo que le han dicho en su vida
Cuando me iban a llevar presa por lo de los profesores, una de mis hijas chiquititas, la Valentina, que tenía mil pesos guardados se acerca y me dice "toma, mamá, para que les puedas pagar a los profesores".

Un mensaje para su mejor amiga
Es que a los mejores amigos uno no les manda mensajes. Ellos están no más, y están siempre.

¿La raíz de todos los males es la pereza?
No, no creo que sea. Yo creo que es la soberbia.

Yo creo que es el egoísmo.
Es que el egoísmo es consecuencia de la soberbia, que es creerse el centro del universo.

¿Es esotérica?
Un poco.

¿Le gustaría ser Presidenta de Chile?
No lo sé (sonríe con picardía).

¿Y si se lo propusieran?
Es que no, no sé. Nunca me he puesto a pensar en esa posibilidad.

Pero ya sabe que algunos ya le echaron el ojo para eso
Yo creo que eso -fíjate que me hace sentir súper orgullosa- es un reconocimiento a la labor que hemos hecho. Lograr un reconocimiento nacional desde una región es súper difícil. No sólo por mí, sino por la gente que conmigo trabaja, hace que me sienta súper orgullosa.

¿Se tomaría un Whisky Sour con Michelle Bachelet?
Sí, pero no sé si lo disfrutaría.

¿Alguna especialidad culinaria?
Arroz a la valenciana.

Tres deseos
1. Que mi familia esté bien;
2. que pueda criar a mis hijos para que sean personas felices el día de mañana;
3. que a nosotros con mi marido nos vaya el descueve en lo profesional y familiar.

¿Conce sería el cuarto deseo entonces? (Pongo cara de Johnny Bravo)
¿El cuarto? ¡Que arrasemos en la próxima elección!

Un personaje histórico que le guste
¡La Javiera Carrera porque era la abuela de Bombal!

¿De verdad?
De verdad.

Y bailaba la Refalosa
Y bailaba la Refalosa.

Algo que tiene puesto siempre y no se saca ni cuando se baña
Mis collares.

¿Qué hay en las paredes de su pieza?
Puras ventanas y la imagen de un Cristo.

¿Crucificado?
No. Es la silueta, la cara.

¿Jesús está vivo o muerto?
Para mí esta vivo.

¿Y en general?
Vivo.

¿Enamorada?
De mi marido.

¿Se ha emborrachado alguna vez?
Tanto como emborracharme no (ríe) pero sí me he mareado más de una vez.

¿Fuma cigarros?
Nada.

¿Y alguna vez se ha fumado un pitillo por ahí?
Un par de veces cuando estaba en la Universidad.

¿Le gustó?
No. Fumé básicamente por probarlo. Lo que pasa es que tenía muchos amigos que eran buenos para la marihuana, pero no me gustaba la onda que tenían, porque no eran capaces de pasarlo bien si no estaban volados.

¿Ha chocado alguna vez?
Varias. Gracias a Dios sin daños ni a mí ni a terceros.

¿Se bajó el otro y le dijo "ojalá tenga seguro"?
Sí. Una vez iba estornudando (se dirige en ese momento a Miguel, que viene entrando y le dice), mira, trata de estornudar con los ojos abiertos... en uno de esos lapsos cambiaron la luz del semáforo y ¡paf!

¿Ha ido a acampar?
Uuu, hace mucho.

¿Luciana Salazar?
Me da lo mismo.

¿Se considera especial?
Osbio. Todos nos consideramos especiales creo yo.

¿Le teme a algo? ¿Tiene seguro de vida?
Tengo. Más que miedo, no me gustaría morirme con mis hijos chicos.

La última vez que oró o rezó
Hoy en la mañana.

¿Como dos minutos?
¿Como veinte, puede ser?

¿Tom o Jerry?
Jerry.

¿¿Por qué todas las mujeres dicen Jerry??
¡Porque Jerry es más inteligente que Tom!

¿Tú, Miguel, qué dices?
La verdad es que me gusta más Jerry también.

¿Vienesas o hamburguesas?
Hamburguesas.

¿Sprite o Quatro?
Coca-Cola.

¿Coca-Cola o Ginger Ale?
Ginger Ale.

¿Con hielo?
Con limón.

¿Algo al viejo pascuero en esta navidad?
Poder irme de vacaciones de nuevo.

Lo mejor que existe
La capacidad de reírse.

¿Qué se imagina haciendo en diez años más?
En diez años más... (risas maquiavélicas) ALCALDESA DE CONCEPCION.
Se le va a caer el pelo a la mitad de la gente que lo lea.

¿De verdad le gustaría?
A mí me gusta mucho la pega que hago hoy día. Mucho mucho mucho. Me entretengo mucho además.

¿Qué hay debajo de su cama, además de pelusas?
Espacio.

¿Qué parte de su cuerpo le gusta más?
Mis ojos.

¿Qué le gustaría cambiar?
Mis pies (risas). Tengo pie plano.

¿Las tormentas le gustan o la asustan?
No, no me gustan.
No es que me asusten, pero con las tormentas hay emergencias, y las emergencias son las que no me gustan.

Su epitafio
No sé, no sé. Tendrán que pensarlo mis hijos.

Un dato de cocina
No sé. Es que no soy muy buena para la cocina.

Un dato de sexo

¡Amor! ¡El mejor afrodisíaco!

Algo para los evangélicos que se oponen a las esculturas católicas sobre el puente Llacolén
Básicamente que no entiendo mucho la postura. Primero, que no vayan en contra mía porque no tengo nada que ver en el tema. Ni siquiera lo hemos aprobado o rechazado ni nada porque es un proyecto del Serviu. Y segundo, que es un tema que ha sido malinterpretado, porque el Padre Hurtado, más allá de su beatificación, es una persona que ha impulsado políticas sociales que han sido seguidas por el gobierno. No creo que haya mucho de malo en generar reconocimiento a personas que han llevado el valor de la generosidad, la solidaridad y el amor más allá de las conductas normales de cualquier persona que lleva una vida religiosa.

Asocie estas palabras. Granjeras (por el Reality):
Fomes, fomedad.

Lavín:
Próximo Presidente de Chile, si Dios quiere.

Concepción:
Una ciudad maravillosa.

Ricardo Lagos:
Soberbia.

Cafés con Piernas:
Denigrantes.

Brochetas:
Pisco Sour.

Jacqueline Van Rysselberghe:
Alcaldesa.

¿Cómo le caí yo?
¿Bien? No, bien.
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Y se ríe una vez más para apurarme un poco porque viene llegando el Gobernador, así que me tengo que ir. Y claro que me voy contento, si alcancé a preguntar todo menos por el azucarero. No importa. En el concho de la taza estaba el azúcar, así que igual me voy con un buen sabor en la boca. Gracias Alcaldesa. Gracias Miguel.

Miro la pantalla negra del PC...

miércoles, abril 02, 2008 en 3:57 PM
...y me dan ganas de chutear la cabeza del tipo que aparece reflejado. Varias veces.

Cosas de "indios"

sábado, noviembre 03, 2007 en 6:00 PM
Los jíbaros (o shuar, que es como se llaman en realidad) consideran salvaje nuestra práctica occidental de diezmar poblaciones enemigas mediante armas de destrucción masiva, y más, a kilómetros de distancia. Dicen que "nunca mataríamos a alguien que no conociéramos personalmente". Lo acabo de ver en la tele y quiero dejarlo "impreso" para que nunca se me olvide. Cosas de "indios".

Fragmento de El Lobo Estepario

en 4:27 AM
"¡Ah, es difícil encontrar esa huella de Dios en medio de esta vida que llevamos, en medio de este siglo tan contestadizo, tan burgués, tan falto de espiritualidad, a la vista de estas arquitecturas, de estos negocios, de esta política, de estos hombres! ¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro moderno; no puedo comprender qué clase de placer y de alegría buscan los hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni compartir todos estos placeres, que a mí me serían desde luego asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y se agitan. Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de placer, lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento."

No me creas (Alberto Plaza)

jueves, octubre 18, 2007 en 5:20 AM

No me creas cuando digo que el cansancio esta venciéndome, no creas
si por un momento dejo de nadar en este río nada manso

No me creas cuando el mundo se derrumba ante mis ojos, y no aguanto
No me creas cuando sientas que este frágil corazón se ha vuelto de metal

Dame un beso cuando veas que la fuerza se me fue
Y verás que me levanto pues un beso tuyo cura todo, cura todo

Cuando el aire cruza raro entre los árboles de mi alma, tú no creas
Se podrán mover algunas hojas pero siguen firmes las raíces

Dame un beso y alíviame el dolor de estar tan vivo
Y verás que es pasajero pues un beso tuyo cura todo, cura todo

Dame un beso y aferrate conmigo al paso de los años
Y abrígame que hay frío el resto del camino,
y sólo un beso tuyo puede ser mi abrigo

Tatez

viernes, septiembre 07, 2007 en 1:11 AM
Venus y los horóscopos chinos y de los otros y el vigor y la juventud y las luces y los aplausos y las guirnaldas y las guedejas y los zarcillos y la nozhe (sic, non nosce) y los mariscos y las pantys y las conversaciones intervenusinas y las copas vinusinas y los cigarros enrruchados y las revistas y las yos disconformes con nuestras enhiestas bellotas plenas de cavernosa intrascendencia martiana y el arte en la Galería Animal oye y el misterio de las gordas fenicias de arcilla y toda su pachamama contenida y las grutas las rutas las putas las frutas las mutaciones desde príncipe azul a rey cianótico que ojalá se muera luego para abrirle las puertas al más gañán galán de los vasallos con su puntúa ganzúa de besos convexos con versos inconversos porque si bien no todas las mujeres somos iguales -dirían todas las mujeres- a todas les termina espantando la encarnación de lo que ansiaron por partes en espantapájaros diversos (di versos).

Soy un tipo fome, un tata, me carga la nocturnidad y la juerga, y me encantan mis pantuflas ¿es pecado eso, joer?
¡Yayoi! ¡Yayoi! ¡Yayoi!

Listo. Qué rico es escribir. Se exponen así las palabras más fondeadas, se depositan ordenadas delante de todos y aun así, curiosamente, se vuelven tupperware textual más blindado que antes. Mientras más abierto, más cerrado queda. Touché, y gracias por la paja.

Dos hombres solos en un comedor

lunes, agosto 20, 2007 en 5:33 AM
Tal vez alguien lea esta botella con letras madrugadas
(es difícil ver a alguien desde este faro).

Una vez pasé una navidad junto a mi abuelo
(mi madre estaba vetada, sólo era mi vida y la de él).

Esa nochemala concluí que dos hombres solos en un comedor
pueden estar casi más solos que estando solos solos.

Pero este faro este faro este faro
y el árbol de Teillier unos tres patios a la derecha

pero esta noche (como leía este día:
"espantosa en su semejanza" con cada otra noche)

pero ver a la pequeña gigante entre trescientos mil santiaguinos
y no sentirlos, y querer siempre el útero de Dios como si fuera un poncho de castilla
bajo el aguacero cortante de este sofocante invierno
en que Sting no deja de recordarme que está en mi triste esencia de alma en pena con jeans.

No es poema, son puras palabras. No lo juzguen bien o mal escrito
mejor háganme cariño rozándome las manos de ermitaño.

Entrevista a Pablo Striano, actor de Alguien Te Mira

jueves, agosto 02, 2007 en 9:53 PM
Plagiando sin mayor pudor el formato de entrevistas vía Messenger de la Zona de Contacto (Zona.cl, publicación ícono para quienes fuéramos adolescentes en la algo más culta y menos electrónica década de Nirvana y Radiohead), entregamos a nuestros lectores concepcionenses, de modo exclusivo, una conversación sostenida con Pablo Striano, el detective Carvajal en Alguien Te Mira (y protagonista del próximo Mea Culpa, donde hace de malo). Quién es, qué hace y por qué lo hace -y de paso algunas verdades respecto al teatro en Conce y regiones- es lo que nos contó en las líneas siguientes.

_________________________



Pablo Striano dice:
Antes necesito saber por qué la entrevista, su objetivo y dónde se publicará.

Andros dice:
Ah.

Andros dice:
Porque estás de moda / Porque quiero saber tu versión oficial de ti mismo / Se publicará en el blog de Conce.net (obviamente tienes derecho a permanecer callado y a pedir que omita alguna pregunta con su respuesta.

Pablo Striano dice:
No, está bien. Acerca de "estar de moda", no estoy ni ahí porque creo qué no es así. Si lo dices por la tele, es una hueá circunstancial que no me la banco. Un trabajo más; aunque entiendo eso de la exposición, más aun cuando a la teleserie le ha ido bien. Me siento agradecido de estar ahí. ¿Quién soy? No sé a dónde apunta la pregunta. Sería largo responderla en general.

Andros dice:
¿Y en brainstorming?

Pablo Striano dice:
Un ser humano más.

Andros dice:
¿En algún momento pensaste que la asesina sería la Comisario Zanetti (Paola Volpato)?

Pablo Striano dice:
Nosotros no sabíamos quién era el asesino hasta días antes de saberlo el espectador. Es más, en los guiones que recibimos los actores había escenas confidenciales que luego te las entregaban en un sobre sellado. El canal fue extremadamente cuidadoso con ello (ni Rudolphy lo sabía). Cualquiera de nosotros podría haber sido el cazador.

Andros dice:
Isis Baeza -el lado femenino de Conce.net- es mi mejor víctima y ex alumna tuya. Hace días que ella cachaba que era Rudolphy (aunque sus hermanos y yo pensábamos que eras tú). ¿Qué mujer de la actualidad nacional sería la tuya?

Pablo Striano dice:
Ninguna. Me gustan demasiado.

Andros dice:
No seas tacaño, sácale una tripita que sea a alguna.

Pablo Striano dice:
No, de verdad, no tengo cosas pendientes con nadie, afortunadamente.

Andros dice:
Eso es bueno. ¿Pensaste que podías haber sido tú? En la serie eres el tipo piola pero enérgico, y uno de los pocos con acceso a todos lados.

Pablo Striano dice:
Es que por norma, un canal de televisión jamás le va a dar el protagonismo a un rol secundario, menos a un actor como yo, clase B, que no es rostro, que no es nadie para el mercado. Aun así, digo el último texto de la teleserie, je.

Andros dice:
¡Algo así quería saber!

Andros dice:
¿Sientes que -con la capacidad de trabajo que yo mismo te he visto- papeles secundarios te farrean un poco? Por ejemplo, en Los Treinta tu papel era conceptualmente brillante, pero en términos estrictos te lucieron poco.

Pablo Striano dice:
Mi rol en Los Treinta fue increíble, me encantó, marcó un hito en la tele. Fue un trabajo de actuación dirigido exclusivamente para mis compañeros, no para la cámara. Sólo ellos apreciaron y reconocieron mi trabajo, pues les estaba siempre de frente (y de espaldas al espectador), lo que fue un trabajo de apoyo genial. El público estaba intrigado porque quería verme la cara y e

Andros dice:
¿Y e?

Pablo Striano dice:
Y el canal no le dio en el gusto. Genial.

Andros dice:
¿Alguien nos está acuchillando el Teatro en regiones o el bisturí que se entrevé es una especie de cesárea?

Pablo Striano dice:
A ver, en primer lugar, los capitalinos NO TENEMOS FACILIDADES. Al contrario, la lucha por trabajar es salvaje. Piensa que cada año EGRESAN 400 ACTORES DE LAS 40 escuelas de teatro que hay. La competencia es feroz. Respecto a regiones, yo conozco Conce y trabajo dirigiendo una escuela de teatro en Serena. Creo que en regiones los artistas no se la juegan, tienen los ojos puestos en Santiago y no cachan que en regiones está todo por hacer. Los colegas de regiones son responsables de levantar la actividad allí.


Andros dice:
Pero el peso de aparecer en pantalla es innegable...

Pablo Striano dice:
Sí, es verdad, pero eso no tiene ninguna relevancia frente al enorme talento que hay en regiones. La pantalla es circunstancial, las regiones SON EL ALMA DE CHILE.

Andros dice:
Ejem, gracias. A propósito de Conce, ¿cómo ves el futuro de la cosa teatrera en para nuestros próximos 10 años? Dime algún nombre de acá que sonará el 2017.

Pablo Striano dice:
En la medida de que se den cuenta de que la historia de Chile está escrita fundamentalmente desde las regiones, todo cambiará. ¿Nombres? De los que yo conozco en teatro y que fueron mis alumnos, creo que la Belén (Mora) y el Seba (Torres) serán gente de teatro que dará qué hablar a corto plazo, con todos los demás que aportan con su trabajo, incluyendo a la Isis.

Andros dice:
Sorry, debo preguntarlo: ¿Qué piensas de los opinólogos?

Pablo Striano dice:
Chucha ¡qué pregunta! En fin. Los opinólogos son un producto comercial y desechable creado por la tele farandulera que expresa su indiferencia respecto de lo que realmente importa. Son una pena. Dan pena.

Andros dice:
¿Y cómo lo hacen los actores para evadir las portadas de Las Ultimas Noticias?

Pablo Striano dice:
En mi caso es sencillo: Yo no le importo a Las Ultimas Noticias, aunque me entrevistaron a propósito de mi rol en Los Treinta. No sé cómo lo hacen mis colegas top. En todo caso NO LEAN LAS ULTIMAS NOTICIAS.

Andros dice:
Oye Pablo, y en esta época de adaptación de productos-audiovisuales-foráneos-archiprobados ¿Qué personaje-ícono te gustaría "reencarnar"?

Pablo Striano dice:
Soy agradecido de lo que el teatro me ha dado: Las oportunidades de trabajo que tengo, hacer clases, dirigir una escuela, actuar en cine chileno, en la tele, dirigir, en fin. Si lo que me ofrecen es bueno y tengo capacidades, lo tomo. No tengo preferencias.

Andros dice:
Profe Striano, pongamos nota. Héctor Noguera.

