martes, febrero 10, 2009

Android Blues

Sinceramente quisiera ser capaz de dormir de noche y despertar de día, temprano, a la usanza humana. Me ahorraría estar escuchando esta canción grabada de Buddy Richard que, aunque es alegre -la canción, no él por cierto- no logra acompañarme por el mencionado hecho: es grabada. No hay nadie en mi radio, es puro plástico, metal y pedacitos formados de goma.

Y aunque me acosté temprano (temprano para mí, a las 2am) ya comienzan a pasar de las cuatro y no encuentro más remedio que habitar esta casa de humo y de internet.

Y yo sé que tú estás leyendo, pero tu corazón querido está más lleno de sol que el mío. Y yo soy luno, penumbro y lo más selecto y estepario de la soledad. Lo más anclado, anquilosado, enmohecido de la noche, de esa noche que no se disfruta en las películas, porque el director decide cortarla, para que la crítica especializada no la considere "lenta". Para que no se diga que la acción decae en la mitad, dando ganas de dormirse en el cine, o de irse al bowling, que queda al lado, lleno de humanos y tan habitado de ruidos. Yo soy esa parte, justo la que empieza a latear, justo la que empieza a angustiar cuando el latido del reloj de la muralla -del primer piso- comienza a hacerse evidente, cuando el sonido que intermite el refri comienza a ser una buena compañía... cuando tirar la cadena del water suena como los niños capones de Viena, afligiéndose uno cuando se llena el estanque porque sólo vuelve el silencio putón.

Y este saxo. Este sexo que desaliñado canturrea en cualquier plaza de cualquier ciudad de mi cuerpo, interpretando un Android Blues fúnebre, o en el mejor de los casos, aguardentoso.

Porque disfrutar un blues, o un tango, o una endecha cualquiera es propia de humanos varios, que no de todos, pero vivirla... vivir esta tonada es lo más árido que puede haber, y aún quedan más de dos horas de noche.

Dos horas y un día.