La diferencia es que estoy en mi casa. La radio que suena es mía, el computador mío, mía la aspiradora que está a mi lado, y también mía la mesa en que escribo. Lo que se mantiene igual es el silencio, la falta de personas, y la angustia consecuente.
Ella me dice que debo acostumbrarme, pero ella tiene muchos hermanos así que su silencio le es alivio y paz. Mismo silencio que para mí es costra y ardor.
Pero debo acostumbrarme, o me volveré un poco loco.
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