Pablo Striano dice:
Un 100. Por su capacidad de trabajo, por su pasión por lo que hace, por su entusiasmo y porque cree en ello. Por lo que le ha entregado a Chile... lo respeto, fui su alumno en la Católica, y bien, se ha desarrollado ene.

Andros dice:
Javiera Contador.

Pablo Striano dice:
Una lata.

Andros dice:
Cristián Campos.

Pablo Striano dice:
No comments.

Andros dice:
Jorge Zabaleta.

Pablo Striano dice:
Un producto desechable.

Andros dice:
Luz Valdivieso.

Pablo Striano dice:
Una gran actriz y compañera de trabajo. La admiro profundamente.

Andros dice:
Francisco Pérez-Bannen.

Pablo Striano dice:
Casi igual.

Andros dice:
Fernando Kliche.

Pablo Striano dice:
¿Quién es Fernando Kliche?

Andros dice:
Alvaro Rudolphy.

Pablo Striano dice:
Actorazo. He aprendido mucho de su trabajo en la tele.

Andros dice:
Pato Torres.

Pablo Striano dice:
Un buen comediante.


Andros dice:
Paola Volpato.

Pablo Striano dice:
¡Qué sé yo! La adoro. Fue una gran compañera, excelente actriz, súper profesional. Me encantó conocerla y aprender de ella. De verdad la Pao es la raja.

Andros dice:
Pablo Striano.

Pablo Striano dice:
Uf. Una persona común y corriente que ha dedicado su vida al teatro, con humildad y honestidad, agradecido de la vida.

Andros dice:
¿Y con quién de ellos te irías a un tour por Egipto?

Pablo Striano dice:
Con la Paola Volpato, evidentemente. Rica.

Andros dice:
Mish. Pregunta de rigor: La última página web que visitaste.

Pablo Striano dice:
La de mi banco, Bci.cl, para cachar mis deudas.

Andros dice:
Suelta algo con chipe libre.

Pablo Striano dice:
Quiero enviar un abrazo a mis amigos de Conce, sobre todo a mis ex alumnos y ahora colegas, para decirles que SOLO EL TRABAJO Y LA PERSEVERANCIA son las claves para poder disfrutar del trabajo para el cual nos hemos formado. En las regiones está la papa, insisto. Y espero volver pronto por esos lados y tomarme un copete con ustedes. Un abrazo, Isis y Andros. Gracias por la entrevista. Soy un actor clase B.

Andros dice:
A ti, Pablo. Pero oye, al tour con la Volpato
¿irías con el cuchillo de Rudolphy por siaca?

Pablo Striano dice:
No, con el mío.

Reinaldo Ormeño, Músico Callejero

lunes, julio 23, 2007 en 12:11 PM
Otra entrevista re-publicada en Conce.net que vale la pena considerar: uno de los eternos integrantes del grupo que los Concepcionenses solemos llamar "los Illapu de Conce" nos cuenta algo de su historia personal, sus puntos de vista y una legítima apreciación acerca de la música callejera en Chile y sus variados ribetes. Lean.

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Soy Reinaldo Ormeño. Ormeño Palma. Mi mamá se crió en Tomé y mi papá, Profesor de enseñanza Básica y Música, acá en Concepción. Aunque tengo una muy buena relación con mis viejos, no sé mucho de sus vidas amorosas cuando eran adolescentes, así que no tengo muy claro cómo se conocieron.

Nací en Yumbel, viviendo mis primeros años de infancia entre esa ciudad y Monteáguila, luego nos vinimos bruscamente a Conce y, bruscamente también, a Santiago después. Fuimos unos gitanos por el trabajo de mi viejo. Más tarde, como a los catorce años, volvimos y nos establecimos acá.

Mi vida familiar se vive en la mañana y la noche. Me levanto todos los días como a las ocho y cuarto de la mañana, porque estoy acostumbrado, y me fumo un cigarro y canto. Vuelvo a las nueve o diez a mi casa, donde están mi polola y mis viejos esperándonos a todos con la comida calientita, porque el argentino vive con nosotros, y me pongo a jugar un naipe con ellos. Son cariñosos. Yo creo que el día que no haya gente en esa casa se van a morir, porque están acostumbrados a que haya vida en la casa.

Nunca pensé que las cuatro personas que la gente está habitualmente viendo cantar en el Paseo Peatonal, frente a Falabella o afuera del Diego Portales (que somos Claudio Rabanal, un amigo argentino llamado Daniel Morón, mi gemelo Alvaro y yo), íbamos a terminar siendo los que somos y sonando como a mí me gusta, porque nos ha costado harto tener estabilidad, lo que significa surgir como grupo, confiarse cosas, ir renovando equipos, mantenerse ensayando ahora para una tercera producción... ¿Expectativas ahora? Viajar, porque está el tiempo bueno, trabajar en el sur y luego en el norte. Sueño pendiente es hacer música en Europa. No podría decir que es un sueño frustrado (salvo porque ya no somos tan jóvenes: tengo 32 años y la voz se va gastando) porque todavía pensamos realizarlo, y tenemos amigos adonde llegar por todo el mundo. Me considero un hombre visionario, y tengo hartos planes que no puedo contar, porque a veces así no resultan.

El lado bueno de Concepción es que es una ciudad bonita, demasiado atractiva, sin referirme tanto al Paseo Peatonal en sí, sino a la Región, en la que tenemos ríos, lagunas, lagos, acceso directo a veranear... La política es siempre la que va a hacer desmerecer las ciudades, porque son esas las personas que echan a perder los pueblos o te hacen tener de ellos una mala referencia. En ese aspecto, las municipalidades nunca se han entregado cien por ciento a la cultura y a rescatar lo propio que tienen, dando los permisos como por obligación, y no por todo el año. Ahora, por ejemplo, viene navidad y año nuevo, que es cuando nos van a empezar a sacar como todos los años, para que la gente no se aglutine. Carabineros, eso sí, ha cambiado bastante la postura -aunque no falta la excepción- teniendo una actitud en general muy buena hacia nosotros.

Como mensaje a los lectores de Conce.net comentaré que hay mucha gente que se pierde culturalmente en la región, habiendo al mismo tiempo muchas otras personas que podrían resultar un buen apoyo para ellas. Nos llega tanta mierda de música al país, como el sound o el axé, que no es ningún aporte y termina envolviendo a los cabros chicos. ¿Por qué no les pones mejor a un Víctor Jara o a una Violeta Parra, si la música que va saliendo ahora la va a terminar conociendo igual? Lo que se están perdiendo nadie se lo va a dar a conocer después. En Argentina, por ejemplo, se vive el Folclor. Puedes ver hasta un Punky o un Trash disfrutándolo.

No reenvíes tonteras

jueves, junio 28, 2007 en 2:11 AM
Hola, soy un padre desesperado de 36 años de edad. Mi esposa de 18 y yo hemos tenido una vida maravillosa juntos desde hace ya dos décadas. De hecho, jugamos King of Fighters cada noche antes de dormir y siempre le gano, se termina picando, me araña la espalda y yo le araño a ella las córneas para luego tratar de achuntarle con el rifle a postones que me regaló su padre mientras rueda escaleras abajo con los tobillos amarrados con alambre de púas, de modo que suele romperse uno o dos dientes a la semana (le quedan dos). Nos entendemos de este modo y nos amamos tiernamente.

La vida nos concedió una buena situación económica. Aunque trabajo de testeador de colchones (con lo que gano setecientos tres pesos, un plátano y un pan por día), mi esposa es profesora de educación básica, por lo que por más de treinta años tuvimos un pasar más que digno con los 827.004 pesos chilenos al mes que todos los profes ganan en Chile.

La cosa es que tuvimos una hija preciosa, llamada Rachel. Rachel tiene 10 años, pero bajón, sorpresa, caput... los doctores le descubrieron cáncer a las uñas, epicondilalgia a la espalda, principios de finales y afición por el jazz en su pequeño cuerpo (lo último es lo más atroz: El Jazz no es gran cosa, pero hay quienes de verdad aman DECIR que les encanta. Todo muy snob). Hay sólo una manera de preservar su vida, y no es hoax. Nosotros no tenemos suficiente dinero para pagar el precio, ya que a mi amada esposa la echaron de la pega por andar difundiendo SPAM y estúpidas cadenas que no hacen más que propagar virus por parte de los ociosos como yo, que después andamos alegando porque tenemos la bandeja de entrada llena de puras tonteras que podríamos evitarnos si nos detuviéramos a pensar al menos por un segundo si tales fábulas tienen al menos una pizca de lógica o no.

Así que como estamos más escuálidos que los consejos creativos de la televisión chilena (que dicho sea de paso es una mierdtsss aunque nosotros los muy babosos la seguimos viendo) buscamos y buscamos hasta que sí, claro, cómo no (súper creíble), encontramos a AOL, Conce.net y ZDNET, compañías que han estado de acuerdo en ayudarnos del siguiente modo:

Nosotros les enviamos este SPA..., digo, E-Mail a ustedes, y ustedes se lo envían a todos los pobres giles cuya casilla desean llenar de basura, los que a su vez lo enviarán irreflexiva, robotizada y acéfalamente a sus conocidos y estos a su vez a sus demás víctimas conocidos. AOL rastreará este E-Mail ah, claro, como si se pudiera... y por cada 3 personas que reciban este mensaje nos donará 32 centavos. La suma tan baja es para generar remordimientos y que que los muy jetones corazón de abuelita contaminen a más "amigos".

¡Ayúdanos por favor! ¡Sólo tomará 2 minutos de tu tiempo salvarle la ficticia vida a nuestra ficticia hija y dejar un reguero de computadores medio inoperantes y una conexión masivamente más lenta en nuestro pobre cibermundo!

No seas weboncio (del latín web-oncius: "Dícese de quien tiene un Pentium 4 conectado al universo de la web en el escritorio, pero cuya cabeza propia sólo sirve para teñirla verde y rascarse la caspa). No reenvíes este mail. No reenvíes nada, es de idiotas (y ojo, que se nota, NO PASA PIOLA, NADIE DICE ¡QUE BIENINTENCIONADO MI AMIGO!). Alguien se está burlando de tu buen corazón, y no soy yo.

Por un mundo libre de mamertos (y, de paso, de hoaxes)...

...¡No al reenvío del mail de la niñita enferma! ¡No reenvíes tonteras!

(Bueno, sí soy yo el que se ríe)

Unidad desde el dolor (al menos por un rato)

miércoles, junio 13, 2007 en 3:47 AM
El viejo hosco y barbón que habita las tierras de mi esternón al occidente espanta a mi perra para que el oriental pueda escribir sereno estas palabras. El primero tiene pocos dientes y una enredadera ceniza y amarilla y sucia por barba. El ceño siempre fruncido, incluso cuando ronca. A la segunda, mi perra, le ha dado por gastarse las uñitas en mi pingüe cubrecama, y se comporta particularmente esta noche como una adicta a la cafeína. El tercero comienza a posesionarse de este teclado porque quiere decir algo.


Bachelet. Microsoft Word no le reconoce este apellido y se lo subraya en rojo. ¡Bachelet puéee! El ermitaño del oriente de mi esternón no bien comienza a sulfurarse cuando recuerda que su rol en mi vida es matizar las mañas de su desdentado vecino con una onda medio Zen, no potenciarlas. Es como mi lado bueno, y sería feo de su parte dejarme sin uno. Sin un lado bueno. Todos debiéramos tener uno. Un lado medio Tao, ascético, sortereso.


Así que se queda zentao y omite el pormenor.


Michelle Bachelet es la Presidenta de Chile. Es médica y es mamá. Se le enrostra hasta el empacho una falta de liderazgo de cuya plausibilidad mis ermitaños interiores y yo no pretendemos discutir hoy. Como a todos los presidentes de la vida y del universo (excepto el Sultán de Brunei, al que todo su pueblo ama, pero que en rigor no es presidente) es admirada por unos y vilipendiada por otros. Según una encuesta casi más fresca que el rico pan con queso y jamón que gocé antes de sentarme aquí el 21% (o 27%, no recuerdo) de quienes votaron por sus publicistas para las últimas presidenciales no volvería a respaldarla. Hernán Larraín, presidente de la UDI (sobreentendida antítesis del socialismo ateo que la camisetea), ha mostrado una persistencia casi joviniana (o jovinonovoana, para que quede claro el neologismo) en su tal vez necesaria labor de gota-que-horada-la-roca. Y bueh, que las oposiciones son útiles, aceptémoslo. Así se mueven las aguas y termina saliendo oro. Bueh, que uno no está de acuerdo ni con uno mismo como individuu en tres mil quinientas cosas (aunque la etimología nos anunciara indivisibles) y va a haber consenso entre dieciséis millones. Y bueh, que a fin de cuentas algo de eso del más fuerte y de los peces más grandes con los más chicos ha de ser cierto y que en definitiva siempre habrá izquierda y derecha hasta que Fukuyama o la Pitonisa digan lo contrario.


La cosa es que mis ermitaños decidieron conversarse una Coca-Cola hará unos cincuenta y nueve minutos, cuando mi cuerpo bajaba de la micr… del carro. Y la cosa es que don Mario Bros., el almacenero, a veces tiene la tele prendida precisamente para que los clientes le metan conversa y terminen con algo más que una bebida express en la vejiga. En nuestro caso fue la Coca y una bolsita de maní salado. Y la cosa, a fin de cuentas, es que la hija de Michelle Bachelet tuvo anteayer una trombosis cerebral que no sólo ha hecho noticia en la tele de don Mario Bros., sino en las de todo Chile (o de "este paí" como empingorotan algunos) y algotros y CNN en español.


Yo, Andros, no soy votante. Pertenezco a esa supuesta masa inopinante que no quiere entintarse el dedo. Hay quien dice que no tengo voz por ello. Y no lo creo. Creo, más bien, que he hecho oír algunos susurros ya por ahí. Y ojo, que a primera lectura puede sonar proselitista, pero no. No estoy invitando a no votar. No estoy invitando a votar tampoco. Sólo creo que la mordaza voluntaria sí hace estadística y sí mensajea claro para los buenos entendedores que no sólo necesitan pocas palabras, sino a veces ninguna. Y tampoco estoy invitando a que envíen mensajes por celulares Claro, porque estoy hablando de otra cosa. Y a otra cosa mariposa. Y tal vez alguna vez Michelle Bachelet le atrapó mariposas a su hija porque fue hippie Michelle Bachelet. O se vestía como hippie. Y claro que es anecdótico que la presidenta de uno haya sido hippie, aunque yo mismo no sería hippie, porque ser hippie es lo menos minimalista que hay.
Como se me están arrancando los ermitaños para el monte, le pongo corbata a mi discursito: Moreira.


Los pocos días que Augusto Pinochet alcanzó a ser miembro activo del Senado, Iván Moreira no se despegó nunca de su lado. Cual autoerigido guardaespaldas puso la propia por si las moscas. Por si las balas y por si la izquierda en general. Como la izquierdista Michelle Bachelet, que en todo caso no era parte del hemiciclo.


Por esos días en la tele de Mario Bros. ya sonaba hacía rato eso de la reconciliación. Joaquín Lavín le ofrecía piquitos de unidad a Gladys Marín (aunque ella rehusaba). Sebastián Piñera, también desde la Teletón, bailaba entre políticos de allá, de acá y del medio. Todos los medios, como siempre, sabían que con o sin risas, sin o con teatreo, el problema de fondo tenía de todos modos para mucho rato. Al menos para un par de generaciones. Que la reconciliación entre barbudos y afeitados, entre chalecos y corbatas, entre güiscachos y vinachos sigue teniendo hoy, cuando menos, que esperar que nuestros nietos tengan nuestros años.


Ayer, en la tele, Iván Moreira dijo que "la Presidenta necesita todo el apoyo". Lo dijo, y su espalda de guardaespaldas se hizo más de hombre. Hernán Larraín se olvidó de su pega de gota-que-horada-la-roca y fue de visita a la clínica como el más noble de los lores. Aunque Michelle Bachelet sacó de su gabinete al chico Zaldívar allá andaba, diligente, el señor viendo a su enferma. Y los noticieros comentan que la chica se estabiliza aunque sigue de gravedad. Michelle Bachelet, atea, agradece las oraciones mientras mi hemisferio Zen domestica por un rato al otro más agreste, mientras entiendo que Word es bacán por a veces no entender de apellidos y mientras tiendo a emocionarme y a seguir creyendo en la gente por un rato. La vida está llena de heroísmo.

Caparazona

domingo, junio 03, 2007 en 5:10 AM
Sé que me besas cuando duermo.
Lo sé porque cuando despierto,
todas las flores del mundo
se comentan alegres y locas
el dulce aroma
que dejaron tus alas.

Vosotros, ellos (y yo y mi puta pena)

domingo, abril 22, 2007 en 12:53 AM
Estoy caminando rumbo al único lugar donde nadie podría encontrar mi cuerpo. Es decir, al único que se me ocurre hoy, porque debe haber más: El fondo de la Laguna Redonda; las mesetas de Madagascar; el espacio entre el punto y la coma del punto y coma que viene a continuación; la filigrana de goma de la planta de mis zapatillas, las más hermosas que he tenido jamás... Acaso de niño nunca me hubieran dicho pesadeces los del curso superior por mis zapatillas, si hubiera lucido éstas. Y bueh, qué importa, tengo veintiocho años y el estudio de los traumas de la infancia está por pasar de moda. En mala hora, justo cuando los necesito tanto para justificar los míos.


No te preocupes mamá, lo del fondo de la Laguna Redonda no es algo que piense concretar. Una cosa es tener el valor que se requiere para morirse voluntariamente, otra es juntar el necesario para asesinar esa parte viva de uno que existe en los corazones de quienes lo aman. No podría. De sólo imaginar el ardor en tu corazón, en el de ella, y en los de esos pocos vosotros y ellos que me extrañarían por más de un año antes de pasar a otra cosa, desisto. Preferiría la muerte antes que morirme así como así. Y acabo de esquivar al segundo auto, por segunda vez instintivamente, lo que debe ser una buena señal: Si mi subconsciente tuviera ya urdido mi propio homicidio, le hubiera dado lo mismo no alertar a mi cerebro. Literalmente, habría parecido un accidente.


Por fin alguien ve mi dedo. Lo moví con gracia, como haciendo el ademán de pedir encendedor, buscando gatillar la simpatía de algún chofer bonachón. Qué espanto, ahora que da resultado y se detiene este Opel Corsa veo con horror que soy un manipulador de la cabeza hasta los dedos. ¡Madres! Justo uno de los temas que tengo por resolver en esta aciaga tarde de arreboles.


Les digo que si van al cine vean Conquistadores, que la fui a ver con ella el miércoles y que es bastante entretenida. Debo parecerles simpático o algo así, ya que se animan contándome que quieren ver Trescientos, la de Leónidas y su escaso ejército de espartanos. Lo que les encubro con mi trivialidad es lo mucho que he pensado en Conquistadores: Heroísmo, erotismo, brutalidad/sutileza, y otras macabras reflexiones que no publicaré en esta pantalla. ¿Por qué macabras? Porque hoy todo lo es. ¿Por qué no las publicaré? Porque estoy triste, pero no soy estúpido. La cosa es que llegamos al concurrido coliseo de las bolsas. Me bajo del Opel, me despido tan cordialmente como puedo, y me pierdo entre los cientos autos estacionados yo y mi puta pena.


El conductor, ya conmigo ausente, enciende un cigarro y -sin mirar a su compañera- pregunta con voz inusitadamente monocorde:


-¿Has logrado adherirle el dispositivo?


–––––––––––––––––––––––––


Lo primero es buscar un buen lugar. He dicho que busco uno donde nadie pueda encontrar mi cuerpo. No me refería, como aclaré después, a mi cadáver, porque lo peor es que no pienso morirme. O sea, sí, lo pienso, o.k., pero para cuando sea oportuno. Además que un día -hará una vida y media- una engañosa mina (sorry, era mina no más, aunque pretendía tener alma) me escupió esta bárbara verdad: "Querer morirse es pura flojera". Y por la puta madre que es cierto casi siempre. Querer morirse es decidir descansar en lugar de tomarse la titánica paja de cambiar las cosas a un kilómetro por hora. Y sin saber a ciencia cierta si con o sin resultado favorable. Creo que esa fue la última vez que me quise morir. Hasta hoy. O sea, hasta hoy, ayer y anteayer, que ha sido como el mismo espeso día. O noche. La misma noche desde que me dijo "eres malo, sabes que me intimidas y por eso te aprovechas". Fue eso y mis ganas automáticas de fumar. Y fumé. El sexto cigarro desde que oficialmente dejé de fumar, hace tres años. Seis cigarros, seis meses, tal vez uno por mes. Lujo reservado sólo para la tristeza mensual más corrosiva.


Otra frase famosa que capturé para mi vida fue "la mejor manera de esconderse es no hacerlo". Razonando de este modo, el patio de comidas parece un buen lugar. ¿Habrá algo más deshonroso que llamarse patio de comidas ? Si yo fuera un Mall, mi zona innombrable sería el patio de comidas. Suena como olor a papilla de carne en una cárcel para niños. Qué pudor. No obstante ello, suena ventajoso: Si hace una hora te he dicho por teléfono "no salgas a buscarme, no podrías encontrarme en el lugar adonde voy", creo que no me buscarías en un patio de comidas. Y, si por alguna razón apareces ahí, es que realmente no te dejé preocupada, sino que aprovechaste tu feriado de mí para salir a mirar carteras y zapatos en las tiendas circundantes. No. Tú no serías así con la vida. No eres así, y es un alivio. Un contradictorio alivio, como tú. Como yos.


La cosa es que un patio de comidas presenta otra ventaja evidente: LA ABUNDANTE MUCHEDUMBRE DE GOLOSOS AHUYENTA LOS FANTASMAS. El problema pues, viene a presentarse vestido del mismo doble traje, ya que, coño, hoy ya fui demasiado lejos con esto y si no quiero acabar recordado como un maldito kamikaze tendré que enfrentarlos. A los fantasmas, claro. No ahuyentarlos. Así que camino hacia el único lugar (este sí que sí) donde ni Pilar me hubiera buscado: La Biblioteca Viva.


Es bonita la Biblioteca Viva. Hasta esa mujer que lee las "copuchas de la farándula" lo hace con la dignidad de una Venus de Milo. Sí, pareciera estar indagando en los grandes arcanos de la existencia de la pluma de algún monje benedictino promedio. Me mira flashmente porque nota que la observo desde alguna región de la interrumpida geografía de mi dolorosa semana. La dejo de mirar. La verdadera Venus de Milo no me hubiera abandonado a mi suerte de cuasi autista sin tenderme una mano. Bah, allá esta crespa fea y su periódico perecedero.


Me acomodo en una no tan blanda silla. Como puedo, lo de contorsionista no es lo mío. Además, estas sillas están diseñadas para sentarse como humano, no como webmaster. Y los humanos y yo no nos parecemos tanto. Los vosotros, ellos y quien cacarea quisieran amalgamarse hoy, pero les está vetado. Coño, que no sé si los humanos en verdad quieran parecerse a mí, sino sólo que yo muero por tener sus vidas citadinas con sus problemas diarios. Quisiera salirme por un rato de mi adolorida cabeza e invitar a alguien a almorzar mis tallarines y que me cuente sus cosas y que me dé sus consejos y sus conejos (si es que tiene) y sus risas y sus ceños fruncidos y las historias de sus hijos (si es que tiene) o de sus padres (si es que tuvo) o de sus vecinos y de su gusto por el pan y las nueces y las mujeres (si es que no tiene) y las canciones de Adamo. En fin, ser un niño de verdad por lo que me queda de vida. Con conversaciones de niño de verdad, y amigos y sexo y lluvia y Dios y jeans y trabajos voluntarios y planes de cambiar la cocina y besos de cereza y taxis y olor al látex de los preservativos y caries y ver Trescientos y formatear el PC y tener las cosas claras y hablar con seguridad y dejar de soñar sueños raros durante el día y celulares y Marlen Olivares y conversar en un carrete de casa "y tú qué hací" y "estar cagao de hambre, no tení algo pa comer" y amigos y abrazos y compadre y "chucha weón" y perderle el pánico a bailar en una fiesta y decirle al mundo que lo desprecio cual crítico recalcitrante, y decirle al mundo que lo amo hasta la muerte y que a veces tal vez daría de cuajo una pierna y un brazo y el otro por ver sonreír a tanta mierda que no logro ponerme de acuerdo en esta reputa ambivalencia de ser hombre, esposo, esposa, indio, gerente, habitante mutante de la abismante Arcana con toda su extraña maniobra de inyectarme aquí quién sabe para qué carajos...


¡Y se viene encima de mí ya no en este asiento de la Biblioteca Viva, ya no en esta silla en mi lóbrega habitación, ya no en esta escalinata de mi gélido castillo, ya no en el sublimísimo piano místico que azota furioso contra mis sienes esta extraña realidad, como si fuera un apache, como si fuera un monstruo, como si fuera un loco eternamente sonriente martillando las campanas de Neruda en busca de tu insoportablemente necesaria magia, de tu irresistible y tremebunda belleza de mariposa muerta! ¡Se cae en bloques de roca sobre mi ensangrentada cabeza que sigue intentando tras cada embestida continuar erguida! ¡No quiero dañar! ¡No quiero dañar! ¡No quiero dañarte amada hembra no quiero pero este piano este piano me mete una mano entre las costillas y agarra mi estómago y no lo suelta! ¡No quiero dañarte pero mis dedos sobre este teclado son los que vomitan los bemoles y las corcheas y las semifusas espléndidas que terminarán considerando las mesetas de Madagascar como una buena parte en la que sepultar esta pobre vida confusa y empapada que Dios Santo, por qué quisiste empollar!


Un grito sordo. La vida entera frente a mis ojos de afuera marchando caótica, pisoteando mis huevos en frenética estampida de imágenes, olores, texturas de pezones y sabores de besos, blasfemando contra nuestros sueños más ansiados: El olor de mi cantimplora, el bigote de Miguel Bosé y el bigote de mi padre en el mismo pincel, el dispositivo del Opel Corsa ( sálvame Neo, tal vez tengo bicho), trescientos conquistadores, un patio de comidas (qué es eso, me suena), una iglesia, veinticuatro mujeres coma una, veinticuatro mujeres en coma, coma, coma mijito que se enfría, ¡la casa de un duende en una revista de decoración! ¡No! Un grito sordo ¡bang!


Afuera, muy afuera, muy lejos, las isapres siguen cobrando su porcentaje de ilusión.


Arcana se sacude, jadea. Arcana espera.

Bonanza

miércoles, abril 11, 2007 en 6:56 AM
No está seguro de si es una casa o un vehículo, porque desde su ventana puede entender que va moviéndose en medio de un fiero temporal de agua y viento. Lo cierto es que ver, quince metros a su derecha, a una madre y su hijo bajo el chapuzón contrasta curiosa y enrarecidamente con el cálido programa de TV que sigue encendido en lo que parece ser su habitación. Y por alguna razón (¿precaución? ¿miedo?) no logra abrir la puerta para ofrecer transporte.

Ahora es una bala. Es decir, es el vacío que precede al aire, la distancia que llena justo una pulgada entre el cuerpo de una bala y la nada. Y se dirige a seiscientos metros por segundo directo al cuerpo de alguien. Aún ni lo divisa. Ya lo divisa. Ya lo ve en detalle. Ya comienza a atravesarlo. Ya pasa de él. Ya deja atrás el cadáver que cae. Ya cae él mismo. El, una bala.


No entiende. No puede ser primero un hombre en una casa rodante y luego una bala. Nadie es una bala luego de ser un hombre en la tempestad. Es ilógico. Las balas son de plomo y los hombres de carne y sangre y huesos y pensamientos…


Eso, debe ser un sueño. ¡Un sueño! ¡y de los sueños se despierta, se sale!
Hay que salir de este sueño luminoso. No hay nada peor que tener miedo de día, porque no hay amanecer que esperar. Es decir, de noche se espera que amanezca para sentir el alivio, la posibilidad de ver más gente, hablar del clima, de lo cara que está la bencina… De día no hay nada que esperar, y si es un sueño, había sol arriba de esas nubes obesas…


Ahora está en un colegio, o un instituto. Es raro, conoce a la profesora. Le hizo clases de dibujo alguna vez. Lo extraño es que antes era flaca y de pelo negro y lejana. Ahora es pelirroja y amena y gruesa y coqueta. Y su cara no se parece en nada a la cara que tenía antes. Así que pide permiso para ir al baño.


Mientras orina, reflexiona acerca de las caras y las profesoras de dibujo, que son tan extrañas y cambian tanto. Hay sin duda demasiada luz en este baño, que se ve muy higiénico y muy vacío para ser período de clases.


Sinceramente, no busca el papel. Siente el escalofrío de siempre y procede a sacudir su humanidad con cariño. Sí, good boy. "Eres como mi chaqueta vieja, hemos compartido tanto"…
Ya frente al espejo, se moja la cara y se despeina los cabellos de sobre la frente con cuidado. Con cuidado de que parezca natural. Siempre ha tenido en cuenta que…


( UH, QUE FUE ESO )


Un hielo quebrado le recorre el espinazo. ¿Pero miedo por qué? Hay tanta luz, hay gente, ¡debo volver a la sala! Ahí están todos y está la profesora coqueta y la bala y la casa rodante y el cálido programa de TV en que Steve Green canta a dúo con Michael Bolton… ¡Si este baño es tan luminoso! ¡No hay penumbra con esta luz que tiñe todo de azul verdoso! ¡No habrá siquiera arañas nocturnas que salgan a cazar porque esta luz no cesa! ¿¿Miedo por qué??


Entonces se dispara en veloz regreso desde el baño hacia los lápices y los compañeros y la pelirroja y acogedora gorda. Parece ir en una bicicleta de aire, no mira atrás, no quiere saber qué había ahí, sólo corre entre la cardíaca estampida de latidos. Sólo corre para hablar del precio de la bencina con sus compañeros de clase… ¡Era un sueño un sueño un sueño! ¿¿Y qué importa si era un sueño?? Sólo corre sigue corriendo era tan real como la luz tan real todo tan real… Sólo corre aunque tengas el cierre abierto y los sentidos dormidos, sólo corre hasta la sala pelirroja…


-Sólo corre como un loco hasta que tropieza…


Hondo respiro y clavo las carcomidas uñas en nuestras sábanas de abajo hasta que casi llego a cortarlas. Hondo alivio y poesía y el olor a jazmines que se cuela desde la terraza. Miro a la izquierda y la radio reloj marca las siete menos cuatro. Dios mío, gracias. Sólo un sueño dentro de otro sueño, otra vez.


Las siete menos uno y desenquisto la última uña. Te miro desde mis párpados aún incrédulos y nublados. Gozo. Roncas levemente: Amaré desde hoy esos ronquidos. Tu boca entreabierta emanando suspiros me recuerda los besos de anoche y la penumbra tibia en que celebramos nuestro primer año de bonanza. Andrés siempre fue un buen amigo para ambos. Desde la tarde en que llamó anunciando "recuerda presentarte en ropa formal, empezarías el lunes" las cosas no dejaron de mejorar. Ahora mismo tengo treinta minutos para cerrar la puerta, tomar el taxi y contener la alegría cuando el chofer me lance el primer comentario del clima o la bencina.


-Oye, despierta, amor. Amor despierta, me ducharé en la noche así que tengo siete minutos de ventaja. Por favor abrázame, te amo mucho. Eso, tienes los brazos calientitos, qué rico. Sí, amor, las siete con siete. Descansa hoy, iremos al cine. Sí, amor, sí. Sí, amor, otro sueño, tú sólo aprovéchate. Sí, mucha luz. Sí, era de día, pero mejor te cuento luego. Abrázame, agazápame, aprovéchate hoy, porque estoy feliz. No, no te preocupes, llamaré a la consulta y le diré que mañana. O pasado mañana. Hoy iremos al cine, dan esa película con Hillary Swank que se supone que está ambientada en Conce. ¡Pueblo bananero! Estos gringos se creen dueños del mundo y no saben nada. Sí, mucha luz. ¡Hasta fui una bala! Sí, una bala, mira qué ridículo.

Cuando se despegan ya son las siete y diez. O las ocho y diez (o las veinte y diez, qué diferencia hay). La radio reloj está descompuesta hace ya un año justo. Justo el mismo año en que comienza la bonanza. Porque bonanza es una linda palabra. Un buen eufemismo para olvidar los malos sueños, los lunes de siquiatra y las oficinas de nubes (nubes obesas y lluviosas), las muñecas de tibios abrazos de plástico y el espanto más diurno de todos:


El miedo a la vida misma.

Navidad

martes, abril 03, 2007 en 3:27 AM
Navidad. Los cariños explícitos, las emociones notorias, me dan algo de cosa porque soy tímido, aunque nadie lo crea. Me invade una tragametierrez tan grande cuando veo que el regalo que Pepe le hace a Pepa no es el que Pepa quería, pero que Pepa agradece porque ama a Pepe. Da lo mismo si Pepe es pololo, primo o hijo de Pepa, el pudor extremo que me brota por los poros, enredado con algo que parece adrenalina, es el mismo.

Navidad. Pudor, vergüenza de niño pueblero y ansia por la noche algo más íntima y abrigadora que viene después del vino, en que ya se acaban los benditos abrazos que de todos modos tantos dolores de guata traen consigo. Aunque son tan buenos que bien valen un té y una sobremesa más. "Paris vaut bien une messe." Pero me dan cosa. ¡Tantos temas pendientes debajo de la silla! ¡Tantos amores no enunciados!

Cristo mío, menos mal que es tu cumpleaños y no el mío o el de Pepe o de Pepa o los Pepitos. El único que conoce hasta el tuétano mis ocultas intenciones de robarme esa bola azul del pino de la casa de mi hembra y verter mi autismo en ella.

Te amo, Señor, amigo y padre mío. Abuelo por siaca, abogado y chispita enrutadora, incendio cuando es preciso y vida cada día.

A ti sea la gloria, la honra, el honor, la Gracia y el Forastero, la Pilar, y los Locos Adams y el Luke Skywalker, y los Kekos, y la Colombi y Fargo y la Garufa y el Bartolo y la Frida y el Olafo y la Pulguita María y los anexos de cada uno de ellos y los piececitos de niño azulosos de frío y los piececitos de niño bronceados en verano. A ti sean mis treinta amigos y mis tres enemigos, y mi risa, mis lágrimas, mi vigor y mi flaqueza, mi muerte y mi vida, mi consecuencia y mis errores. A ti que fundes y fundas con fuerza y delicadeza de herrero el mundo cada día sean los países y las ciudades. A ti sea mi Chile desde la primera gota salada hasta su norte, y a ti sea Perú y Bolivia con su Lima y su Paz, Ruanda y Burundi, Palestina e Israel, Catay y Cipango.

A ti, mapa de todas las cosas, sea Arcana y toda esta Matrix. ¡Feliz cumpleaños Jesús!

Leit Motiv

en 3:13 AM
Intentar atrapar todas las cosas
en una sola vida;
Tarea no fácil, quizá tampoco tan noble.

Procurar apoderarse de todo el arco iris:
Los grises resultan en atril.

Todas las risas, las de dientes blancos,
también los amarillos, o los pocos o los
enormes. También los azules si los hubiera.

Todas las armonías, cada nota o acorde
tarareados por una garganta de gruta.

Todas las hadas y las hembras
entre sólo dos cejas, enredadas.
La mujer en pleno, deshojándose en Eva
mientras el hombre en Anthropos
acaparando planetas cual voluptuoso embudo.

Brazos con benditas estrías:
Todo el Todo a borbotones en sus manos.

Piazzolla a Roselione

sábado, marzo 03, 2007 en 8:59 AM
Lloro hembra, hermana y madre mía que me pariste desde la primera tinta eclosionada

lloro hembra porque tengo que llorar

ni pena tengo querida mujer mía

lloro hembra porque tengo que llorar

humedecerme la cara

entibiar un poco la risa y torcerla hacia mi adentro

al sabor a pasto, al olor a la batea de mi casa en Lorenzo Arenas

a las chaquetas del tata, a sus pantuflas y sus dedos de los pies siempre tan torpes

lloro hembra mía, paloma mía, súbita madriguera de mis uñas y rima de las palabras que no logro pronunciar

eres como el acordeón que Neftalí sufría engastado como volcán en la mampostería de su tórax

eres como ese acordeón que te digo, ese que se me vino encima como la primera lujuria de mocoso

cuando el olor a sudor de mi nana la hacía lucir esbelta y llena de dientes y de arcanos y de grutas y yo no sabía nada

lloro hembra hermana paloma hija y madre mía porque tengo que obligarte a ombligarme

pero ni pena tengo, es sólo

este sol amarillo

que vuelve extraña la mañana

que me ahoga porque es demasiada la vida, porque no puedo comerla o contenerla si no la masticas antes

así que, hermana mía, de mi tierra

omite jurándome con rabia

las cosas que todos vemos

y muérete conmigo destrozada entre las astillas de mis huesos en esta tempestad macabra del ardor de Astor Piazzolla.

Hojas verdes de papel

jueves, noviembre 30, 2006 en 8:25 PM
Tengo hambre, pero la cocina me da miedo. Hay una torre babélica de platos y sartenes, y necesito derribarla para extraer algo de maná de ahí.

Baloo me ha permitido avanzar un buen poco entre las hojas verdes de esta selvática matrix (así, con inicial minúscula, como el sustantivo común que es). Hojas verdes de papel que implican una de las mayores dificultades pa caminar por aquí. Como en Lost.

¿Dónde están mis enemigos? Algo pasó. Siempre me repito eso de que las cosas caen por su propio peso. Lo que cuesta creer a veces es que caigan tan rápido. Ahora tengo que cuidarme yo mismo de no volverme depredador, que es tanto lo que uno se defiende en esta vida que se termina tomando el pulso a la violencia y haciéndose parte de ella. Y no quiero dejarme.




Pero tampoco volveré nunca a ser dócil.

Súper Zaguero

lunes, noviembre 27, 2006 en 10:03 AM
Todavía estoy diseñando el logo nuevo de Súper Zaguero. Tiene que llevar sólo los dos colores de siempre, implicar en su concepto a una pluralidad de deportes (actualmente sólo alude al fútbol) y no dejarse de llamar por ello "Súper Zaguero", que sí tiene relación directa con el fútbol. Hummm. No la veo fácil, no la veo fácil...

No soy el webmaster, pero lógicamente el resultado debiera exponerse en superzaguero.cl cuando esté listo. Hummm... ya me está doliendo la espalda y las ideas no han empezado a crepitar. Hummm... Más rato tal vez escribo otro poquito.

Publicado por Andros los 6:18 PM 3 comentarios Vínculos a esta entrada



Diseñar es demasiado adictivo

Creo, verdaderamente, que es un vicio. A veces no puedo controlarlo. Van a ser las 10 de la mañana y me voy a acostar recién, y necesito estar despejado para atender mis compromisos reales. Ay, Dios.

Querido Philippe

viernes, noviembre 24, 2006 en 7:22 AM
Viejo lindo, te fuiste. Te moriste ayer, y no alcancé a abrazarte y a decirte que nunca habrá mejor reemplazante de mi abuelo que tú en mi mente.

Entonces, si con Sara logramos que Isabel Aquende sea nuestra madrina, ¿a quién dejaremos en tu bicicleta? Allí voy yo, vestido de monaguillo pensando en tu cinematógrafo. ¡Jódete Alfredo! ¡No tenías que morirte! ¡Dios sabe que oigo muertes en la radio cada mañana, pero que la tuya me hirió de veras!

Yo sé que es bruto querer a gente que jamás se ha olido, pero viejo, yo te quiero. No soy el único y así debía ser. Eso me queda de consuelo: Te moriste bienamado. Y te diste el lujo de ser hasta el mejor Neruda del cine.

Jódete Alfredo. No tenías que morirte. Nos obligas tristemente a encontrarnos un padrino feo, triste y gris. A tu lado todos los viejos (menos Neruda y mi abuelo y el papá de mi suegro, claro) son feos, tristes y grises. Entonces mi próximo vino con Sara, te lo prometo, será a tu distinguida y queridísima salud. Y todos los besos de uno de tus grandes personajes hoy se besan para ti.

¡Jódete Alfredo! ¡Viejo lindo!

Ale:

martes, noviembre 21, 2006 en 6:47 AM
Ciertamente de tu amistad conservo muy buenos recuerdos, pero mezclados con el temor constante a hacer algún comentario poco brillante, cuyo esbozo siquiera fuera capaz de gatillar alguno de tus reparos o reprobaciones, que me fueron siempre acribillantes. Me estoy acostumbrando a no ser tonto, y de las dos amigas que históricamente me han reprochado cualquier tipo de huevonidad, me fui quedando con la que -gracias a la vida- fue alternando sus momentos de sapiencia con otros de clara necesidad, en los que pude enseñarle algo, y ser una mezcla de voz y de hombro.

Enseñarle algo. "Tú no estás en mi vida para eso", me dijiste en nuestra última conversación. Y claro, desde aquélla tarde de verano en el Barrio Lastarria he dejado de estar para varias cosas. Créeme que he ido adquiriendo conciencia (por estos años ya prescindiendo de algunas viejas poses) de que tengo algunos elementos que me gustan. Y he aperrado con mis mendicidades con el mismo amor que un amigo cuida a su partner borracho y lo lleva a su casa, lo acuesta y lo tapa.

Es curioso que esgrima esta declaración de amor propio en un día que más bien fuera de intenso odio propio. Sin embargo, mi pequeña radio del velador entona la voz de Silvio Rodríguez en plena época electrónica, y tú eres un poco Silvio Rodríguez y el olor a fogata. Por eso no me cuesta poner fin a la espera que tenía para responder tu mail.

Acepto tu invitación. Cuando vuelvas a volver llámame.

Un beso.

Andros.-

Welcome to the Jungle

viernes, octubre 06, 2006 en 7:56 PM
Los papás suelen creer que le hacen un favor a uno con facilitarle las cosas para sacar un título y así "ser alguien en la vida".

Yo recuerdo, en cambio, haber tenido mis mejores momentos-en-la-vida cuando no era nadie, vestido con esa camisa grunge (por no decir ese harapo) y mis sandalias carreteadas. Me gustaba la vida de los artesanos, que esencialmente se preocupaban -al menos desde mi vieja perspectiva- de llenar sus paños con collares choros y de tener para el completo del día.

Ahora las cosas son algo diferentes. Trabajo en una oficina (lo que en sí es un gran beneficio, por cierto), procuro aceleradamente proveerme de los clientes necesarios para sostener mis proyectos, y me estrío en un constante esfuerzo por mantener una cierta organicidad entre mi hembra, mi familia, Conce.net y mis tentativas artísticas. A veces no quiero ser alguien en la vida. A veces era bueno ser un adolescente distraído, con expresión de asombro, como Benito.

"Paren el mundo, me quiero bajar" dijo alguien por ahí un usado día. No estoy seguro, pero me parece que fue John Lennon. A mí no me cae bien John Lennon, pero la frasecita sí. ¿Vacaciones? Naaa. No me las he ganado. No puedo parar. Trabajo solo y tengo muchísimas cosas que regularizar. Welcome to the system.

Sopa para uno

sábado, agosto 05, 2006 en 2:34 AM
Suelo sorprenderme al ver cuánto la gente considera que las cosas no debieran salir mal.


No sé si será porque procedo de la loser Generación X o simplemente porque no fui nunca bueno para jugar a la pelota, pero siempre sospecho que algo va a salir mal. Un autogol, una vida de Kinos condenada a nueve aciertos por fin de semana, una muerte por cogoteo equivocado.


No sé. No sé por qué la gente, pese a todo, vive tan relajada entre el cemento. ¡Si a veces lo peor puede pasar! Se ven todos tan seguros de sus cotidianeidades, que me termino escrutando el acurrucado ombligo con desazón. El tiene ganas de ser un ombligo bueno para el rafting, o para el benji, o para el harakiri, que pese a todo resulta honroso, aunque sea lo último que se ose en la vida. Pero la cosa es que a duras penas termina en un abochornado kakaoke de sus miedos y en nada más.


A lo lejos se oyen gritos cuajados de vicio. La ciudad dista de dormir, como mi sístole y mi diástole, que marcan el mismo ritmo que la encementada y erotizada jungla de Barros Arana entre Prat y Roosevelt.


Baloo planea entre las antenas, aterriza en un letrero, vuela de nuevo y me aromatiza la frente con un guiño. Y aunque todavía tengo aquí un humeante plato de sopa para uno, la madrugada me sigue pidiendo que aun expíe aun otros aullidos.

"Yo le debo una platita a usté"

jueves, julio 13, 2006 en 8:01 PM
- "Yo le debo una platita a usté, ¿por qué no ha pasado a mi casa? -le dijo una vecina mía a otra, mientras yo pasaba incauto por ahí.

Me quedé pensando. Así somos, como dice Cristal. No me refiero a los chilenos, ni a los concepcionenses, sino tal vez a los humanos. Claro que sale barato echarle la culpa a los humanos, oye, pero es difícil que un perro le diga a otro - "yo te debo un huesito a ti, arf, ¿por qué no has pasado a mi pocilga?

Imagino que un can haría lo correcto: Si le debe un hueso, dinero o un pedazo de coronta de choclo a otro irá a su casa a entregárselo a tiempo. No como nosotros los chilen... humanos, que esperamos estar pasados una coquetamente razonable cantidad de días para empezar a pensar recién en que -tal vez- si llegase a aparecer nuestro acreedor tras la puerta, podríamos abrirla y pagarle sin poner cara de afrenta.

- "Yo le debo una platita a usté, ¿por qué no ha pasado a mi casa?

No, iñora. Debiera, si recibió un servicio que en su momento necesitaba, pasar usted a pagar a su vecina. Y si no la encuentra, por favor insista.

No digo que la plata abunde. No digo que yo mismo no me haya pasado en algunos plazos (como es el caso de ahora mismo). Sólo no seamos descarados. Es feo eso. Por último dejémoslo en "yo le debo una platita a usté, pero la tendré el jueves. ¿Me esperaría?" Es más digno.
Y me disculpo si nuevamente soy medio rígido. No me disculpo debiendo disculparme, en realidad, sino que me disculpo porque muchas veces los chilen... humanos nos disculpamos por aclarar las cosas. Y de verdad que así debe ser. Vieja chueca:

- "Yo le debo una platita a usté, ¿por qué no ha pasado a mi casa?

Gárgola

viernes, julio 07, 2006 en 2:17 AM
Agazapado, con la brisa entre mi capa, el ojo y los nervios atentos a cada sonido, observo la Plaza Independencia dormir allí abajo. Conce, mi adolescente viejo Conce, duerme bajo el edificio palpitando los deseos y las ansias de mañana.

El sensor de badducks titila con regularidad, mientras a esta hora de la madrugada, un transeúnte desconfiado camina sorteando indecisas gotas de lluvia. No está en peligro. El cree que sí. El sensor me indica que la actividad delictual está fuera de radio, por lo menos durante los próximos veintidós minutos.

Son casi las tres y parezco más una gárgola que un hombre. O'higgins se siente sereno, lo mismo Caupolicán, salvo porque el viento acaba de liberar su aleonada melena entre el cemento.

Sigo con un todo un hemisferio pendiente de ese gozne que rechina. Parece ser un letrero de Barros. Pulso "autosearch" en mi andros-digiscan y asumo que tampoco presenta riesgo. Distiendo entonces el pensamiento y sigo esbozando más ensortijamientos para nuestra raza, la concepcionense.

Es que cuando logremos ajustar esta red, cuando Concepción logre desprenderse de alguna desazón; cuando el Paseo Peatonal sea escenario alegre de mujeres y hombres menos solos, yo sonreiré y mi propia alma se cobijará en ese calor.

Mientras tanto, agazapado, con la brisa entre mi capa, el ojo y los nervios atentos a cada sonido, observo la Plaza Independencia dormir allí abajo. Es mi trabajo.

Empo

domingo, junio 18, 2006 en 5:53 AM
El tiempo sin ti es empo. Chiste viejo. Ja. A veces me da la impresión de que el tiempo no pasa. Como que un día, caminando de tu mano, Isis, vamos a doblar una esquina y va a estar Marilyn Monroe en la otra vereda. O Bette Davis. O nuestras abuelas.

¿Qué es un siglo? ¿Qué es un milenio? Mi bisabuelo ya es del siglo antepasado y yo tengo su Biblia a mi lado. La era apostólica tampoco es tan vieja. Menos Arturo Prat. Sólo un puñado de décadas, y las décadas pasan tan rápido. Cosas que pienso mientras trabajo en Conce.net y me preparo para dormir un rato antes que empiece Songo. Te amo.

Balance

viernes, abril 28, 2006 en 3:48 AM
[ a veces me canso ][ a veces no sé nada ][ a veces estoy demasiado consciente de que los fotologs son chatarra pasajera ][ a veces el arte me aburre ][ a veces los artistas me aburrimos ][ a veces los artistas nos aburro ][ a veces sólo quiero dormir ][ a veces sólo quiero no dormir ][ a veces creo que tengo que explicar que esta foto es de una muralla del mall ][ a veces miro esa muralla desde el mismo lugar en que aparezco en la foto, y ][ a veces me aterra ][ a veces pienso las maneras de dañarte, ][ a veces, sí, dañarte a ti, no a ella ][ a veces me haces reír ][ a veces creo que soy muy inteligente ][ a veces, en la cocina, me doy cuenta de que también soy muy torpe ][ a veces te muerdo la boca de ciruela ][ a veces los pezones de manjar, y los voy modelando con mi lengua ][ a veces me acuerdo que no soy tan de acá ][ a veces me confundo, y ][ a veces termino creyendo lo contrario ][ a veces me canso ][ a veces me canso ][ a veces me canso ][ a veces soy un verdugo ][ a veces no ][ a veces me acuerdo de cuando era chico ][ a veces me acuerdo de lo grande que soy ][ a veces sé que somos grandes ][ a veces somos tan chicos, juntos, en la gruta esa, entre frazadas ][ a veces de verdad sé que soy feliz, mierda, no miento ][ a veces de verdad sé que miento aunque no soy tan mierda ][ a veces cinderella ][ a veces vanina vanini ][ a veces enya ][ a veces teresita reyes ][ a veces plagio ][ a veces eva ][ a veces isis ][ a veces rodrigo ][ a veces andros ][ a veces pilar ][ a veces dios ][ a veces sexo ][ a veces crúor ][ a veces navarra ][ a veces pachamama abrida gritando la vida entre las piernas ][ a veces internet ][ a veces arcana ][ a veces chile ]

Acabo de ver algo extraordinario

miércoles, abril 19, 2006 en 6:54 AM
Una abuela, en la casa de un patio contiguo, salió de su cocina a sacudir un limpiapiés. ¿No parece ser extraordinario? Entonces debo agregar que es de madrugada, el cielo está negro y llueve torrencialmente. Como si fuera poco, en la radio tocan una melodía con tintes chinos tradicionales y estoy solo. La abuela del patio de al lado se ha metido toda Arcana en el cuerpo por algo así como un minuto. Y es hermoso verla.

Pensar es un deber, no un arte

lunes, abril 03, 2006 en 3:09 AM
-¿Nos permite pasar al baño un momento? Un pipí y listo.

-No se puede. Está cerrado.

Y empezamos a alegar. Considerando que estamos a las puertas de una de nuestras instituciones municipales, sin ser demasiado tarde (¿quizá las nueve?), y que están casi todas sus luces encendidas, insistimos medio molestos, medio urgidos, porque el té con canela ya bebido comienza a angustiar a quien me acompaña. Apelamos a la cortesía primero, y a la cara de limonada y las apelaciones de tipo "¿y si fuera su esposa?", después. Tampoco le resultan demasiado novedosos mis "no sea desconsiderado" y "pucha porfa".

-No se puede. Está cerrado.

Cuando me empiezo a interesar por la posibilidad de los insultos y las patadas aprendidas en HBO, ella me coge cariñosamente el brazo, y me insta a buscar otro lugar. No había caso. El papel pesaba más que años de educación escolar.

No estoy proponiendo ir en contra de las normas arbitraria y pánfilamente. Lo que sí urge, concepcionenses y concepcioninas, es que empecemos a asumir que tenemos un cerebro mucho más complejo que el papel donde éstas residen.

¡Pensemos! No nos adormezcamos en los mustios laureles de la regla ante la esperanza lacia de tener un ascenso por ello. Los invito a todos a despertar un poco más. ¡Somos una ciudad que crece en muchos ámbitos, pero si no somos capaces de hacer vibrar el seso al menos una hora por día vendrán lobos y gatos y se llevarán nuestra comida!

Los momentos

martes, marzo 28, 2006 en 10:12 AM
A veces creo que todos los humanos son idiotas. El problema es que todos los humanos en algún momento piensan lo mismo, por lo que en casi seis mil millones de momentos (que es la cantidad de humanos en el mundo) vengo yo a ser también un idiota. Creo que mi vida no tiene seis mil millones de momentos. De hecho mi polola se ha apoderado de casi todos mis momentos. HORROR. ¡Soy un idiota y no tengo ni momentos!

Me gusta

miércoles, febrero 22, 2006 en 3:42 AM
Me gustan los merengues y más los que tienen relleno de manjar. En el Pujol cuestan $390 unos constructos que ellos llaman "pastel de merengue". En realidad no son pasteles, sino inyecciones de calorías y carbohidratos y en realidad también me gustan esos chocolates que tienen forma de tuerca porque también están rellenos de manjar y a fin de cuentas me gusta todo lo relleno de manjar y me gusta cuando tiro la cadena del excusado, porque el ruidito ese me acompaña cuando no hay nadie y me da como pena cuando deja de sonar así que la tiro de nuevo.

Y me gusta esta canción que tengo puesta en el Winamp y ojalá un día mi mujer me la cante, porque mi mujer canta bien y además hace unos tallarines deliciosos y si me canta la canción al mismo tiempo que me como sus tallarines me la comeré después a ella a besos y haremos el amor mientras nos lanzamos desde el helipuerto de la Torre Ligure hasta traspasar el suelo y llegar a Arcana, que en realidad no tiene tanto que ver con Narnia, porque Narnia es un lugar con un tiempo y Arcana es más bien atemporal.

Me gusta ver tele acompañado de alguien que no se duerma en la pelea final de la película y me gusta que haya galletas cuando diseño. Me gusta el té con leche, porque me devuelve a mi centro cuando me he perdido y creo que soy capaz de odiar, aunque estoy trabajando duro para mejorarme y no odiar a nadie, por más que los que odie me odien. Esto no es lo que me hace bacán, porque era bacán desde antes. Me gusta diseñar cosas verdes y grises y naranjas y desprecio profundamente a la gente traicionera. Me gusta la poesía de Neruda, aunque esté pasando de moda y también me gusta cuando me rascas la espalda. Cuando estoy solo en mi casa, aparte del sonido del excusado me gusta comer como cerdo y ensuciarme las manos con la grasa del cerdo y tener restos de puré en la barbilla. Y ahora me voy a tomar un analgésico porque se me crisparon los deltoides y el esternocleidomastoídeo.

Avistamiento

martes, febrero 21, 2006 en 3:55 AM
Me estoy comiendo calladito las galletas que Pilar guarda en la despensa. Está oscuro en este ropero. Hay olor a humedad y a naftalina. Hace un par de minutos que mis pupilas se acostumbraron a la penumbra. Sólo hace un par de minutos pude verlo...

Geek

sábado, enero 07, 2006 en 2:00 PM
Aumenta el sopor y la sed y el spam, mientras disminuye mi materia grasa y mis ganas de comer; claro que sigo comiendo como cerdo, aunque como un cerdo pequeño ahora. He descubierto que soy un geek. Una vez me lo dijeron, y me causó gracia. Suena mejor que nerd, rookie, grupi y motherfucker por lo menos. Extraigo parte de una reciente conversación de messenger, levemente editada para que se entiendan los baches. No atiendan la ortografía, que por ser messengeriana termina no siendo:

Andros ::. hoy me pasó algo místico

Afrofunk ::. qué te pasó?

Andros ::. venía en la micro, mareado no sé de repente me dieron ganas de vomitar

Afrofunk ::. wua

Andros ::. me abochorné

Afrofunk ::. nadie te agarró el poto o cosas así?

Andros ::. tomé la micro y me abochorné / pero antes, unos minutos antes del calor el sudor las náuseas y todo

Afrofunk ::. yaa

Andros ::. pasé por los mismos lugares de siempre el Break, la U y me parecieron irreales
como si "mi lugar" estuviera empezando a ser internet. Como que me están empezando a costar los humanos con "funk", con olor, de carne, carne y hueso / fue raro; el cielo estaba raro y yo me sentía verdaderamente virtual o sentía virtual a todo lo demás.
eso.-

Afrofunk ::. chanfle yo creo que deberías desconectarte

Andros ::. de dónde?

Afrofunk ::. de internet, córtalo

Andros ::. no sé es como eso que hablábamos de Zion, en Matrix: El baile ritual de los humanos sudados / estoy loco / pero a veces todo esto puede ser tan real, como que derramamos algo de esencia en estos códigos

Afrofunk ::. yo siempre tenía internet los veranos, y el resto del año era todo real

Andros ::. Vamos dejando algo aquí no es tan insignificante

Afrofunk ::. ahora no me van a sacar internet no sé que va a ser de mi vida

Andros ::. tú eres pieza clave en todo este proceso mío
es decir, eres testigo de los primeros esbozos de Conce.net (con lo de Vox Populi 041, hace años, cuando me escribiste lo de tu perro Kanito)...

Afrofunk ::. era gato

Andros ::. en ese tiempo Internet era menos accesible / era como una joyita que brotaba de los cibercafés

Afrofunk ::. en ese tiempo yo chateaba en IRC y usaba Kazaa

Andros ::. y si alguien te decía "te doy mi mail" uno asumía que con suerte leería tu mensaje tal vez diez días después

Afrofunk ::. yo tenia latinmail

Andros ::. yo tuve mixmail

Afrofunk ::. y en ese mail me puse Afrofunk... tenía 14 años

Andros ::. yo 32 y trenzas en mi pubis

Afrofunk ::. el primer mp3 que bajé fue de las raras tocata pencas de la rock&pop y me emocioné cuando escuche la radio online porque yo vivia en chilán, y no llegaba la R&P / es una lata lo de internet, la mitad de las cosas que han pasado en mi adolescencia se deben a cosas de internet: msn, chat, irc, latinmail, etc. / es una lata lo de internet, la mitad de las cosas que han pasado en mi adolescencia se deben a fenómenos de internet* (ahí suena mejor)

Andros ::. chuta eres como bien freak con tu redacción

Afrofunk ::. sí, es que tengo palabras aquí, y en otro lado, como que al escribir algo, estoy pensando en otra cosa

Andros ::. cuando tú dices "qué porno" quieres decir algo así como "qué choriflái"?

Afrofunk ::. sí

Oda al Diseño Gráfico

viernes, octubre 21, 2005 en 3:43 AM
[ a Adobe Photoshop y a Macromedia Freehand ]

Me gusta el Vodka, porque el Vodka es bello


porque su de y su ka viven espalda con espalda

en sexual alianza

en multidireccionales diagonales de tensión.


Y me gusta comerme las palabras

sobre todo las que tienen equis y as

Y me gusta arrastrar de a poco las yemas de los dedos por mi delantal de trabajo,

haciéndole crujir lento la mezclilla

dejando manchas de pixeles olorosos y vibrantes

hijos burbujeantes del Todo Hexadecimal.


También me gustan los vectores

porque no se pixelan

aunque se estiren voluptuosos y obscenos hasta la exuberancia de mi monitor IBM.


Una de las cosas más agradables

es magnificar con la lupa un punto como éste ---> .

hasta que deja de ser punto

volviéndose conjunto, suculento, máximo, total

sobre todo si es naranjo sobre un fondo 646464.


Y me gusta saber que puedo decidir

y que no importa quién sea el presidente de estados unidos ni osama:

El que decide si es curva o recta soy yo

y todas mis pestañas carbonizadas

y medio atrementinadas

y entretenidas

y rectas

y pocas


Lo otro que me parece chori

es pelear con las tipografías que no tienen tildes

ni eñes

y fabricárselas al filo de la verosimilitud

y que parezcan oficiales.


Y también me gusta la ve corta del Vodka,

y la o,

porque juro que nunca le he probado el saborcito.

Lo sé

sábado, octubre 08, 2005 en 2:02 AM
Es sólo que a mí también me cuesta. No olvides eso. Eres como la canción de Silvio Rodríguez (en mi década le llamaban "Silvio") a secas. Y como eres una mezcla de lluvia, soles sin fertilizante, luna de calles solas y perros que me lamían la pena en tardes enteras de puro caminar sin amigos, a veces no sé reaccionar como debiera. Y las palabras se me trancan entre la lengua y el paladar y no las digo cuantas veces necesitas y la Sole no quiere irse sin alegar pro defensa de su vieja lealtad.

Hermana mía, vamos hace rato de la mano, bajando el cerro juntos... rodando... cantando (yo soy esa mosca que espantaba la manito gorda de tu primer hermano...)

Entonces conozco que no fue algo que dije, sino lo que no dije.

Pero ¿cómo extrañarte, si vienes clavada al alfiler de gancho, como la imagen cercana de mi propia nariz, a la que veo con sólo abrir los párpados?

Estamos juntos. Somos juntos.

Si no es una cosa es la otra

sábado, septiembre 24, 2005 en 2:38 AM
Si no la nariz que se aprieta y se seca y hace penca respirar por ella es la boca que árida se agrieta por usarla como vía alternativa, o es el jefe que jode la cachimba o la idea que patea y no nace o el hombre que cuestionador y respingado se yergue turulato entre una farmacia y una "gran tienda" de Barros Arana llegando a Castellón o la vida que me permuta sinfonías, glorias y rosas por guturalidades, sinsabores y gases. No matarás. No matarás. No matarás. Y me imagina el orbe (sic sic sic) así como cayéeendose, como desmoronáaandose y no es ninguna novedad en Internet, y la loza importa más que quien la usa y da lo mismo que el queso esté rico si lo que vale es no gastar tanto porque está cada día más caro y los sueños de niño y la música sublime y el olor a cáscaras de naranja y a miel y a paja y Arcana incluso se diluyen en un mar de AFP, APV, IVA, PIB, IPC, PPM, KB, MB, CI, PSU, PPT, DOC, HTM, PHP, SWF, GIF, JPG, BMP, TIF, ASP, XXI, COM, NET, ORG, CL, UDI, RN, DC, EEUU, ONU, OTAN, OEA, ISO, HXC, THC, HDC, RUT, IP, DPS, CCU, YPF, VTR, CTC, PCS, PC, EMI, CBS, WEA, HTTP, WWW, WEO, POP3, MP3, MPG, PDF, XML, EVE Y ARV.

Sara

miércoles, septiembre 14, 2005 en 2:31 AM
Abierta la palabra, estirada como un elástico de letras, Sara me espera en la desnuda hamaca.
Sara. Dame el mundo.

Estoy en clase de Flash

lunes, septiembre 05, 2005 en 7:52 AM
Buena tela el profe. César Sagredo. Lo conozco del Duoc. Me estoy cayendo de sueño aunque el dolor de espalda ya no es tanto. Es raro esto de ser alumno de nuevo, aunque sea por unos días. Sería altamente agradable si no fuera por este sopor.
Además que es primera vez que me meto en algo porque yo quiero, y pagando yo (no es caro, de todos modos. Casi un favor).
Internet me ayuda vagamente a sentir como si estuviera en mi casa, con la Colombi roncando al lado, con un té con leche dentro de la boca.
Hoy siento que las cosas no resultan tanto. Mejor dicho, que no resultarán si de una vez no invierto mis horas de sueño a aquéllas en las que casi todo Chile duerme. Me preocupa.
Todos los humanos tienen días de veinticuatro horas pero a mí se me hacen cortos. A veces ni como por esto de diseñar. Y no porque no haya comida, sino porque me concentro al punto que llega a salir humo desde mis oídos.
Quizá el hecho de que el castillo esté tantas horas vacío me sobrecoge impidiéndome hallar olor a hogar. Tal vez un niño. Tal vez un gato. Una planta, una plancha y olor a cáscaras de naranja.
Igual mi propia web me acompaña un poco. Parecerá egocentrismo, pero tampoco ésta sería la vez en que tal palabra estuviera bien usada.
Más bien tiene que ver con el hecho de sentirse como pollo mojado cada vez que se despierta. Y claro que se despierta con harto sol, porque cuando uno se duerme casi todos los días a las 8 de la mañana es poco probable despertar a las 9.
¿Pilar?

Té con leche

domingo, septiembre 04, 2005 en 3:39 AM
Esta taza va aquí, la negra acá. Sí, la taza negra, Negra, no tú. Tú vas más acá. ¿Me miras? Oye, si es una taza. Estuvo rico el mariscal. Isaac transmitía como loro, ¿cierto? Y luego tú me diste a entender que no entendías nada. No. Esa es abajo, ahí, junto a los vasos. Sí, y los vasos boca abajo. No los seques por dentro, déjalos así que se les juntan pelusas. Me gustó que vinieran ellos también.

¿Y ese olor? Tan cálido, como a cola de mono pero sin alcohol. No no, los vasos abajo, Pupito, que ahí van las tazas. Una taza acá, ésta es la mía, la negra. Sólo la presto a quienes quiero conceder una especie de honor (o deshonor, lo juzgará Dios), porque es la mía. Hasta un par de veces he tenido que quitarla no de tan buen modo.

Hace rato que me miras viéndome salir las palabras de la boca. Yo te hablo de tazas porque tú sabes claramente que lo que realmente me importa es el orden de los pensamientos que no puedo recolocar donde deben estar. Y claro, si todo el cimiento y todos los pilares no sé ya si son tan sólidos y tengo que encontrar yo mismo el lugar para las tazas y los vasos.

Parece que el olor es como a té con leche. A té con leche. Con leche. Aunque quisiera que el aire ahora oliera a manzanas verdes, aunque la Ale cuando entró a Periodismo dijo ante la cámara que le gustaban, con ese talante ameliano que un par de años luego se masificaría acá en Dulce con tres mil mujeres con falda y pantalón al mismo tiempo y aros indígenas y la madre tierra y la puta madre.

Sí, Pupito, no cierres los ojos, porque si bajas tus crespas pestañas de arriba no voy a saber de dónde ahorcar mis anclas. El té con leche me devuelve a la tibia rutina del PC, pero necesito ir un poco más lejos hoy.

Sí, Pupito, igual caché que estaba medio mareado, quizás por los mariscos que puta que le quedaron ricos. El que asó el pollo fue el hijo. Yo pensé que también había sido Isaac. Y bueno que a mí no me despiertan mucho los mariscos, más bien me duermen hasta el ijlil. A lo mejor por eso te hablo como sonámbulo mientras encajo esta puta taza negra en algún lado porque necesito una repisa nueva para cada pensamiento así que no te duermas porque ya ni hay espacio para un vaso más ni para una metamorfosis extra porque los pilares han cambiado mucho y ya no afirman este estante.

La Colombi salió ganando porque trutro que se caía, zas que se lo comía y tengo un poco de pena también.

Hubo un momento (ya te lo había contado) en que la gente se anduvo dispersando un poco así que aproveché y me escondí en la noche que llenaba algunos pedazos del patio. Bueno, estaba mirando a esa hermosa ramera de cara gorda y mustia cuando Baloo se acordó de mí: Sentí unos pasitos que nunca caché de quién serían hasta que claro que apareció la flamante Colombi a darme un beso. Pupito, te prometo que también te hubiera gustado estar ahí. ¿Que dónde estabas? Un poco más allá, despidiéndolos a ellos que también empezaban a anhelar sumergirse en su marcito de flores. Sí, también sé que estabas conmigo. ¿Crees que no te olía?

No Pupito. No sé dónde va la taza esa. Déjala ahí que me hago un té con leche para escribir esta tontera mientras te duermes.

Mowgli

sábado, agosto 27, 2005 en 6:19 AM
El viento veraniego le mueve un rizo de la nuca mientras el río suena porque piedras trae.
Rojas, redondas y sin claves.

No hay mucho por qué temer. Bagheera ha cocinado saprófito frito para los cerdos y tortilla de agua para él.

Será una cacería interesante:

Baloo prometió mostrarle el Origen, y es palabra de Baloo.

Y es muy bueno, porque es todo lo que desea saber. Quizá regrese hasta con nombre.

Se concentró toda la mañana en entender por qué los peces ya no temen como hace veintiún siglos. Su corazón entendió.

Por el bosque se paseaba el olor a tierra mojada. Y el bosque era toda toda la vida.

Racconto

viernes, agosto 26, 2005 en 11:11 AM
De repente se me viene a la memoria mi abuelo con sus galletas McKay y su Cachantún en botella de vidrio redondeada, esa que tenía dos copihues rojos hechos con serigrafía. Lo recuerdo así mientras tecleaba en su máquina de escribir las facturas de la panadería, que estaba en Ongolmo 740, donde ahora queda el Registro Civil. Se me mezcla el recuerdo con los avisos de AFP Summa, Banco Santiago y la película El Pájaro Azul, cuando esa mujer que era una especie de hada (?) decía "el diamante, Tilti, gira el diamante".

O con el payasito Cepillín. Extraño esos tiempos en que Juanito Escarcha era un personaje de ficción, y no otro modo de nombrar al Chacotero Sentimental. Me daba susto cuando desaparecían los zapatos de la bruja en El Mago de Oz debajo del piano. ¿Qué se la llevaba? Capaz que hasta haya sido masónico el mago de oz. Como Alicia en el País de las Maravillas, porque Lewis Carroll parece que lo era. No es por pelar. Eran tiempos tan seguros con la tremenda manaza del Tata guiando el rebaño. Bueno, parecían serlo: Olía a vienesas la cocina y a tierra mojada el enjambre de cañerías y el patio con la camelia bicolor. Siempre recuerdo al Tata así. Con sus anteojos de marco grueso que en ese tiempo no eran top. Me gustaría ser papá para que mi hijo me permitiera creerme los cuentos que le voy a contar.
Porque claro que van a ser verdad, ¡era que no!

Mensaje Recibido

domingo, abril 03, 2005 en 3:13 AM
Majo volvía de soñar con los hombres que la noche anterior se hicieran sospechosas señas al verla entrar con su escarabajo rojo por la calle tres. Y claro que era muy difícil atravesarla, si entre baches y basuras de zapallo y zanahoria y casitas muy apretadas unas con otras por poco la hubieran alcanzado, de no haber sido por la melodiosa y hasta sinfónica estridencia de la patrulla haciendo su inesperada ronda.
Una lata de Coca Cola medio arrugada en la vereda proponía sin voz la existencia de civilización, pero ahí sólo hubo miedos y residuos de feria dominical. Y claro que el escarabajo rojo salió con un par de rayones y pelos de choclo en el parachoques, pero no importaba: Ya estaba en casa, y los temores nunca la acompañaban más acá del portón de su edificio. Buenas noches, don Mario, que tenga buen turno y, a dormir.

Las once de la mañana del domingo. Esperaba acariciarse hasta la tarde con las sábanas, pero qué diablos. Se le había espantado el sueño aunque a fiesta duró hasta las cinco. ¿Y por qué se vino por ese lugar? Recordó vagamente a los desconocidos de la jornada: Mientras un moreno de mezclilla y un trigueño con espinillas conversaban algo de fútbol en el balcón, la Susana explicaba por teléfono cómo llegar sin perderse, mientras un flaco de párpados enamorados le ofrecía tardíamente un cenicero, que ya la larga ceniza de su Kent Ultra yacía en el suelo sin escándalo.




Las once de la mañana del domingo. Pepe tiene todavía la bufanda puesta. Así que la bufanda trae puesta a su vez un poquito de la saliva de Pepe, pero bueno. Nada es perfecto ni para los personajes menos imperfectos, así que no le perturbaremos con infidencias innecesarias.
Ha pasado la noche entera en su proyecto, y está fascinado. No sabe bien la acogida que tendrá, pero a estas alturas le satisface el solo hecho de haberlo ideado.
"Que no te preocupen las opiniones de los tontos", solía decir su padre. Y era justo que lo dijera, ya que ni él mismo podía bosquejar una casa para el perro de Pepe sin martillarse un dedo imaginariamente, que tal era su torpeza no con los martillos, sino con la existencia toda. Le convenía, pues, razonar de este modo, que así se inventaba destreza ante su obvia ineptitud.
Quizá por ello fue que, haciendo burla a la vida, Pepe desarrollara ese gusto por los ángulos y las curvas que le llevaran sin desvío hacia el reconocimiento de sus profesores de Liceo, primero, y cinco años más tarde al diploma con honores.




De modo que desayunó un café. No había pan, ni huevos, y las galletas que le dejaba su madre se las regalaba a Rachel. Era agradable la compañía de Rachel. Delicada, femenina, silenciosa; con esa suave modorra de la que se ataviaba por las mañanas, cuando iba y le despertaba rozándole el cuerpo. Tal vez no hubiese sido necesario nada más para ser feliz ese resto de mañana, pero quiso luego fumar. Nunca en la vida dijo "empecé a fumar de mona", porque Majo tenía alma de fumadora. Y como buena fumadora-con-alma-de-fumadora conocía todo sobre Almodóvar, y tenía discos de Luz Casal (uno de ellos de vinilo) y un afiche de tauromaquia y elogiaba las canciones de Marta Casares. Aunque las odiaba. En realidad las consideraba insulsas y monocordes. (En todo caso tú debes ignorar este punto hasta el final de esta historia).




Pero le gustaba el violín. El violín le movía las ideas, por lo que fue una gran cosa cuando llegó ese vecino. Y hay que decir que era muy bueno. Reproducía a la perfección composiciones de Doré, Daumier, Goya y Toulousse Lautrec, siempre y cuando el obeso adolescente se dispusiera arco en mano allá por el primer o segundo piso. Y le alegraba la vida por tristes que fueran las melodías, porque se le contagiaba la vehemencia de las corcheas y el descanso de los silencios. Así que Pepe era el único arrendatario que no alegaba, sino que casi agradecía a quien embelleciera de modo tan indirecto la pureza de sus trazos.




Lo cual no le quitaba a Majo sus necesidades hormonales. Una mujer puede fumar mucho y odiar la fomedad eterna de Ella Baila Sola, pero si el estrógeno manda, hay que obedecer. Y el mejor lugar para Majo es el Mall. Y claro que las cosas están más caras, pero siempre está la posibilidad de que la Susana tampoco haya dormido mucho, más ahora que se hizo parroquiana del café de Falabella porque sólo paga una luca y le dan vuelto y se ve igual de top que sus amigas que gastan cincuenta por pasearse ahí mismo. Así que buenos días don Mario, saludos a la Camilita, y a comprar.




¿Una mosca?
En algún momento hasta pensó que Dios se las enviaba, porque era lo único con que ciertamente lograba despertar. Y para qué despertar, si no era tan necesario. Si el lugar de donde venía estaba lleno de sauces húmedos y olores a cáscara de naranja y madera y la estufa de su madre. Y su padre diciendo cresta porque de verdad se había martillado el dedo y la Nini silenciosa y buena entre su reino de ollas y vapores y la batea del patio con su tapón siempre podrido y hermoso.
Una mosca. Una lagaña. Una taza de té y empezar la jornada. "Pero si es domingo". Pero nada, Pepe, si así funciona entre ángulos y curvas, y así cuajan mejor a veces las ideas.
Y un poema entre el libro de trigonometría y la escuadra. Dos mensajes recibidos:
"Maravilloso. Hubiera sido perfecto dormir después. Te quiero."
"Nos vemos a las diez. Trae plata para taxi, porque saldremos tarde de la lectura. Nacho."
Desde reconocer su renato interés por la poesía hasta involucrarse por entero con ella había pasado menos de una semana. Así era. Siempre total al punto que creían que le amaban. Porque todas eran una flor única entre sus uñas entintadas. Porque ninguna se lavaba la piel donde le coronara una mancha. Porque ninguna aceptaba ser menos que los ángulos y las curvas. Y ninguna osaba asumir que el volumen no vivía para él en la teta ni el pubis, sino en los espirales y hasta en cada átomo y su inmensurable potencia.




Pero no era momento de dejarse incomodar por lo ocurrido. Una noche es sólo una, y lo cierto era que la calle tres y la lata de Coca Cola ya no existían más. Eran las once y cuarenta de un domingo luminoso y había que encontrar algo que comprar. Porque Majo olvidaba recordarse comprando. Y claro que el presupuesto eran treinta y cinco lucas porque para ella no era un lujo, sino parte del plan de autosanación aprendido en el curso del Valle de la Luna que mal que mal le había salido más salado que el viaje al Ojos del Salado que también le costó un ojo de la cara, y un pie y tres meses precio contado. Y tenía todavía un poco de olor a humo de cigarro en el pelo, así que lo primero fue la perfumería y se le fueron cinco lucas.
Y era harto lindo el celular de la promoción que aparecía en el afiche, pero la fecha ya estaba vencida. Cómo no iba a estar vencida si aparecían escritos con lápiz pasta los diez ganadores en el mismo afiche. Y puta que me da rabia, apuesto a que no le trabajan un peso a nadie y yo hago clases toda la semana de ocho a seis y el magíster no sirve de nada y menos tiempo tengo y el rayón de mi escarabajo y esos pelos en el parachoques que me hacen pensar en "Cabo de Miedo" como si Robert de Niro hubiera ido abajo esperando el momento para aparecer lleno de grasa y matarme.




Demasiada tele, Pepe, ya son las doce y no has terminado el documento. Por último que no te pesquen, pero que lo reciban. Ellos saben que tienes talento, aunque es poco probable que lo publiquen. Seguramente querrán discutir contigo la posibilidad de comprarte el proyecto patentando ellos la idea. ¿Qué dirás? Mensaje recibido:
"Fue el martes más intenso de mi vida. Dame un domingo para morir sonriendo".
Pepe sonríe. Se sabe sensual. Pero en este preciso domingo su prioridad es otra.
Se muerde el pelo sólo con los labios. Seguramente le pedirán que se lo corte un poco. Eso, claro, en caso de que lo inviten al cuerpo docente. Mensaje recibido: "Gracias, amigo, no podía esperar menos de ti. Hablaré con el Marcelo."




Hablaré con la Marcela. Ella siempre tiene datos. Además que no es justo.
(Ando rara)
Porque yo trabajo mucho. Y me lo merezco. Y eran los únicos que trajeron a Dulce.
(Ando como molesta, parece)
Y la muy yegua me cachó y como que casi disfrutó diciéndome que el modelo no se vende. Estúpida.
(Sí, podría admitir que me dio miedo, pero no creo)
Bah. Hablaré con la Marcela.




Les diré que no. Yo quiero que lo publiquen, porque no tengo pasta de rico. Me interesa más el nombre, porque es mi investigación. Tal vez el dinero igual llegue más adelante. ¿Esta bufanda es la mía?




Don Mario, don Mario, como el conserje. No se me va a olvidar. ¿Y si de verdad no hay más que esos diez? Bah. Yaaa, ok, lo reconozco. Ando un poco histérica y sí me dio miedo. Una mina sola empantanada en un callejón no es la gracia. Y ellos no venían a ayudarme ni a despejar el camino. Mierda, me carga tener miedo. Me carga tener que admitir que mi mamá sigue ahí. O aquí, ya, ok, aquí. Bah. Y qué tanto. Y en cajetilla de veinte por favor. Sí, come harto ella. Además nadie le está preguntando a usted lo que hace con sus cien lucas a fin de mes así que no sea metiche y páguese los cigarros. Y no me interesa que no tenga vuelto de veinte y ellos no iban a ayudarme y no tengo por qué estar conversando si no quiero. Y yo sabía que se me iba a quebrar el taco. Y qué se creía esa mina metiche. Le anda preguntando una acaso si su gata come harto o poco o si su peuco se la tira una o más veces al día y este taco y qué te importa guatón sapo si cojeo o no con diez lucas de alimento para gatos.




Necesito un perrito. Sé que dejé uno por aquí. Tiene que secarse y si la dejo apoyada en el escritorio se va a manchar. Además que no cabe nada más en este caos. Pero ah, el gordito. Y el violín. Bacán. Y ahí está el perrito. Mensaje recibido: "Don José María Burgos, 11pm en la Escuela de Arquitectura. Se discutirá propuesta en reunión informal hasta la 1am aprox. Nosotros movilizamos de vuelta a su hogar."




¿Así que usted es don Mario? Sí, ¿se me nota? Deben ser mis días. No, broma. No se ríe mucho usted, don Mario. La Marcela, una amiga. Sí, medio rellenita, con mechitas rubias, esa misma. ¿El taco? Aah, el taco. Es que... ¿usted vende celulares? Ah, sí son lindos. ¿Tiene este modelo? No, no acostumbro romper carteles ¿lo tiene o no?
Buuu, y la Marcela tanto que me hablaba de usted. Decía que casi hacía milagros. Como que los hacía aparecer. ¡Sí ya sé que el modelo es escaso! Uyyy, ya no mire lo del taco que además no importa porque quiero este celular don Mario (puta se me corrió un punto en el talón) ya paso la otra semana a lo mejor. Ya, paso entonces uyyy.




Mensaje recibido:
"Te esperé hasta las diez de la mañana en el Reloj. Vi a alguien melenudo con una chaqueta con chiporro pero no me atreví a hablarle. ¿Eras tú?"
Chuta, parece que tengo que empezar a dormir de noche. Ella era Marcela, o Marcia, parece. Bueno. Ahí veo eso. Ahora, cómo lo hago para llegar a las diez a la lectura y a las once donde los tipos, no sé. Sólo sé que estaré.
Mensaje recibido:
Bah, ese ya lo había leído.




-Lindo celu, Majo. Se parece al que se sorteaba.
-No se parece, linda. Es.
-¡Clever! ¿y tiene cámara?
-Ojalá tuviera encendedor. No sé si tiene cámara, lo compré usado.
-¿Y no te lo ganaste?
-Cállate galla, lo compré en el centro. Parece que era de un mino muy regio, porque le escribían harto. Han llamado también algunas veces, pero tú cachai que ando estresá así que ahora digo que soy la mina y como que la cortan. El otro día una mina hasta se puso a llorar.
-Bien rico tiene que haber sido el minito oye. ¿Y por qué no lo buscai y te mandai un par de porrazos con él y en una de esas se te pasa lo potranca? Andai harto densita últimamente.
-Claro. Pa ti es refácil decir cosas como esas y luego largarte. Y sexo no. Pa qué. No tengo ni ganas. Como si Fernando me hubiera dejado un gran recuerdo de la hueaíta. Más fome. Primero te agarran el poto y después te dan la espalda al dormir. No. Tengo harta pega como pa andar pensando en minos.


María José volvía de soñar con el hombre que chupaba sus tetas como si fuera un cachorro de quiltro hambriento. Y claro que la embestía como un huáscar despiadado tratando de rasgar de una vez y sin calma su fumadora vida de vinilo. Y sudaba el caballo y María José empezaba a abrir la boca y el gemido no salía y no salía y de repente empezaba a salir y mierda qué es eso un gemido o un relincho, y mierda qué es esto, un sueño o una explosión de té y café entre las piernas, y escuadras y tus ángulos entre mis curvas de potranca... ¿Por qué te alejas sonriendo, macho de melena? ¿No me llenarás la gruta de flores y de risas? ¿No te quedarás hasta después del sueño y me convertirás de fumadólica a princesa? ¿Qué melancólico violín te aparta de mis ancas hacia un abrupto edificio infinito?


Esa mañana había pan y huevos y café, pero no comió nada. Soñar es la más eficaz manera de enamorarse y de perder la noción de la telefonía móvil. Arrojó un puñado de comida a Rachel, que esa mañana no le pareció delicada, femenina ni silenciosa, sino sobrante, reiterativa y estúpidamente fumadora. No le interesó más despertar con el roce de su lomo ni con su leve maullido, sino que obedeció a una hasta ahora solapada urgencia por conocer el olor. ¿Por qué esos mensajes tan intensos? ¿Era realmente anecdótico, o venía dedicándole sueños desde leer "fue el martes más intenso de mi vida. Dame un domingo para morir sonriendo"?


¿Ha visto a don Mario? Buenas tardes, ¿ha visto a don Mario? ¿El de los celulares? ¿y por qué no ha venido, si le va bien aquí? Si yo misma le compré este celular aquí, aquí mismo, mire, y le pagué harto, porque era único, ¿ve?
¿Preso? ¿Pero preso por qué?
Pero si es obvio que a veces son celulares robados, pero cuando son robados son más baratos, yo pagué y me lo trajo de Santiago dijo.
No, no vi las noticias. Pero igual he escuchado acerca del tipo, porque vivía en mi edificio, era arquitecto, ingeniero, o algo así. Un tal José María algo. Pero le estoy preguntando por don Mario, ¿preso por qué?

A Luke Skywalker

miércoles, marzo 23, 2005 en 11:01 PM
Quien lea estas páginas ha de pensar que soy un tipo depresivo. No es así. Lo que ocurre es que quienes solemos plasmar las emociones, en cualquiera sea el soporte (papel, cerámica, tela, lienzos, bits), simplemente lo hacemos preferentemente en los momentos de pena o reflexión. Cuando uno está alegre, usualmente no escribe. No hay pruebas empíricas de ello, pero es muy dable a suponer.

Después de este apologético intro, debo someterme a la verdad.

Tengo pena de nuevo. Toca mi puerta Luke Skywalker con su Princesa Leia (no es una alegoría ligera, sé que eran hijos del mismo padre), y lo atiendo mal, aunque lo quiero mucho. Sus ojos grises siempre despistados y buenos no lograron entender que yo estaba ocupado en cosas de grande, de adulto responsable (¡vaya, qué mentiras las mías!), así que una vez más me impusieron una muchedumbre de sólo cuatro humanos sobre mi "apacible tarde de miércoles".

Insistía él, por bueno, en que le prestara mi cartuchera de CDs, porque me los cuidaría mucho, y necesitaba instalarle algunos miles de cosas al notebook de Pancho Puelma. Tuve que mirarlo con un poco menos de cortesía y temo haber sido hiriente: "Ahora no puedo, mañana sí". Como las tres primeras palabras me manaran entre los dientes medio apretados y medio animales, su autoestima cayó fulminada al instante.

Mierda.

Y otra voz comienza su transmisión en onda corta desde al lado de la cocina provocando que mi mente, siempre incapaz de pesar dos cosas a la vez (más un automático remordimiento por lo de Luke), colapse ruidosamente, haciendo saltar el hijo del fondo de la tierra hacia quién sabe qué cresta de lugar dentro de mi cabeza, reventando toda posibilidad de convivencia con los humanos.

Luke, perdóname. ¿Cómo decirte que se me harían más fáciles las cosas si me avisaras antes, que vendrás?

Perdóname Luke, soy medio ogro muchas veces, pero es que ya me cuesta vivir yo mismo conmigo. Quisiera otra cabeza.

Anader dei in paradais

martes, marzo 15, 2005 en 3:42 PM
Parece que lastimo a Pilar constantemente. Chuta. No es eso lo que busco. Parece que siempre la daño, coño. ¿Por qué será que arrojo mis iras en su cara? ¿Por qué en la radio justo en este duro momento de autoanálisis suena una excelente nueva versión de another day in paradise? ¿Y si me convierto en tercio en lugar de mitad? ¿o mitad en lugar de entero? O más abruptamente: ¿si me convierto directamente de entero a tercio? ¿Seré apto para hacer sonreír a un capullito? ¿Ya estará dispuesta la Señora Arcani en el corazón y cuerpo que he mordido?

Miedo, miedo, miedo.

De todos modos, si miro al espejo puedo ver -aparte de la constancia de Matrix- que, pese a todo lo temible que puedo hallar en mi propia pupila encuentro, además, el simple hecho de estar yo mismo acurrucado en ella. Eso me genera una sensación de continuidad que, aunque viva la relativa desgracia de ser el que soy, logra alentarme y acompañarme. Soy el mismo que durmió bajo las estrellas en ese viejo saco de dormir. El mismo que descubrió, en un ya inexistente videoclub, que se puede compartir la intimidad. Soy el que estaba conmigo esa mañana conversando de cablecitos, ampolletas y alicates, con el que terminé armando una lámpara-ventilador. Y soy el que me ofrecía pañuelos cuando siendo un ineficaz agente de seguros, me escondía de la realidad en la oscuridad de la escalera de emergencia.

Kyrie Eleison.

Hay otro

miércoles, marzo 09, 2005 en 4:40 AM
Hay otro diario, no te pongas celoso. Uno que sabe las cosas que tú no. Está claro, gente que te lee me pregunta ¿y no te da pudor que todos vean tu diario? Ja. Otros, aun más estúpidos me dicen "leí tu diario... ¿te enojas?".

La verdad es que creo que no debiera ser necesario explicar por qué NO PODRÍA enojarme, pero en vista de que hay personas que ni siquiera leyendo las palabras previas a las de esta línea serían capaces de deducirlo (como si hubiera algo que deducir), espeto un nobiliario respingo y respondo que puedo estar loco, pero ser tonto sería una tontera. No se escribe un diario online para que nadie lo lea. Eso.

Como te decía, hay otro aparte de ti. Uno al que cuento los mismos temores y sandeces que tú conoces, pero con más pleno detalle de sus causas, consecuencias y envergaduras. Tú muestras lo preciso, al punto que las claves para descifrar quién es quién en tus páginas (Luke Skywalker, Pilar, Birdy...) podrían regalarse por la compra de un kilo de papas, o con tan sólo una tapita premiada de Coca-Cola. El otro, que se escribe segundo a segundo con impulsos electroquímicos, da fiel y constante cuenta a toda mi casa acerca de olores (caldillo de mariscos y sangre y sexo), colores (amarillo rojizo y naranja y verde loro), texturas (cemento y arena y tubérculos de Montgomery), sonidos (música y los perros de mi calle y saetas de varia cuestión) y sabores (caldillo de mariscos y sangre y sexo). Hay un séptimo elemento, pero es precisamente el que no entenderías.

-Entonces, ¿para qué me haces?

Te hago porque de todos modos me sirves y te necesito. Eres el que soluciona el problema de drenaje del que te nombro. El que lo mantiene lejano a colapsar. Podrías llamarle "Don Diario".

-Ni cagando. ¿Crees que nombraría así a un tipo que ni siquiera conozco? ¿Y que quiere quedarse con lo mío? ¿Acaso está armado en Flash el muy vaca? Bah. Olvídalo.

Da igual. Es él de quien tú hablas. Toda tu existencia de html y letra verdana y adornitos digitales que ni siquiera pueden tocarse se remiten a revelar sus uñas y codos, a lo mucho. No te creas tanto. Mal que mal generas opiniones erradas. Sabía que te ibas a molestar. De todos modos no debieras: Tu función es insustituible. Además hoy te invité a mis dedos para que contaras otra cosa, no para que alegaras. Sólo quise ser amable contigo y no ocultarte demasiado.

-...

Ya, sé que estás dolido, y lo entiendo, pero yo mando así que anota. Te prometo que seré breve.

-Habla.

.............................................

Querido Diario:

Ella me dijo cosas dolorosas. Yo me disparé en la garganta un último sorbo de té y salí de ahí, aprovechando el impulso. Ella tenía una boca de la que seguían saliéndose las palabras mientras yo cerraba sin dar el portazo. Cuando bajé la escalera, Colombina trataba de decirme cosas no dolorosas.

Yo quería que ella me quisiera, pero ella quería mi existencia, y no mis formas. Ella dijo que yo estaba huraño, y lo peor es que yo pensaba que realmente ella no sabía que era por culpa suya. Ella aún tenía cara de mártir. Yo puse mi cara N° 373

Mátame

lunes, febrero 28, 2005 en 6:15 PM
Estoy inmóvil frente al computador. En la radio se habla acerca de los extraterrestres y su nave nodriza llamada "Nueva Jerusalén", y mezclan la cháchara con religión y el locutor cree todo menos lo que tiene que creer y yo me complico porque Pilar me dice que soy un flojo porque la hora con la dentista era a las 9:30 AM y logré despegar los fucking párpados hace menos de una hora y mi amiga de Santiago me dice que me envió un mail y que le rebotó y que no entiende nada y si no fuera por el locutor de la misma radio en Chile nadie conocería a Marco Antonio Solís, y hasta parece que fueran pololos de tanto que se nombran entre los dos y yo me pregunto si no será mucho porque hay muchos cantantes más en el mundo y me da rabia que quizá sí soy un flojo de mierda y sé que no es nada de comercial publicar estas palabras en el mismo sitio donde ofrezco mis servicios y tengo que crear una página urgente y mostrar unas tarjetas y no me gustó Bridget Jones y Hugh Grant vale hongo con su sonrisa rosa y su estampa de galán raquítico y sus millones debieran ser míos porque soy más bacán y actúo mejor y la actriz de Bridget igual está rica aunque haya tenido que engordar veinte kilos para el personaje mientras Doctor Quinn se pone triste y Azul dice que gracias por el tecito y que ya se va y Pilar me patea por debajo de la mesa y a la chucha que ya no sé qué mierda hacer para lograr tener una vida como la gente y que mucha gente puede tener problemas pero no ser capaz de despertar en la mañana es peor porque es indigno y que mejor al final sería vivir con el puro computador que sólo se desconfigura el muy cabrón pero que ni llora ni pregunta ni ninguna weá y tengo rabia y el Papa se está muriendo y ya nadie pesca a los pobres tailandeses mientras que siguen sufriendo y Zamorano se jura gentleman y es un puro chanta con la mansa callulla y el poto hediondo y vuelan las tetas y los potos en la tele y sale olor a entrepierna desde que uno la enciende y creen que eso es destape y se van todos a la mierda porque me interesa un huevo ese tipo de destape y Danifunk me cuestiona porque dice que mi sitio sólo sirve para alimentar mi ego y que soy un inseguro que juega con palabras bonitas y el famoso piano de fondo y lo peor es que puede que tenga razón y me da pena y me da rabia y me dan como ganas de mandar a todos al carajo y después veo que yo soy el problema así que no tengo derecho a mandar a nadie a ninguna parte y ya se me está quitando la rabia después de este desgañite y tengo que trabajar y puta la weá que me volvió y a la cresta y la chucha y pico y zorra y no es un buen ejemplo que escriba estas cosas y sé que es una contradicción y a la mierda.

Confieso

domingo, febrero 20, 2005 en 5:35 PM
Soy un mal tipo. Imagino que ha de ser así, aunque no trame mal: Trato de mantener el secreto que sé traerá jodidas consecuencias: A mí rara vez me importa lo que le suceda a otro. O a otra. Si alguien tiene pena, casi nunca me preocupa, o si le duele algo, de todos modos soy capaz de reír, porque a mí no. Ojo, que no digo ni insinúo sentir placer con que alguien sufra, sino sólo que me resulta intrascendente. Creo. No admiro a nadie y a nadie le compro la vida.

Alguna vez alguien me ha comentado sus ganas de no afligirse por las cosas que les ocurren a los mendigos, o a los niños con hambre, o a los viejos (pude escribir "desposeídos, pequeñitos y abuelitos", pero no quise). Piden a Jesús que les quite la pena, cuando más bien yo creo que el Señor requiere de ellos que la sigan sintiendo, porque precisamente son los indicados para hacer algo verdaderamente útil y concreto. Yo no ruego a Dios por no sentirla, sino porque un día de esta semana me arda el alma por el hambre de otros, o por las tristezas de otras.

Así de impertérrito, ¿amaré alguna vez? ¿daré la vida por mis hijos, si me lo demanda la historia? He aquí mi gran secreto, publicado en mi diario virtual hoy. Ya no me quedan muchos más por develar. ¿Por qué lo exhibo? Creo que así se le resta un poco de lo indigno. Estoy empapado por fuera y por dentro de un yo tan invasivo que forma trombos en mis carreteras hacia la vida.

He, pues, aquí, motivos frescos para cuestionarme. Ya no me dolerá tanto que digan lo que sea preciso decir. Ya no me dolerá tanto en esta callosa epidermis. Tengo sueño. Creo que dormiré un rato.

El calcetín negro

martes, febrero 08, 2005 en 5:55 PM
Logro abrir un ojo más cerca de las diez que de las nueve. Vamos nuevamente. Es de día y tengo que recordar que no tengo seis años, sino veintiséis. Vamos, que lo hago por mi hijo y mi hija. Aunque aún no nacen. Aunque aún ni siquiera están gestándose, porque el útero no está definido.

A duras penas me doy cuenta que don Mario Benedetti sólo era parte del sueño, y que tal vez ello explica la poca atención que me puso. Bueno. No soy gran cosa tampoco como para que se desangre por un coloquio conmigo.

Luego desadhiero una a una mis vértebras del Box Spring y comienza la entropía cotidiana. Me parece sensato que la entrada al menú de hoy sea vestirme, que ya está decidido no ducharme.

Los zapatos. ¿Botas? No, hoy hace calor. Busco las zapatillas y todo bien. Están ubicadas y no creo que se escondan mientras voy a mi ex habitación a buscar los calcetines. Estos negros curiosamente continúan utilizables. Además, no desentonan tanto con el polerón.

Me pongo uno y me dirijo al baño donde efectúo todos los menesteres que derivan de no ducharme. No es muy glam, que digamos, andar de galancillo por la vida con secretos del día anterior.

Mientras pululo por el segundo piso me miro los pies. Sólo me he puesto un calcetín. Lo bueno de todo es que las zapatillas siguen donde las vi por última vez, por lo que sólo me remito a crucificarme por esta asfixiante inconstancia que unas horas más tarde me tendrá escribiendo este informe sin importancia.

Así es. Un calcetín. Quizá pueda verse gastadamente gracioso en una película de Jim Carrey, pero acá algo me dice que simplemente olvidé ponerme el otro antes de que se me ocurriera otra cosa.

Pienso en la palabra "manuscrita". Me visualizo escribiéndola a mano y claramente la primera "a" me queda muy distinta a la segunda. La de "manus" tiene un vientrecillo coqueto y una visera mientras que la de "crita" es una esfera con un cachito abajo, a la derecha. Todo por el calcetín. Sí. No es ser demasiado autoanalítico percatarse de que no logra ocurrírseme una cosa cuando ya la atropella la siguiente. Y varían de modo angustioso.

Y claro, Pilar me dice que así, levantándome casi a las diez no lograré mucho. Ah, qué agradablemente dicho el consejo. Me motiva hoy a amarme y a saber que soy un hombre muy capaz. Que el éxito está ad portas y que es llegar y cogérselo.

Mis sueños de una familia. De una esposa fiel y tetona. De llegar a viejo y morirme el mismo día que ella. De haber sido alguien alguna puta vez.

Me quiero cortar el pelo

miércoles, enero 12, 2005 en 9:15 PM
Vengo saliendo del baño. Fui a hacer pis, medio triste yo, medio triste Mr. Anderson. Pilar me dice que las cosas tengo que hacerlas por mí mismo. Tengo eso claro, pero uno a veces necesita que lo animen. De hecho, estoy muy consciente que entre las personas que leen estas vagas líneas, hay una que preferiría que yo no existiera. Me parece lícito, sin embargo. A veces no estoy tan cuerdo y me dejo entristecer por leseras. Supongo.

Porque imagino que debe ser de lo más idiota entristecerse por no existir. O de lo más loco. Lo lógico es que para que uno pueda estar triste, comience por existir. Ja. Hablo como Juan Pablo Castel. ¿En qué estará hoy mi buen amigo? Tal vez sigue extrañando a María Iribarne. Tal vez ya no está en el epicentro de su celda.

Pero ¿no es preocupante que seamos chicos como un grano de arena? ¿o de polvo?

¿No es triste sentir a veces que sólo se es un error de cálculo? ¿Un defecto de la...? (mejor no digo la palabra "Matrix" porque como somos chilenos después del éxito de la película la criticamos todos).

Bien. La cosa es que ya estamos en este mundillo. Hay que puro hacerse millonario o morir en el intento. O caminar pilucho por el centro de Conce habiendo dado previo aviso a la prensa, para hacerse famoso por una semana. Hablar de tolerancia, librepensamiento, homosexualidad y clichés por el estilo. Quizá apareciendo en Las Ultimas Noticias con el pelo amarillo hablando pestes de alguien logre existir.

Se me va el pelo a la frente con este viento veraniego y me molesta mucho.

Disfrazada de Wallpaper

martes, enero 11, 2005 en 6:52 PM
En alguna parte, lejos de aquí, la brisa del atardecer tiene olor a hierbas y a sudor. Tú estás ahí (ah, tú no huyes) y te miro entre las ramas agitadas del sauce. ¿Es entonces la brisa? ¿Será quizá tu aliento quien las excita? Vienes vestida de gasas alguna vez blancas. Vienes sin sandalias, heridos tus pies por drástica fuga. Atrás quedan metálicos molinos de viento con máquinas trasladando caballeros. Lejos se diluye un pueblo bajo techo con paisanos comprando menesteres. Ya no hay más necesidad de pergaminos de telaraña, ni de voces yendo y viniendo en cofrecito mágico.

Tú estás ahí. Ni siquiera Sir Reeves ni Lady Moss lograron alcanzar el sauce. Tú sólo me miras mientras el sol que decides no opacar con tus pupilas doradas, a tu espalda recorta la silueta del castillo. De tus labios nacen cerezas y de tus pómulos resbala el ansia. Tú estás ahí (ah, tú no huyes).

De mi anatomía asombrada calma despréndese la armadura: Florecen entre los pelos del cuerpo las más añoradas flores de Arcana.
Tú estás ahí (ah, tú no huyes). Preparas un nido con sólo desearlo.
Tú estás. Aun disfrazada de wallpaper, siempre eres la que eres.

Abulia

viernes, enero 07, 2005 en 1:58 PM
Aburrida se va yendo la tarde. ¿Novedades? De las deudas que sembré los últimos tres o treinta meses, he cosechado alguna que otra pelusa en el bolsillo, y dos en el ombligo, que se ahogaron con la ducha de hoy. MSN se vuelve a jactar irónicamente de su curiosa habilidad para incomunicar lleno de espejismos, y mis calcetines grises muestran orgullosos una nueva carie en incubación.

Por otra parte, Mowgli parece haber vuelto a manchar sus manos ante Baloo, en la "imposibilidad" de contener sus impulsos de niño-lobo. No se atreve a mirarlo, porque de las excusas más que fútiles nada sólido podría volver a prometer.

Colombina duerme en mi cama sin sueño. Basta que una partícula de polvo roce el suelo para que despierte y me mire rogando que la libere un poco de esta torre en que la mantengo cautiva. No me complace este aburrimiento al que la obligo, así que, aunque hay Coca Cola en el refrigerador, me pongo las zapatillas y parto al almacén. Yeah.

La culpa es de Birdy y del Birdy de Birdy

domingo, marzo 21, 2004 en 6:59 AM
Poli. Polilla. Polillas, que todas son una misma.

Vuelan, se me pegan en la pantalla del PC que llamé Albert, por darle rasgo humano.

Al contrario de lo que deseé cuando niño, Albert es un montón de plástico. Mis G.I.Joe no salían a conversar cuando Andritos se quedaba dormido. Carajo. Ingenuidad que pretendía acompañarse de cualquier cosa porque se sentía solo.

Es todo culpa de Birdy. Birdy culpaba a su vez a su propio padre. Pobre de él, y del Birdy de Birdy.

Joder.

Siquiera si supiera de alguien que esté leyendo estas líneas.

Tal vez producen gusto en España.

No sé. Internet, el gran medio comunicador, parece incomunicar más.

No puedo aspirar el hálito de otras soledades.

No puedo nada, pobre león enjaulado que se mueve en círculos desesperados.

Hoy recuerdo esa vez que dejaste tu café...

domingo, marzo 14, 2004 en 7:43 AM
Te veo botado en el piso. Colorado como tomate, sudando, jadeante. Triste.

Arriba tuyo, en lo que debiera ser abajo tuyo, tu impresora no me deja dormir, y estoy obligada a verte así.

Me da pena, porque te amo. Nunca te lo diré, pero también yo te amo con paciencia, como todos los que te aman.

Te veo botado en el piso. No has bebido. Tú no bebes.
Hoy recuerdo esa vez que dejaste tu café con leche cerca y me lo tomé: Te reías con ternura porque no me pude dormir y estuve dando vueltas toda la noche. Sé que te acuerdas.

Me da pena verte ahí, llorando sin lágrimas porque sientes que fallaste.

Lo peor, parece que lo hiciste. Pucha. Quisiera hablarte. Tú siempre quieres que te hable en momentos como este. Yo nunca lo hago. No podrías entender mis consejos, porque somos distintos, aunque ya tengo tu olor adherido en mi cuerpito al que sueles abrazar cariñoso.
Por eso me da pena.

Yo te conozco. A veces incluso en estados que ni Pilar. Yo sé cómo funciona tu ritmo y cómo te duele ser tú, ¡cuando yo vivo porque tú eres tú!
Por favor, ya ni sé cómo acercarme; cuando te veo así me cuelo entre tus nervios y asomo los ojos grandes que te gusta mirar a veces, para ver si te alivio, pero bueno... no siempre tu cariño es accesible, aunque entre todas las hembras que pisan la tierra me he llevado su tajada mayor.

Andros, querido, no estés triste. Tu amigo entenderá que temiste, porque pensaste que ella sabría todo por Isaac.

Mal que mal, lo cuidaste. Miraste, sí, un rato; pero te creo que lo cuidaste también, y que habrías incluso dejado que te arrestaran para que no a él.

Andros, aunque no me des una vienesa, esta noche te querré más.

Párate, descansa. No es tan malo para el mundo que seas tú. Cierto que los que te amamos te tenemos paciencia y que odias que te tengan paciencia, porque preferirías simplemente ser querido, pero Andros, es parte de tu destino.

Y además párate porque antenoche, cuando no mirabas, me hice pipí en la alfombra, justo ahí donde anclaste ahora tu frente que me gusta lamer.

Como cuando me compraste. Me gustaste al tiro, pero no podía ser toda fácil para tí. Tenías que ganarme.

Luego me llamaste Colombina.

Y me querías bautizar "Usted". No me habría gustado mucho. Te habría mordido muchas veces pero sin remordimientos.

No. Mentira. Yo te quise desde que te olí por primera vez:

Tenías olor a niño, igual que hoy, cuatro años después.

Ellas estaban ahí

viernes, febrero 13, 2004 en 7:36 AM
Ellas estaban ahí. Retorciéndose. Movimientos pélvicos casi cadenciosos habrían sugerido al ojo poco entrenado que estaban disfrutando sobremanera. Tomaba ya casi visos de bacanal.

Andros estaba charlando por MSN. Acababa de decirle a un nuevo contacto que iba por algo de comida, porque de lo contrario colapsaría de hambre. Y de hecho, así habría sido, que desde que Dalila muriera le había vuelto a nacer la gula gozosa, adornada por la también renata cereza en las mejillas y la risa entre los dientes.

La típica: Había llegado a su casa y, antes de siquiera apagar las luces de la entrada ya había transcurrido una hora y más sentado frente al monitor.

Pilar no habría dudado en matarlas a todas, eran unas canallas hijas de perra que venían a dejarse caer sin invitación a hacer usufructo de lo que jamás les había pertenecido por derecho. Claro. Ellas estaban ahí, malditas hedonistas. Y había que excomulgarlas. Siempre su casta lo había merecido, que por la baja ralea en el círculo se habían granjeado la mirada molesta de los que les metían de mala gana el pan en la boca.Andros pensaba a veces en la física. En la luz, y en la Luz también. Le parecía que ambas cosas podían fusionarse y explicar casi de einsteiniana manera los dichos de Kirios acerca de Kirios.

Ya. pero no había entendido mucho de lo esencial.

Que de nada servía sentarse frente a Albert a conversar virtualmente de la vida si no sabía siquiera por qué habría de hacer lo que finalmente hizo con ellas, y con las familias de ellas. Había sido un día agitado. Un día feliz. Dalila ha muerto, viva Eva. Había sabido que sin embargo Dalila ahora quería ser ingeniera. Ya no quería ser médica ni visitadora médica ni auxiliar paramédica ni bióloga marina ni su marida ni sicóloga ni abogada ni carabinera ni marinera ni empresaria ni gerenta de lo que fuera con tal de ser gerenta ni actriz ni nada que no fuera ser ingeniera. Que le estaba yendo bien. Que quería ser ingeniera y millonaria como siempre con las dos piscinas y las dos nanas y los quintillizos y el celular con cámara y el jeep del Príncipe Vaselino y el departamento en Reñaca y el departamento en Viña y el departamento en el centro y la casa en la playa y el convertible y los lentes de contacto y esa estúpida minifalda y el estúpido anillo de brillantes y la ropa sofisticada que nunca supo acreditar y los libros caros de los que jamás habría entendido una mísera página y los perfumes de Ralph Lauren y de Hugo Boss y de Hugo Lauren y de Ralph Boss también, por si es que llegan a existir; y los nietos con su hermosa cara aunque no sepan qué carajos es un axioma que no es lo mismo que un dogma mientras tengan su nariz, y que parezca que no le importa la plata porque lo relevante va por dentro.

Dalila mataba a las lombrices o a cualquier bicho con la punta del zapato porque ¿qué joda, no? eran seres inferiores. Todos le debíamos pleitesía y mil perdones por ser tan aberrantes. Por ser tan equivocados. Y por ser, en general.

Pero Andros tampoco había entendido, él bajó a comer lo que hubiese dejado Pilar.

A Andros le gustaba ser empalagoso a veces. Quizá por eso comía mucha azúcar.

Dalila ahora quería ser ingeniera. ¿Qué ingeniera, por diva y lumbrera que sea al unísono, será capaz de añadir un soplito de vida a una pepa de uva?

Dalila mataba a las lombrices porque había que matarlas.
Andros, pues, bajó a comer.

Había panitas con arroz chaufán. Mmmm. Rico rico.
Ups. En el lavaplatos yacía inmutable la taza que le proveyera durante la tarde el rico sabor a cedrón con limón y muchísima azúcar.

Madres. Las formicas la colonizaban de manera casi colombina, extrayendo de sus canteras los dulces lingotes. Andros las mira y trae el desodorante ambiental de lavanda. Mueran, malditas hedonistas. Estas hijas de perra deben ser excomulgadas, porque no se han ganado el derecho de hacer usufructo de un bien que nos pertenece a los de mejor casta. Somos humanos y merecemos la corona de la Creación.

Claro que no murieron con el desodorante. De hecho, empezaron a coquetearse mutuamente. No sentían mariposas en la guata porque todos sabemos que una mariposa no cabe dentro de una hormiga.

No morían. Aparentemente debían morir. Se acordó de eso que dice "Raid los mata bien muertos".

Pero Raid resultó ser un infame. Ellas estaban ahí. Retorciéndose. Movimientos pélvicos casi cadenciosos habrían sugerido al ojo poco entrenado que estaban disfrutando sobremanera. Tomaba ya casi visos de bacanal.

Pero estaban sufriendo. De verdad fue impactante. Quizá un ingeniero pueda determinar qué proporción existe entre el volumen de una hormiga y el de un humano, pero no podrá apostar ni una tecla de su calculadora a la seguridad de que nosotros no resultamos quizá igual de comparativamente pequeños frente a alguna forma de vida insospechada.

Y jamás podrá crear una hormiga. Andros imaginó violentamente a los niños de medio oriente retorciéndose por sus plagas cual hormigas.

No es cosa entonces de llegar y matarlas. Joder, que les dolía, era jurable. Y la culpa no era de ellas, sino que de la mano que pusiera allí la taza durante la tarde.

Miedo a todo

lunes, enero 12, 2004 en 6:47 AM
Estoy aterrado.Son varios motivos:

-Se me acabaron los cigarros.
-Mi Messenger no funciona.
-Mi corrector ortográfico no funciona.
-Mi cerebro no funciona.
-Mi despertador no funciona.
-Mi vida no funciona.
-Estoy marcando el paso.

Nunca quise estudiar medicina. Mi abuelo quería que lo hiciera, y mi profesor de historia quería que fuera abogado y el de matemática que fuera matemático. Yo quería ser libre. Quería independencia. Hoy tengo veinticinco años y no sé si soy independiente o cesante. Joder. Dalila empieza su práctica en una empresa grande y tiene ocho años menos que yo y quiere una casa con dos piscinas y un jeep y un Volkswagen Beetle y dos nanas y perfumes y joyas. Yo quiero saber qué cresta fue lo que pasó conmigo y con mi occisa inteligencia y presunta genialidad.

Tengo angustia. Para hacerme más irónica la cosa enciendo la radio y Marcos Llunas canta Vida, que se trata de una mina que llega cansada a la casa y le pesa la espalda y el muy independiente no tiene pega ni plata para comprarse el diario siquiera para poder encontrar una.

¿Qué soy? ¿Qué he sido de distinto al niño que miraba las hormigas pasear por las cortezas de los árboles mientras los vecinos de Lorenzo Arenas jugaban con los juguetes que el Viejo Pascuero contratado le traía? ¿En qué soy diferente al pendejo que en cada campamento se apartaba del grupo para ir a caminar, ajeno a las bucólicas farándulas que giraban en torno a los más top?

Coño. Tengo miedo.

Tengo miedo a todo. Incluso al miedo mismo.

Lo único que de manera concreta mata al miedo es la materialización de lo temido.

Yo quiero tener hijos, verlos crecer junto a mí. Darles, que no les falte nada y que no se avergüencen de su papá. Pero tampoco quiero trabajar en un una agencia publicitaria en Conce donde me paguen lo mismo por diseñar o por limpiar el water.

¿Cuántas hay en esta ciudad que puedan llamarse agencias? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuántas crees tú? ¿Diez? ¿Quince?

No. Tengo veinticinco.

Un día la Ale me dijo "tener veintiséis es como tener treinta". Ahora entiendo. Yo sigo siendo el mismo flaco chico que miraba a las hormigas y que se apartaba en los campamentos. El mismito. Claro que ahora tengo pelos y fumo y el sexo no es algo de lo que sólo haya escuchado a los grandes.

Ya. Soy adulto.

El otro día un pendejo me preguntó qué quería ser yo cuando grande. Me dejó cachúo. Lo miro y no sé en qué aparte de las tres cosas que dije se diferencia de mí. Claro que Max es mayor que yo y piensa en cubanas y en Playstation. Claro que Andi tiene un año menos que el papá de Dalila y vive con los suyos. Claro que está difícil la cosa en Chilito, pero no es menos claro que no quiero ser así. Pucha. Uno nace para genio y muere pobre. ¿Acaso lo único que queda en la vida es ponerse camisa a cuadritos, zapatos Albano, jugar fútbol los fines de semana antes de la inherente chelita y decir "Civil Industrial" con cara de futuro marido gorrero?

Una vez me dijeron que era encachado, inteligente y caballero; "las tenís todas". Ya. ¿Saben acaso lo horrible que es no poder levantarse en la mañana? ¿No ser capaz de simplemente despertar? Yo siempre tengo sueño, joder; tan sólo ahora he bostezado ciento ocho veces, como diría Papelucho.

Mi última terapeuta me dijo que no funcionaba bien –ella- si no dormía doce horas diarias. Me pareció una burla, porque es siquiatra. Y yo seguí igual de loco.

Ya. Me voy a dormir. Estoy mareado de tanto sueño y no quiero que Dalila me invite los cafés ni que me pague el pasaje.

Día 1

miércoles, enero 07, 2004 en 8:21 AM
Hoy me decido a insertarte dentro de mi página. Parecerá sintomático, pero desde que era chico siempre escribí de madrugada. Tanto, que el Alan Muñoz me conocía como Fausto de Madrú.

Es que el cielo negro proporcionaba desde siempre a estos párpados un plus que nada más podía. Egon. Egón. Ego grande. Ego hinchado. Igual me da como cosa saber que quien quiera ver estos archivos podrá hacerlo. Como que me obliga a escudriñar mi corazón para ver si efectivamente no tendré nada que ocultar...

Espérame un cacho, me están dando ganitas de tomar otro té con canela. Ahora que volví a fumar el té y el cigarro se reencuentran en esa vieja y hermosa simbiosis eroticona. Claro que el café siempre ha sido más preámbulo a los movimientos de catre que el té, pero el té ha originado las desnudeces más honestas de la historia. El té es claro, sencillo, e inclusive se da el merecido lujo de dejar en el paladar un bouquet bastante más fino que la tosca vaharada del otro.
Ya, cabro, espérame un rato.




(1 Rato)




Tengo un desorden de padre y señor mío acá en mi pieza.
Como me decidí a trabajar por cuenta propia, he acordado firmemente conmigo mismo habilitar la pieza del Tata como oficina. En el suelo yacen irremediablemente vivos los papeles que he ido acumulando a modo de tesoros-que-puedo-necesitar-algún-día. Encima del escritorio hay otro despelote, incluso peor que el que ya existía dentro de mi cabeza.

Hoy no me fue tan mal con las tarjetas. A la gente le gustan. "Véalas primero y si quiere después me dice que no", les digo de partida, y, como realmente son buenas, mi preámbulo de "soy Andros, el fabricante de las mejores tarjetas de la región", no queda desvalido y me compran.

Me acuerdo de Benedetti. De Martín Santomé, más específicamente, cada vez que empiezo un diario. El pelo de Laura Avellaneda y, casi obscenamente, de la palabra misma Avellaneda. He oído que los gitanos en lugar de arrojar flores a las novias para la prosperidad les tiran avellanas para la fertilidad.




¿O eran almendras?




No importa. Lo importante es que no les tiren bellotas. Neruda decía que un bellotazo en la cabeza era altamente no-recomendable.

Ya habrás notado, Diario, que esto no pasa de ser un cálamo curriente. La noche transcurre un poco rápida y se me van acumulando junto con el polvo los atrasos en mis autoimpuestos deberes laborales.

Ya, niño, te dejo. Por lo menos ya te parí. No alegues.

Foaf Tale

miércoles, noviembre 01, 2000 en 3:17 AM
a Eva Arcani

H estaba cansado. H quería tirarse una mina. H no quería hacerle el amor a una mujer. QUERIA TIRARSE UNA MINA.


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H sabía que esto era una mentira. Deliraba por hacerle el amor a una mujer. A la mujer. Anhelo suyo era el amor, la plenitud de las sutilezas y la plenitud de lo obvio. Hacer obvia la felicidad y sutil la vieja intensidad del deseo por la tristura murciélaga.


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H no encontraba a la mujer. En el camino tajeaba algunos corazones que, como polillas, se le acercaban creyendo ver luz.


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Y había algo de luz.


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Entonces, había aprendido a "vivir conmigo, no solo".


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M chupaba un cigarrillo en el pub más "bohemio" de Dulce. Bohemio, así, entre comillas, porque allí se llamaba bohemia a beber bastante; fumar un par de pitos; cagarse de la risa a veces, y conversar de poemas y pinturas de los que ni puta idea tenían en realidad. La cosa era opinar y pasar por algo que no fuera evidentemente top.


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M chupaba un insulso pucho. Tenía en su bolso Sybilla una tarjeta con la que sacaba dinero de un aparato; un pase escolar escaneado, y un librito dorado con azul, que en su portada rezaba "este libro no será vendido".


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M succionaba el humo de su maldito Kent Ultra. Chupaba también a ultranza otro tipo de materias, y buscaba con sus ojos una presa a quien demostrarle que en ello era una artista.

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En los bafles comienzan a sonar los lentos. Un dúo monótono: Ella Baila Sola. H solía opinar que era Marilia Botía una mina harto calentadora. Pero no pensaba así. En realidad la consideraba bella, y la admiraba. (En todo caso tú debes ignorar este punto hasta el final de esta historia.)


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"Amores de barra / te comparo con el resto del ganado / son las doce / un lápiz de labios mal puesto / no hace falta que mañana / en el baño / te vuelva a ver / hasta las cinco te utilizaré / y decido dar un paso más..."


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M detecta a H con elocuente obviedad. H tiene experiencia con las minas. Tiene experiencia pero el pelo también se le para.


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El motel
con más espejos
de Dulce:

Trescientos tres
gemidos
de ella

y cinco de él.

En todo caso
al final
aúllan
al unísono.

Buena señal.
Quince iguales.


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M no está plena.


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H no se siente macho.


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Pero ella igual le dice te llevo en tono de prima o de vecina. El engrupe con un par de argumentos rebatibles del todo, diciéndole que no se moleste, pero queriendo lo contrario, así que están rumbo a su casa. Extraño.


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Llueve. Sí. La misma lluvia de los poemas tuyos, míos y de todos. La misma lluvia que en algún momento todos recordamos con cariño o dolor. La lluvia del ferrocarril de Neftalí y todo su Temuco; la lluvia más humectante, la lluvia más reseca. Toda la lluvia de las lágrimas de Dios estaba confabulada allí esa noche de uñas, sudor y vacío.


Cayendo sobre ese auto.


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El le toca una oreja. Ella fuma mientras conduce y se preocupa de que el humo no se le salga por la nariz. El la mira. Ella va maquillada como una cybercallejera. El tiene calugas en la guata y los Calvin Klein llenos de algo que en ese momento no adivina de qué le podría servir.


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Se encontraron queriendo tirar. Follar. Culiar. Sexo sin compromiso alguno más que un desgraciado globo de látex –único testigo-. Sin complicaciones, amores ni letra chica. Una cana al viento. Un polvo. Un entierro. Sí, parece que eso, un entierro.


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H le hurguetea sin ganas el Sybilla. Encuentra una tarjeta de ella y la guarda "por si otra cacha". Mentira. Ella le dice que ya no vive ahí y que anote su celular. El le dice dímelo que tengo buena memoria. Mentira. Ella lo recita.


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-Bueno, fue piola conocerte.


-Si. Cuídate.


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Y se baja. Se baja y sólo después de que ella parece un punto en la carretera él se da cuenta de que está anegado del olor de ella. Del olor de una mujer cuyo nombre leyó y olvidó. Que verdaderamente quiere que se cuide. Que hubo algo fuera de protocolo, loco e inquietante en esa cama (ese beso... esa forma de abrazar... rasguñando como queriendo asir con salvaje urgencia algo inexpugnable y vedado... ese gemido triste que recién nacido trató ella de ahogar, de disimular... gemido que le reveló, furtivo, que también quería amor -amor rojo y celeste, amor de Cenicienta, quizá- pero que se había cansado de invocarlo).


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Durante catorce minutos se quedó fijo bajo las lágrimas de Dios. Vuelve, mujer, vuelve...


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Ella nunca usó como entonces su retrovisor.


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Vuelve, vuelve...


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Mujer buscaba a Hombre.


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Vuelve...


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Ella era suya desde siempre.


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El era suyo para siempre.


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Hombre desclava los pies del barro para entrar en su casa (nunca antes la había sentido tan grande, y este eco le resulta novedoso en extremo). Sus labios se mueven como por voluntad propia en un musitar pasmado, desesperado por recordar:
"ceronueveochosiete... ceronueveochosiete... ceronueveochosiete... "


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Dulce, noviembre 2000-octubre 2001

Bienvenida

viernes, septiembre 29, 1978 en 6:40 PM
Hola, soy Andros, y este es mi único lugar estable en el mundo. Está lleno de claves (las canciones, los textos, los videos, todo) pero son claves fáciles de entender si les pones algo de atención.

Estás, pues, en mi Simulador de Arcana. Y me han preguntado qué es Arcana, supongo que si te animas a husmear este espacio terminarás también tú queriendo saberlo (aunque ni yo no lograré saber qué responderte).

Una vez cierto díptero lanzó "Arcana es una copia barata de Narnia"... y bueno, no todos hacemos sinapsis; ¿acaso no muere la gente en Narnia? En Arcana, en cambio, la existencia es inmutable.

Otra noche una humana me diagnosticó "el paciente se refugia en ambientes de su propia fantasía"... ¿qué será de sus axiomas cuando amanezca entre mis páramos?

Te invito a buscarla por ti mismo: Pasea por ella, huélela, siéntela, captúrala. Arcana es como la música, porque no se explica con palabras pero existe, claro que existe:

Yo te escribo esta bienvenida desde ahí.

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